1 oct. 2013

leyendo a Fernando Vallejo en el Dorado, