19 dic. 2014

ANALFABETOS: sábado 27 a la gorra

Vengan, es la presentación de la nueva ANALFABETOS y fiesta de talleres. entrada gratis, concierto la gorra.

3 oct. 2014

Poemas que tal vez nunca edite en un libro

UN POEMA PARA AYER, DÍA DE LA DEMOCRACIA


hay un lugar del hombre cualquier hombre es
intocable
un lugar al que les es imposible
llegar a ellos:
los que nacieron para desalentarnos
un lugar: espacio de algo en el tiempo
de uno
abierto e inaccesible
maravilloso y evidente

786
es el numero de esta puerta abierta

abierta sin trampa y que ellos (los tramposos)
no pueden o temen
pasar

y es tu vecino
y es su mujer
y son sus hijos chiquitos

y es abuelita su nieto su difunto
y ejemplar
yerno o marido

ellos

no pueden llegar hasta él
aunque sean la ley
la policía
o sus bastones fríos o sus plomos ardientes

ni sus perros policía
desquiciados como perros policías
ni si sus amigos los buches
desquiciadas ratas
policías

no entran esos que enrollan billetes
duros y sangrantes

no entran al lugar no lo ven
o lo ven
pero piensan: es un lugar
sin importancia no gastemos odio ahí

y entonces siempre estamos vivos
y desde adentro
(de ese lugar)
resistimos
curamos las heridas en la espera



PERROS RABIOSOS

estoy por salir
voy a un encuentro o a un congreso,
y suena el teléfono:

─¿Ramos?
─si
─es por los talleres
─claro

─¿me leíste?
─un poco:

  nada

es una de las tantas veces que termina
en entrevista

lo de siempre: que escribe
que a su jefe, a sus
amigos
a su maestras y a sus novios (es mujer: casi siempre son mujeres)
les gusta mucho lo que ella
escribe

yo le digo que está bien
que son $130 por (estamos en enero de 2008)
mes,
una vez por
semana
dos horas y media


todas, la primera vez, vienen acompañadas
jóvenes y lindas a veces
alegres y tan perfumadas que imaginen
las adoro

algunos novios esperan
celosos
en el hall

lógico, las tranquilizo
es la primera vez,
la casa de un hombre solo

empezamos y yo no sé qué decir
silencio de minutos

ellas sacan la libretita y una lapicera de pluma
retractil
una verdadera novedad
(si no las quisiera tanto)
yo hablo, de golpe hablo y hablo y hablo
ellas anotan
no me escuchan, sólo anotan
intentan pescar el secreto

yo soy sincero, a veces
soy brutal

les digo como mínimo
tres cosas:
1. hago esto por dinero
2. no sé enseñar nada
3. no escribo desde la sapiencia de nada

se van y supongo que
piensan
que deben pensar que soy
un amarrete
que me guardo ese secreto que no pudieron anotar:
el éxito

el éxito es que me hayan publicado
pasármela sin un mango la mayor parte del
tiempo

no ven que es una enfermedad

el mes pasado no pude pagar la luz
(y eso que trampeo el medidor)
la cuota de mis hijos
4 gatos llenos de pulgas porque el power vale $6
que por 4 da $24
(recuerden: estamos en enero del 2008)

igual que a ellas
supongo: a mi me pasa lo que le pasa a todos
con el agregado de que si estoy
escribiendo una novela estoy
irascible

soy insoportable cuando
escribo

vuelvo al viaje,
estoy con mi mujer en un micro
vamos a
San Juan
me gusta San Juan
o adonde sea que vamos
pero supongamos San Juan porque a mí me gusta mucho

ella me dice:
te aburre la tele, te aburre
el cine, te aburre bailar, te aburre
la música para bailar, nada te gusta Pablo

me dice: no sé, a cualquier pendejo le valoras cualquier cosa
lo tratás con respeto
¿pensás que soy una hueca?

y yo que no
que no es eso mi amor

y no es eso: estoy escribiendo
creo que
esta vez no me va a salir
me la agarro con los que más quiero

si yo la adoro

le digo: te adoro, te valoro tanto

ella se da vuelta en el asiento y se
duerme

yo me recuesto del lado derecho
por el hígado,
no para darle la espalda
pienso: va a pensar que le doy la espalda

al rato ella me sacude,
quiere ir al baño y yo estoy del lado del pasillo
quiere mear, llevamos diez horas
en ese micro

sonrío y corro las piernas
ella va y vuelve, serena
(después de una meada siempre se le pasa todo)

se duerme pero esta vez me toma de la mano
y yo estoy por llorar

no me duermo y pienso, pienso kilómetro tras
kilómetro
ojalá que ella no me deje
ojalá que el chofer no se duerma

rezo
yo a veces rezo, se me va el miedo que tengo
el miedo que me metieron a los golpes
cuando me golpearon

y pido por mis alumnas también,
y por la gente que me da sus manuscritos
tanta confianza,
tanta esperanza repartida como un volante de comidas

¿qué es lo que buscan?
¿no ven?
no tengo nada de magia
lo hago por el dinero

¿no ven?, por Cristo
que la soledad, el desamor, la angustia y el miedo
son perros rabiosos que a mí también
todavía,
me siguen mordiendo.



CÓMO SERÁ


¿cómo será lo que busco?
¿de qué estará hecho?
¿qué forma tendrá?
¿lo invento a cada paso?
¿o tiene forma propia?
¿de qué estará hecho mi corazón?
¿de tripas y válvulas?
¿o tengo un corazón adentro de ese corazón?
no lo sé
pienso
otra vez se hizo de día
otra ves yo pienso
y siento que la condena es esto
amanecer pensando
no poder saltar en un boliche
no poder levantar las manos
cuando un cantante dice
"las manos arriba"



LA ILUSIÓN PARTIDA


el palo
fue perfecto
y exacto
1 km después de tu llamada
1 km después de haberte disparado
una blasfemia
(insultar al amor es insultarLo)
los daños
arrasaron todo
al menos todo lo que yo tenía esta
tarde

la moto roja:
destrozada
la ilusión que me inflaba el pecho
destrozada también

mi pecho:
el pecho mío
mío de yo
y de mi moto
hecho pedazos en el suelo
en el ripio

me levanté y la levanté
(quiero que sea como soy yo)
y como era cantado
(¿te acordás que soy católico
...la inquisición...
y todo eso?)
caímos por segunda vez
mi moto y yo
bueno, yo  hice caer a mi moto

el mismo ripio/ las mismas piedras
rodilla y pedalín
la misma sangre
el plasma y el aceite
también rojo y viscoso
de mi moto

iba a Campo Quijano
a "La puerta de los andes"
lo llaman así
iba hacia más arriba:
hacia el tren de las nubes
pero sin tren
y medio en las nubes
se ve

(el pasaje, che, es el que está
bien alto)
no es un tren para cualquiera
es un tren para los franceses
los españoles, lo ingleses
y los otros de por allá
los que valen
más de 5

pero ojo
librados de la ignorancia
van
y librados de casi  todo mal
(el otro día se nos murió uno,
comió locro y reventó en el cuatriciclo.
la altura, seguro la presión)

la Virgen del valle no puede
con todos

pero a la mayoría les va bien
aunque el paisaje
sensibiliza
y hay que cambiar la lente de la cámara
cada seis o siete fotos
por si la luz
o por si las moscas

en mi moto-tren rojo/a
había metido 60 pesos de nafta:
tanque lleno vida llena
iba cargado
no sé porqué pero llevaba todo
lo escrito
lo videos las fotitos
y los programas de música
todo conmigo

llevaba la computadora

no lo pensé así
es que volvía del hotel a mi casa
de revisar los mensajes hermosos
(lectores)
y los terribles
(esos mismos)

entonces llamaste
1 km antes del accidente
¿seguirás siendo mi ángel?
pero no me alertaste ni nada
sólo que si no sacaba eso del blog
no sé qué

te prometí borrarlo
(recién lo hice)
y cuando cortamos respiré
y volví a la moto
a encenderla
a ponerme atento al camino

a lo lejos un camión de las nubes
devoraba una curva
aceleré
no me di cuenta de que estaba distraído

la curva era de esas
ya sabés
cerradas y venenosas
imposibles a 110 en mi moto

y me dije: si no la doblo la enderezo
¡me pintó el optimista!
es que
la moto no es una súper moto
de hecho
lo único que tiene de súper
es la súper ilusión de un viaje por el norte

de llevarme hasta Bolivia
de traerme por el otro lado
el lado litoral
el lado paraguayo

(por Chile no)

tengo un nombre
para ese nuevo país
Arbolipa

es que me gustan
ellos
los paraguayos
los bolivianos

me gustan
algunos chilenos también
pero unos pocos

y siempre pienso en aquel
escritor
(de alguna manera hay que llamarlo)
que compartió esa mesa
con vos
y con la mina esta de “vamos Levrero todavía”
ese
que se compró una vaca
la engordó y se la comió
en un asado
(filmación de por medio, más vale
es un artista)
el que dijo que Argentina es un país
obsesionado por la carne
supongo que de vaca
¿lo habrá dicho en serio?
y bueno

también pienso en esa amiga
la que vino a Berlín
con la que me porté mal
siempre hago
lo mismo

pero esa me cayó gorda
vino con los tapones de punta
al fin y al cabo era mi casa
era nuestro Berlín
mi Berlín

es que vos tuviste
tu Paris
o tu pueblito ahí cerca
de Paris
con tantos amigos

te pido perdón
por aquella vez
y por otras
porque ella el único pecado que había cometido
era el de ser mala escritora
exageré
por lo del vino
siempre lo mismo
y por lo del fútbol
más de lo mismo
típica de un imbécil como yo

yo soy del Arse y del Diego
algo bostero
y de allá soy de Peñarol

pero así soy
y si miento se me nota
vos ya viste mis
mentiras
no son para tanto pero se notan
estupideces de inseguro

no merecí  lo de
traidor

tus mentiras tampoco
fueron
para tanto
inseguridades
miedo a no tener para vos

hay mentiras horribles
y hay traiciones
verdaderas

las que yo les dije a mi madre
hace tiempo
esas, me ensucian el alma
me duelen

las que les dije a mis hijos
también
esas mucho más

Dios mío

y nos los llevé para allá
por el dinero
salíamos mucho a comer afuera
viajamos a esos lugares que me hicieron sentir
mejor

acá tampoco los traje
otra vez el dinero
el dinero que sin reparos
gasto en mí

ese

y vos
¿cómo hacés para seguir?
para recuperar tu ciudad
recuperar tu familia

¿podés mirar a la cara a tu madre?
¿exigirle que se calle?

¿podré yo?
no sé
haber bajado es para siempre

te envidio
sos osada
eso que no te lo niegue nadie

es lo mejor
hacer de cuenta que no paso nada
que mentir no hiere
al que no se entera

(…)

bueno, chau

todo esto
a nosotros nos hirió
aún estamos lastimados

las palabras…
las decimos por decir y
es un mal juego

porque
siempre se paga un precio
un monto elevado
que no hay con quién discutir
y no hay quien financie
ni quien preste esa moneda

no hay hombre
que pueda pagarteló
querida
por más bueno que sea
por más bisexual
o moderno
o europeo-todo-lo-comprendo
que sea
no puede con eso
no te dejan
tengás el pasaporte que
tengás

yo siempre lo pago caro
ahora fue la moto:
tanque
luces, frenos
caja
las partes cromadas
y algo del motor
(no puedo dejar de llorar
cuando pienso en el aceite)

la ilusión está partida
pero yo bien,
gracias
algunos hematomas
una pierna al huevo doble
la espalda pelada
quemaduras varias
las manos hervidas
y un grito de ahogo en las costillas

chau
no voy a mandarte dinero
ni insultos
ni mensajes de amor
no voy a mirar tus fotos
ni voy a borrarlas

podría decirte adiós
de otra manera
pero creo que no fue para tanto
otro enredo de los tuyos
un capricho de los míos

eso sí
la moto es lo que voy a arreglar
la moto si,
la moto roja
y al toque me voy a subir
mucho antes de que sanen
mis heridas
otra vez
directo ahí:
a la curva
hasta el sillón del Inca

tengo miedo
te juro
y ni siquiera entiendo bien por qué
hago siempre lo que hago

es que cuando llegue ahí:
a 1 km antes de la curva
voy a encender el teléfono
y esperar a que me llames

y en los restantes mil metros
voy a acelerar
y voy a pasar como un rayo
por donde hoy
mi moto y yo
primero nos lastimamos
y después
caímos








12 sept. 2014

TANGOS Y ALMA FUERTE

Se vienen un par de cosas: la primera es este show con LOS PERCANTOS RODADOS, dedicado a ALMA FUERTE
TANGOS Y POEMAS del GRAN LOCO QUE TUVO LA ORIGINAL IDEA (en el 1800) de que el objeto de la vida es el fracaso
TAMIEN HARÉ CANCIONES PROPIAS SOLISTA

1 ago. 2014

18 jul. 2014

HOY TANGOS Y LECTURAS en el POLLOCK

no se lo pierdan!!!!!!!


24 jun. 2014

El Maestro - San Agustín

El lenguaje, reflexionado en el siglo III por el más grande genio retórico que tuvo la humanidad




1. Agustín: —¿Qué te parece que pretendemos cuando hablamos?
Adeodato: —Por lo que ahora se me alcanza, o enseñar o aprender.
Ag.: — Así lo veo yo: una de estas dos cosas, y estoy de acuerdo; pues es evidente que pretendemos enseñar cuando hablamos; mas ¿cómo aprender?
Ad.: —¿Cómo piensas tú?; ¿no será preguntando?
Ag.: —Entiendo que aun entonces no queremos otra cosa que enseñar. Porque, dime: ¿interrogas por otra causa que por enseñar qué es lo que quieres a aquel a quien te diriges?
Ad.: —Es verdad.
Ag.: —Ya ves que con la locución no pretendemos otra cosa que enseñar.
Ad.: —No lo veo claramente; porque si hablar no es otra cosa que emitir palabras, también lo hacemos cuando cantamos. Y como lo hacemos solos muchas veces, sin que haya nadie que aprenda, no creo que pretendamos entonces enseñar algo.
Ag.: —Yo pienso que hay cierto modo de enseñar mediante el recuerdo, modo ciertamente importante, como lo mostrará esta nuestra conversación. Pero no te contradiré si piensas que no aprendemos cuando recordamos, ni que enseña el que recuerda. Quede firme, ya desde ahora, que nuestra palabra tiene dos fines: o enseñar o despertar el recuerdo en nosotros mismos o en los demás; lo cual hacemos también cuando cantamos; ¿no te parece así?
Ad.: — De ninguna manera; pues es muy raro que yo cante por recordar, y no más bien por deleitarme.
Ag.: —Veo lo que piensas. Mas no te das cuenta de que lo que te deleita en el canto no es sino cierta modulación del sonido; y porque esta modulación puede juntarse con las palabras o separarse de ellas, por eso el hablar y el cantar son dos cosas distintas. Porque también se canta con las flautas y la cítara, y cantan también las aves, y aun nosotros a veces, sin palabras, emitimos ciertos sonidos musicales que merece el nombre de canto, mas no el de locución; ¿tienes algo que oponer a esto?
Ad.: —Absolutamente nada.
2. Ag.: —¿Te parece, pues, que el lenguaje no tiene otro fin que el de enseñar o recordar?
Ad.: —Lo creería, de no moverme a lo contrario el pensar que, al orar, hablamos, y que, no obstante, no se puede creer que enseñemos o recordemos algo a Dios.
Ag.: —A mi parecer, ignoras que se nos ha mandado orar con los recintos cerrados1, con cuyo nombre se significa lo interior del corazón, porque Dios no busca que se le recuerde o enseñe con nuestra locución que nos conceda lo que nosotros deseamos. En efecto, el que habla muestra exteriormente el signo de su voluntad por la articulación del sonido; y a Dios se le ha de buscar y suplicar en lo íntimo del alma racional, que es lo que se llama «hombre interior», pues ha querido que éste fuese su templo. ¿No has leído en el Apóstol: «Ignoráis que sois templo de Dios, y que el espíritu de Dios habita en vosotros»2, y «que Cristo habita en el hombre interior»?3
¿Y no has advertido en el Profeta: «Hablad en vuestro interior, y en vuestros lechos compungíos. Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el Señor»?4 ¿Dónde crees que se ofrece el sacrificio de justicia, sino en el templo de la mente y en lo interior del corazón? Y en el lugar del sacrificio, allí se ha de orar. Por lo cual no se necesita lenguaje, esto es, palabras sonantes, cuando oramos; a no ser tal vez, como hacen los sacerdotes, para manifestar sus pensamientos, no para que las oiga Dios, sino los hombres, y que asintiendo, en cierto modo se elevan hacia Dios por el recuerdo. ¿Piensas tú de otra manera?
Ad.: —Asiento completamente a ello.
Ag.: —¿Acaso no te preocupa el que el soberano Maestro, enseñando a orar a sus discípulos, se sirvió de ciertas palabras, con lo cual no parece hizo otra cosa que enseñarnos cómo se debía hablar en la oración?5
Ad.: — No me preocupa nada eso ya que no les enseñó las palabras, sino su significado, con el que quedaron persuadidos ellos mismos a quién y qué habían de pedir cuando orasen— como dicho queda— en lo más secreto del alma.
Ag.: —Lo has entendido perfectamente; creo también que has advertido al mismo tiempo, aunque alguno defienda lo contrario, que nosotros, por el hecho de meditar las palabras, bien que no emitamos sonido alguno, hablamos en nuestro interior, y que por medio de la locución lo que hacemos es recordar, cuando la memoria, en la que las palabras están grabadas, trae, dándoles vueltas, al espíritu las cosas mismas de las cuales son signos las palabras.
Ad.: —Lo entiendo y acepto.
CAPITULO II
El hombre, mediante palabras, expresa su significado
3. Ag.: —Estamos, pues, ambos conformes en que las palabras son signos.
Ad.: —Lo estamos.
Ag.: Y bien: ¿puede el signo ser signo sin representar algo?
Ad.: —No lo puede.
Ag.: —¿Cuántas palabras hay en este verso: Si nihil ex tanta superis placet urbe relinqui (Si es del agrado de los dioses no dejar nada de tan gran ciudad)?
Ad.: —Ocho.
Ag.: —Luego son ocho signos.
Ad.: —Así es.
Ag.: —Creo que comprendas este verso.
Ad.: —Me parece que sí.
Ag.: —Dime qué significa cada palabra.
Ad.: —Sé lo que significa si (si), mas no hallo otra palabra con que se pueda expresar su significado.
Ag.: —Al menos, ¿sabes dónde reside lo que esta palabra significa?
Ad.: —Paréceme que si indica duda; mas si es duda, ¿en dónde se hallará si no es en el alma?
Ag.: —Conformes por ahora; mas sigue con lo restante.
Ad.: Nihil (nada), ¿qué otra cosa significa, sino lo que no existe?
Ag.: —Tal vez dices verdad; pero me impide asentir a ello lo que anteriormente has afirmado: que no hay signo sin cosa significada; ahora bien, lo que no existe, de ningún modo puede ser cosa alguna. Por tanto, la segunda palabra de este verso no es un signo, pues nada significa; y falsamente hemos asentado que toda palabra es signo o significa algo.
Ad.: —Me estrechas demasiado; pero advierte que, cuando no tenemos que expresar algo, es una tontería completa proferir cualquier palabra; y yo creo que tú, al hablar ahora conmigo, no dices ninguna palabra en vano, sino que todas las que salen de tu boca me las ofreces como un signo, a fin de que entienda algo. Por lo cual tú no debieras proferir hablando estas dos sílabas, si con ellas no significabas nada. Mas si, por el contrario, crees ser necesaria su enunciación, y que con ellas aprendemos o recordamos algo cuando suenan en nuestros oídos, ciertamente verás también lo que quiero decir, y que no sé cómo explicar.
Ag.: —¿Qué haremos, pues? Diremos que con esta palabra, más bien que una realidad, que no existe, se significa un cierto estado de ánimo producido cuando no ve la realidad, y, sin embargo, descubre, o le parece descubrir, su no existencia.
Ad.: —Quizá es esto lo que yo trataba de explicar.
Ag.: —Sea ello lo que sea, dejémoslo, no sea que demos en algún absurdo peor.
Ad.: —¿En cuál?
Ag.: —En que nos detengamos, sin que nada nos detenga.
Ad.: —Ciertamente es una cosa ridícula, y, sin embargo, no sé cómo veo que puede suceder; mejor dicho, veo claramente que ha sucedido.
4. Ag.: —En su momento comprenderemos más perfectamente, si Dios lo permitiere, este género de contradicción. Ahora vuelve a aquel verso e intenta, según tus fuerzas, mostrar el significado de las demás palabras.
Ad.: —La tercera es la preposición ex (de), en cuyo lugar podemos poner, a mi entender, de (desde).
Ag.: —No intento que digas por una palabra conocidísima otra igualmente conocidísima, que signifique lo mismo, si es que significa lo mismo; mientras tanto, concedamos que es así. Si este poeta, en vez de ex tanta urbe (de tamaña ciudad), hubiera dicho de tanta, y yo te preguntase el significado de de, sin duda alguna dirías que ex, como quiera que estas dos palabras, esto es, signos, significan una misma cosa, según tú crees; pero yo busco si es una identidad lo que estos dos signos significan.
Ad.: —Yo creo que denotan como sacar de una cosa en que había habido algo que se dice formaba parte de ella, ora no exista esa cosa, como en este verso sucede, que, no existiendo la ciudad, podían vivir algunos troyanos procedentes de la misma, ora exista, del mismo modo que nosotros decimos haber en África mercaderes procedentes de Roma.
Ag.: —Para concederte que esto es así y no enumerarte las muchas excepciones que, tal vez, se oponen a tu regla, fácil te es advertir que has explicado unas palabras con otras palabras, a saber,unos signos con otros signos y unas cosas comunísimas con otras comunísimas; mas yo quisiera que, si puedes, me muestres las cosas que estos signos representan.

10 may. 2014

Cambio de LUGAR DEL CONCIERTO DE MAÑANA

Por problemas de FUERZA MAYOR la gente del IMPA decidió cerrar sus puertas este fin de semana
Me avisaron esta misma noche.
VAMOS a tocar en la pizzeria EL CHISTE
MORENO 467, entre DEFENSA O BOLIVAR
va a ser un show a puertas cerradas para TODOS LOS QUE VENGAN
no se cobrará entrada, será A LA GORRA

LOS PERCANTOS RODADOS y ANALFABETOS ACÚSTICOS
lamentan en el alma


7 may. 2014

EL OTRO EVENTO DE ESTE SABADO 10

PRESENTO EN SOCIEDAD A MI NUEVO TRÍO DE TANGO Y ALGO MAS...

"LOS PERCANTOS RODADOS"

Con Sergio Blanco en guitarra y dirección, Demián Tavarovsky en violín y quien les habla en voz y narraciones.
Haremos algunos tangos viejos entre los cuales mecharé la verdadera historia de mi vida... el por qué me convertí en escritor, el por qué de no poder abandonar la música, de anhelarla siempre...

Luego leeré un cuento y luego invitaré a una versión minimalista de ANALFABETOS a tocar de manera SEMI-ACUSTICA, tres o cuatro canciones mías...
no se o pierdan, la entrada parece joda ... 30 pesos y en el bar del IMPA la bebida es barata!!!!


28 abr. 2014

Entrevista Revista PACO

























“Yo estaba internado todavía, iba con un acompañante terapéutico al taller. Era un problema. Todos los martes me acompañaba desde San Isidro. Se quedaba en lo del esposo de Liliana. Una vez le faltó no sé qué. Le dije: “loco, no robés”. Lo devolvió y pidió perdón. Después me siguió acompañando y le siguieron dando confianza. Un día estaba muy podrido y le dije a Liliana que no iba a ir más. Liliana, esperó que se fueran todos y me dijo: “te voy a decir esto que nunca se lo dije a nadie y tampoco te lo voy a volver a decir a vos. Quizás vos seas fundamental para la literatura; yo no lo sé, pero te aseguro que la literatura es fundamental para vos. Si no venís, te vas a derrumbar”. Le hice caso y seguí yendo. Desde ese lugar empiezo cada día.”
Liliana es Liliana Heker y el que le hizo caso y siguió yendo para no derrumbarse, para vivir para contarla es Pablo Ramos, un tipo difícil, intenso, profundo, talentoso, francotirador, dueño de una de las voces más interesantes y necesarias de la literatura argentina. Con él estuve hablando en su casa de Paternal, rodeado de libros, guitarras y máquinas de escribir.
En algunas entrevistas dijiste que mucha gente quizás no vio la gran valorización de la palabra que hay en La ley de la ferocidad, que lo que termina salvando a Gabriel Reyes, esta especie de álter ego tuyo, son las palabras, ¿por qué creés que no se ve el trabajo que hay detrás de lo que escribís?
Acá hay un prejuicio grandísimo, aún en escritores amigos, y eso me hace reír y también aislar un poco. El hecho de que sea público que yo solamente tengo la primaria, hace que muchos que se autodenominan brillantes el uno con el otro y yo no los veo tan brillantes, no puedan ver lo que verdaderamente hay en lo que escribo. Detrás de historias muy fuertes hay un enorme ejercicio literario. Yo creo que la Ley de la ferocidad es una novela con una aventura del lenguaje como pocas. Y ése es el verdadero valor que tiene. De hecho, en cada historia mía se puede encontrar un lenguaje completamente diferente, como si yo fuera personas diferentes. De eso se trata el trabajo literario. No hace falta escribir sobre niños que se convierten en mariposas. Está bueno también, pero no es eso un ejercicio de la imaginación superior a imaginar una situación real e imaginarla de manera perfecta y ahondar en los sentimientos, en las intenciones, los secretos y las reservas de los personajes. Igual, no importa que ellos no lo puedan ver porque lo pueden ver muchos lectores, y lo puedo ver yo para poder seguir escribiendo cada vez mejor. Escribir cada vez mejor significa entender cada vez más profundamente qué quiero con la escritura. Con En cinco minutos levántate María lo encontré un poco más. Ahí directamente me tuve que correr de cualquier autorreferencia directa porque es un personaje completamente distinto a mí. Y con este libro, todas esas personas que tienen ese prejuicio quedaron asombradas. Pero ese asombro a mí no me dio felicidad porque en realidad es como si ellos pensaran que yo no podía escribir nada que no fuera cercano a mí. No lo tomo como un halago sino más bien como que son cortos de vista.
Volviendo a la salvación y las palabras, ¿te acordás en qué momento sentiste que podías elegir este otro camino lleno de libros y letras?
Sí, me acuerdo perfectamente. Fue cuando entré en el taller de Abelardo Castillo.
Me refiero a antes que eso, porque me imagino que antes de empezar a escribir, primero te salvó la palabra ajena, las palabras de otros escritores, ¿no?
La lectura de alguna manera me salvaba pero no tanto como la escritura. Porque en eso que dice Santa Teresa “las palabras llevan a las acciones, alistan el alma, la ordenan y la mueven hacia la ternura”, se refiere a la palabra escrita. Yo empecé a ordenar, cuando empecé a escribir, cuando pude escribir desordenadamente lo que pensaba que era algo ordenado y pude ver que eso era un caos y que era el reflejo de mi vida. Entonces, cuando escribí el segundo borrador de ese caos y lo organicé, sin darme cuenta, empecé a organizar mi vida. Como si al corregir un texto, me fuese corrigiendo yo. En mi manera de escribir eso es un paso fundamental. Yo me corrijo para corregir un texto. Quizás a la persona que le debo una palabra ajena es a Mario, un tipo de Alcohólicos Anónimos que conocí cuando estuve en la cárcel de Caseros. Sus palabras no sólo me ayudaron sino que me incitaron a escribir. Alguna vez lo conté en mi blog. Yo le hinchaba tanto las bolas a Mario que él me decía: “no me lo contés, escribilo porque no te aguanto más”. Y con esto, creo que él lejos de querer sacarme de encima, confiaba que al escribir yo iba a ordenarme. Yo estoy convencido de que los psicólogos tendrían mucho menos trabajo si la gente llevara un diario personal en el que poder ordenar todo lo que hace. Ver qué cosa mereció hacerse y qué cosa uno no hizo. Leerlo y ver que no es tan grave; mañana puedo empezar y ser más ordenado. Inclusive si uno se anima podría escribir el diario de mañana, yo durante mucho tiempo llevé el diario de mañana. Es loco pero yo me anotaba lo que iba a hacer, exactamente todo. “Me levanté a las ocho, desayuné, llamé a mi hijo. Leí por lo menos veinte páginas de un libro. Escribí por lo menos media página”. Después intentaba parecerme al del diario. Tiempo después leí a Carson McCullers que dijo “todo lo que escribo me pasó o me va a pasar”. Uno tiene la posibilidad de convertir a la máquina de escribir en la máquina del tiempo. En dar un paso hacia adelante. Empezás escribiendo lo que te pasó, después escribís lo que te va a pasar y al final lo que te va a pasar como si te hubiera pasado y ahí ya estás en un lugar alucinante.
Abelardo Castillo, que es uno de tus maestros, siempre habla de la literatura como una especie de destino, no como un oficio o una vocación, ¿estás de acuerdo con esa concepción de la literatura?
Sí, estoy de acuerdo con casi todo lo que dice Abelardo. Para mí hoy es el intelectual vivo más brillante que tiene Latinoamérica. La literatura es un destino y a mí me encontró más que yo encontrarla a ella. Abelardo también dice que no se corrige texto, se corrige persona y se corrige moralmente. Yo soy un escritor moral, mis textos son plenamente morales porque creo que la vida es una aventura moral y la literatura es un reflejo de la vida.
Siguiendo con otras ideas de Abelardo Castillo, él dijo que preguntarle a un escritor cuándo escribe es obligarlo a mentir, ¿vos también tenés esa relación culposa con la literatura? ¿sentís que escribís menos de lo que podrías?
Sí, nunca escribo. Ahora estaba por escribir y me fui a ver un partido de fútbol. Siempre postergo, esquivo. Es igual de tortuosa mi relación con la escritura pero creo que tiene que ver con todo lo interior que necesito que cuadre, que cuaje y que no sé bien qué es, qué falta. Nunca es el momento adecuado para escribir. Pero por otro lado, siento que también uno está escribiendo todo el tiempo. De la misma manera que no escribo nunca, escribo todo el tiempo porque mi vida es sólo esto. Me paso semanas enteras en esta casa. Quizás salgo una vez por semana a la calle. Voy al Chino, que lo tengo al lado y no mucho más. Después estoy todo el tiempo rodeado de papeles, de máquinas de escribir, de computadoras, de libros y todo el tiempo planeando. Yo creo, y esto es algo que también dijo Abelardo, tanto el mejor escritor como el peor escriben de la misma manera: como pueden y cuando pueden.
En una entrevista que diste decís una frase bastante peronista, decís que preferís estar del lado de los que hacen, que del lado de los que critican, ¿cuál es tu relación con la crítica, pero no con la especializada, sino con la de la gente que realmente te importa?
Con ellos la relación es bárbara. Son mis lectores de confianza y me hacen una crítica como la del taller. Es un crítica dada desde el amor, desde la confianza en lo que estoy haciendo y desde la más absoluta despersonalización. En cambio, en la crítica especializada, el crítico quiere escribir con la sangre del escritor. Es una rata por eso. Abelardo Castillo también dice “si no amás a la literatura, no escribas, pero por favor no seas crítico”. Hablo de los críticos que no aman a la literatura. Yo igual los saludo y los careteo. Yo tengo una crítica de La ley de la ferocidad en la que una periodista dijo que la escena de las palomas era un “kiss literario”. A eso después le agregaba que yo escribía bien, que estaba excelentemente redactada, como lavando la culpa porque tenía que decir algo. Pero a veces es mejor mojar la pluma en tu propia sangre. La letra sale más apretada y quizás hay más riesgo, pero mojar la pluma en la sangre de los demás es bastante impune. Esa crítica de la que te hablo, salió en Ñ. Fue muy gracioso pero no lo tomé a mal porque para eso no publico. Era genial porque la gente me decía “che, que buena la crítica en Ñ” y yo decía “no, si me da con un caño”. Pero eso no lo leía nadie, todos veían la foto enorme que estaba arriba del texto. Es una pena porque es hasta ahí donde llegan. No pueden ni hacer que lean lo que escribieron porque las palabras son impotentes. El texto no significa nada, el texto es una cascarita sutil que flota en el contexto. El mar es el contexto. En ese contexto de no sentir nada, tu texto puede ser perfecto, pero una cascarita perfecta y una cascarita imperfecta flotando en el mar quién la puede diferenciar. La diferencia es el mar, no la cascarita.
Una vez yo estaba en San Juan dando un taller y me mandé una cosa muy soberbia. Yo no suelo ser soberbio, pero lo soy. Lo contengo, pero esa vez no pude porque los talleristas eran muy insoportables. Todo el tiempo desconfiando y yo no lo puedo entender porque yo no fui a su taller, ellos vinieron al mío. Yo me pregunto, si vos me leíste y golpeaste la puerta de mi casa, ¿no merezco al menos que me escuches? En esos días, como estaba muy cansado, lo único que pedí es que no me fueran a molestar al hotel desde las dos hasta las seis que yo me lo tomaba para escribir, antes de ir a dar el taller. Pero un pibe, el más insoportable, vino igual. Entonces, yo que ya estaba re podrido, le dije: “Hacé una cosa. Agarrá una hoja, ponela en la máquina y escribí en el medio de la página la palabra mierda”. El flaco la escribe. Saco la hoja. Pongo una hoja yo, voy al medio de la página y escribo mierda. Saco la hoja y pongo una hoja al lado de la otra y le digo la mía es literatura y la tuya no. El flaco me puteó, me dijo de todo, que quién me creía que era. Yo lo dejé descargar y después le dije: ¿por qué escribiste la palabra mierda? Porque vos me lo pediste, me responde el pibe. ¿Y en qué pensabas? En nada, me dice. Bueno, entonces sabés qué lejos que está tu palabra de esa cosa amarilla, líquida, que sale hasta de las orejas de una persona cuando la muelen a palos en un calabozo de castigo. La palabra mierda no huele a mierda. La palabra amor no ama a nadie. La palabra dolor no duele. Las palabras quieren decir o significan, sino el arte del escritor consistiría sólo en redactar bien y todos harían libros como los de Alan Pauls. Como “Historia del pelo” y todo eso, que pueden estar bien redactados, aunque ni eso, y por más bien redactados que estén, como decía Quique Fogwill, no le mueven un pelo a nadie. Lo que hay que entender es que la literatura es para una minoría y que esa minoría vale la pena. Es como un sentimiento muy menor el que uno tiene a la hora de escribir. Una intención de eternidad, de gloria, que conecta con un puñado de gente, que cuando los conozco, son todos mejores que yo. Eso en algún punto, habla bien de mí.
Cuando te sentás a escribir, ¿pensás en esa gente?
Sí, pienso. Mi libro El camino de la luna iba a tener más cuentos que no eran del universo del libro. Entonces mi editora me dijo que ella los dejaría para otro libro. Pero yo le dije que los libros están muy caros y la gente quiere leer cuentos míos. Cuando le dije eso casi me mata. Cómo no voy a pensar en los que me leen si son ellos los que me están permitiendo tener confianza para llevar adelante una vida, que no es difícil, porque estoy muy bien desde que me dedico sólo a escribir, pero que por momentos es muy dura, que no es lo mismo que difícil.
En referencia a la crítica, antes te nombraba una frase tuya bastante peronista. Es muy gracioso cómo fue tu primer contacto con el peronismo.
Sí, mi viejo tuvo mucho que ver en eso. Un día en la escuela, estaba en quinto grado y por primera vez escuché la palabra peronista. Entonces, apenas llegue a mi casa, le pregunté a mi viejo: papá, ¿qué es peronista? Y él me respondió: “lo que vas a ser de acá hasta que te mueras, si no querés que te rompa el culo a patadas”. Una buena forma de adoctrinamiento. Pero después me afilié al Partido Obrero. Fundé el local de Avellaneda, milité cuatro años. Estudié El capital, la historia de la revolución rusa, Los diez días que conmovieron al mundo, Lenin, Teoría de la revolución permanente, me morfé a Trotski, que me encanta como escribe. Un día le quise explicar a mi papá y él me dijo, yo tengo una sola ideología “ahí donde hay una necesidad nace un derecho, Eva Perón”. Eso me quedó para siempre. No hace falta estudiar nada más, entra todo en esa frase. Claro, el peronismo tiene un líder fascista y la izquierda nunca lo entendió porque ese detalle es duro. Pero en excusa de ese detalle se volvieron “gorilas” y descreyeron de todo el movimiento obrero que significó, todos los logros que significó y terminaron en una teoría que es “cuanto peor, mejor”, que es la teoría que hoy tiene el trotskismo argentino. A mí me da esa sensación cuando los escucho. Hoy, quizás por mi edad, pienso que el mientras tanto a mí me importa porque mientras tanto, por ahí se me fue la vida.
Con respecto a los talleres, vos que tenés experiencia desde los dos lados, porque primero fuiste alumno de Liliana Heker y de Abelardo Castillo y ahora tenés tu propio taller, ¿pensás que los talleres realmente pueden incidir en la formación de un escritor?
La verdad no. Los míos inciden mucho en la formación de las personas. “La exactitud fundamental del aserto es la única moralidad de escribirlo”, dice Ezra Pound. Yo hablo mucho de la moral del lenguaje. Existe una moral del lenguaje. Yo creo que en el constante leer lo que uno escribió, tiene que encontrar lo que quiere escribir. En el constante leer lo que quiso escribir, tiene que encontrar lo que debe escribir. Lo que debe escribir es en función a la historia. Todo el tiempo en mis talleres se forma un espíritu crítico. Se entiende que la literatura debe ser un hecho colectivo, que hay que tener lectores de confianza, críticos. Es un hecho colectivo porque a la vez se nutre de otras literaturas. Mi cuento “En un cuaderno de hojas lisas” es la escritura de “La cura” de Cheever. Yo no podía más con ese cuento y pensaba en dejar de escribir, pero Abelardo me dijo “escribilo otra vez” y escribí ese cuento. De hecho es un homenaje a Cheever, cuando digo “quizás esta sea la nueva cura que reemplaza el arrojar huevos a la calle”. Y con lo de arrojar huevos, se tiende a pensar que en mis libros se pueden encontrar detalles de mi vida privada, pero muchas veces es muy ignorante la crítica con respecto a lo que es el proceso de creación, parece que ni leyeron a Sartre o no se acuerdan. Es la esencia espiritual de lo vivido, eso es lo digno de ser narrado. Si hay una idea reparadora de la salud, tiene que ver con romper. Yo creo en romper todo, guitarra, casa, platos. Yo rompo las cosas, y qué cosa puede ser más frágil que un huevo. Entonces, yo me dije qué hermoso, ¿no? Nunca lo hice, porque de haberlo hecho no lo hubiese podido escribir. Porque la sensación es escribir lo que debe ser. De ahí salió la idea de los huevos. Es un poco lo que decía Sartre, “un escritor dinamita su vida y construye con los escombros de su biografía los ladrillos de su literatura”.
¿Te molesta que muchas veces se crea que toda literatura autobiográfica tiene que ver con cierta falta de imaginación del autor?
Primero que autobiográfico es un término que está mal. Mi biografía no es esa, en todo caso es autorreferencial. Yo creo que la gran literatura está hecha de eso. Inclusive lo mejor de Borges. “Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría/ de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche”. Y el tipo era ciego y trabaja en la Biblioteca Nacional, está claro que es autobiográfico el poema. Para mí hay que tener mucha más imaginación para ser Bukowski que para ser Tolkien, te lo aseguro. “Alguna gente es joven y nada más / alguna gente es vieja y nada más / Y alguna gente está en el medio / sólo en el medio”. Para escribir “Nota sobre la construcción de las masas” hay que tener más imaginación que para escribir “El Señor de los Anillos”, que está bueno, pero que es la mitología de todos los días, donde los lindos son eternos y buenos y los feos son negros y vienen en elefante. Tolkien le tenía miedo a los musulmanes. Era uno de los siete escritores católicos, pero parece que ahí no quieren ver el racismo ni el fascismo. En Perón es más fácil porque se ponía un uniforme, éste agarraba una lapicera. Pero si ves lo que atacan, son unas hordas de musulmanes salvajes. Eso es terrible y no es una imaginación muy superior. Aparte en un contexto así, yo traigo un personaje que salta y atraviesa la reja y nadie se sorprende. Ahora si Gabriel Reyes salta y atraviesa una reja van a pensar que se tomó un ácido. Al estar anclada en el mundo real, que parafraseando otra vez a Castillo “hay muchos mundos reales”, uno está jugando con reglas que conocen todos, entonces la imaginación debe ser perfecta.
Recién nombrabas a Bukowski, ¿cuánto pensás que pesa a la hora de leer a un escritor, el mito o la figura que se construye detrás del escritor?
Creo que de alguna manera soy más jodido de lo que parezco. En algunos reportajes, cuando sale un libro, digo cosas que me voy guardando para que influyan en la lectura. Un periodista de Página 12 se dio cuenta de eso, de qué manera también con lo que digo construyo mi obra. Yo estoy construyendo mi obra todo el tiempo. Cuando camino, cuando hablo, cuando respondo un reportaje estoy construyendo algo que me obsesiona. Porque construyo mi obra alrededor de mí, no la construyo sólo en un papel y hacia adelante. Construyo capas y capas de algo que se solidifica y hacen una pelota cada vez más grande. Llega un momento que estoy perdido ahí adentro y no sé ni quién soy yo. Eso está bueno para escribir una novela. No puedo llegar a mi casa y poner en la perilla novela y listo, porque lo que voy a escribir es una mala novela. En cambio en mi forma de trabajar, mi casa se transforma en la novela. Como la casa es grande, elijo lugares distintos para escribir. Tengo un colchón al lado de la máquina de escribir porque por más que mi habitación esté arriba, no son pocas las noches que necesito tirarme una hora, levantarme y seguir escribiendo. Me preguntan si voy a comer algo y yo sigo acá, siempre escribiendo. Mi literatura es una literatura física, la vivo con el cuerpo. Porque además de construir mi obra, quiero traer algo a la literatura. Yo creo que renové algunos votos que se creían viejos porque lo que escribo no aburre y también profundiza. No hace falta un diccionario para leerlo, lo que hace falta es detenerse. Muchas veces me dijeron: “leí La ley de la ferocidad en una semana, pero la hubiera leído en un día si no hubiera tenido que parar y cerrar el libro, tirarlo a un costado porque ya no aguantaba más”. Qué loco generar esa relación física con el libro, con el objeto.
En “La ley de la ferocidad”, el padre de Gabriel Reyes le dice que es él, el propio Gabriel, el que va a necesitar contar su historia, ¿alguna vez pensaste cómo hubiera recibido, cómo hubiera leído la historia tu padre?
Es algo que pienso mucho, pero no sé cómo lo hubiera tomado. Mi madre me dio una respuesta aproximada. A mí la lectura familiar de mi literatura me preocupa y ella que es una gran lectora, cuando leyó “La ley de la ferocidad” me dijo, “me sentí en muchas páginas y es lo mejor que escribiste hasta ahora”. Quizás mi viejo hubiera entendido lo que él quería entender, como los lectores de la crítica de Ñ. De alguna manera él está adentro de la novela con la historia de Rojitas, la única historia que me contó él de verdad. Ahí está su manera de hablar. Después mi mamá me dijo algo que para mí fue genial, me dijo que me quedara tranquilo porque sólo una persona que amaba mucho a su padre podía escribir ese libro.
¿Pensás que podrías haber escrito “La ley de la ferocidad” con tu padre vivo o fue necesario que él muriera para que lo escribas?
Sí, porque la historia no hubiera estado terminada con él. Si mi viejo hubiera estado vivo, hubiera tenido la oportunidad no de sentarme a escribir un libro, sino de hacer algo más práctico y amigarme con él, que igual lo hice. Esta casa la arregló mi papá y dos meses antes de que se muriera estábamos muy bien. Lo del asado que nunca se hizo para inaugurar la casa es verdad. Volviendo a lo que me preguntabas, claro que no lo hubiera escrito con mi padre vivo porque como dice Borges hace falta tener el tema cerrado en la vida y que pase cierta distancia, cierto tiempo para que uno pueda ver con perspectiva. Si hubiera tenido las cosas encima ni siquiera hubiera sentido la necesidad de escribir, hubiera intentado acercarme a él para tratar de torcer esa vida tan desencontrada que tuvimos los dos. Tanto tiempo para dos meses de encuentro y que se muera. Por eso todavía sigo con el tema. “En cinco minutos levántate María” también es un libro sobre el padre porque con mi mamá no tengo ese conflicto. Mi mamá es todo en mi vida, no quiero ni pensar que un día me falte mi mamá. Cuando murió la mamá de Maradona yo pensé qué terrible, ¿no? Yo me siento muy afín a Maradona en el sentido de haber sido tan adicto, en esa necesidad tan interior de ser querido, de ser reconocido por el hecho de ser mirado. Creo que esa mirada que me negó mi padre, esa falta de reconocimiento me convirtió en este escritor. La falencia me convierte en escritor, no la virtud; la virtud por ahí te hace buen matemático. Cuando Guillermo Martínez se olvidó de las falencias, empezó a escribir esos libros perfectos pero que no dicen nada. Después de haber escrito “Acerca de Roderer” o “Infierno grande” se pone a escribir las huevadas policiales que escribe ahora. El anarquista Rafael Barrett dijo “la palabra es un arma” y yo quiero mantener esa arma cargada y limpia.
Hablando de Maradona, seguramente recordarás el video en el que a un Maradona muy chico le preguntaban cuál era su sueño. Si hiciéramos un juego similar y a Gabriel Reyes le preguntáramos de cuál de los dos Gabrieles estaría más orgulloso, del empresario exitoso o del que pateó el tablero para dedicarse a escribir, ¿qué respondería?
Yo creo que Gabriel estaría dolido porque si bien protesta mucho contra el padre, hizo poco para comprenderlo. Después supongo que estaría más orgulloso de la persona que en el momento más menemista, más consumista, más en la cumbre y sin importarle nada, sin medir riesgos, le da un giro total a su vida y se dedica a entender para qué vino al mundo y hacia dónde va. Creo que sin lugar a dudas, estaría orgulloso del que se transforma en escritor. Sería el adulto antiadulto, no ese adulto que lo defraudó tanto. Fijate que el gran defecto de Gabriel desde chico es la sinceridad; nunca tiene filtro y eso tiene un precio muy grande, que es la soledad. La sinceridad para decir lo que pensás, aún a riesgo de que no lo puedas argumentar, porque a veces es sólo una convicción. A veces hay personas que hacen la secundaria y logran aprender, pero hay otras que salen bien entrenadas solas para derrumbar argumentos con otros argumentos. Pero para derrumbar una vida, hay que arriesgar la propia. Hay cosas que yo no puedo argumentar pero sé que son así y voy para ese lado, temiendo, sospechando y gastando energías en algo que puede no darme ningún fruto o puede darme el fruto equivocado. Sin embargo, creo que eso es lo que hace Gabriel. Cuando Gabriel deja todo, vuelve a esa esencia. Gabriel había dicho “yo me sentía orgulloso de ese padre que pensaba que mejor era morirse”, porque la muerte no es lo contrario de la vida: vivir como un muerto es lo contrario de la vida. El tipo que vive adentro de un shopping, con la tarjeta y va a al trabajo, es una gallina, en una jaula con una luz encendida. Y mira y cree que es un bello sol y piensa qué bien que estoy, qué jaulita tan cómoda con esta comidita, esta agüita y este solcito las veinticuatro horas. Piensa: esto sí que es vida y a los dos meses se lo comen al horno con papas. Entonces, por ahí la gallina o el gallo que vive afuera, picoteado, flaco, a riesgo de los depredadores, a riesgo de no encontrar un día de sol, pero el día que lo encuentra es de verdad.
Antes hablabas de la infancia de Gabriel Reyes, tu álter ego. Fabián Casas dice que la infancia es la etapa en la que uno carga combustible y después no vuelve a cargar nunca más y que de la calidad de ese combustible depende el tipo de persona que vas a ser cuando las papas quemen. En tu literatura, ¿qué lugar ocupa la infancia?
Yo creo que es la fuente de todo. Lo dice Rilke también en la Carta a un joven poeta. Ahí está todo, las cosas que te importaban y las que no. Están las respuestas de cuando vos pensás que no sabés. Yo me escribí una frase en el estudio en el que escribí La ley de la ferocidad que dice “qué fingís no saber” y mientras escribía, la miraba todo el tiempo. Porque cualquier cosa que yo finjo no saber o me hago el desentendido, voy a la infancia y encuentro lo que ya sé. Ahí ya lo entendí todo. Yo creo que el mejor combustible que uno puede cargar es un combustible de infancia perpetua, tener siempre ante la vida y ante la gente una mirada de chico, de asombro. La infancia es un lugar sin historia previa, es el sólo por hoy. Yo creo que ahí está la fuente de todo.
Además de literatura, después de hacer el disco con Gabo Ferro, volviste a hacer música, ¿Qué te da la música, que no te da la literatura?
Los sueños de la infancia. Yo quiero ser estrella de rock, siempre quise ser eso. Como dice Paul Auster, que él sigue jugando al baseball, porque eso le recuerda los sueños de la infancia. A mí la música me recuerda y me trae vivos los sueños de la infancia. Ahora que volví a componer, me acuerdo que yo antes componía una canción por día y me pregunto por qué dejé de hacerlo. ¿Qué es lo que tengo que hacer? ¿Lo que me dé plata? ¿Tengo que ser el mejor? No, tengo que escribir una canción hoy, con tres acordes y tocar todos los días. Entonces, empecé a sacar los instrumentos, las cosas arrumbadas, el cuatro, la guitarra y la trompeta, que toco bastante bien. Tengo que tocar, que la vida se va. Si no hago esto, ¿qué voy a hacer?///PACO

23 abr. 2014

En mayo va a haber 3 eventos!!!!

El primero y el segundo son el mismo día
SÁBADO 10 de mayo
por la mañana comienzo en CLÁSICA Y MODERNA el cilo de lecturas y reflexiones
MOVERSE HACIA LA TERNURA 


PERO HAY MAS... el 31,esperando las 12 para festejar mi cumple 48 estaremso con LORENA RIZZO y PERCANTOS RODADOS (mi trio de tango) dando un hermoso show en un fascinante y nuevo lugar dedicado a la literatura!!!! ese Flyer lo subiré en dos semanas!

NO SE LO PIERDAN, los precios son IRRISORIOS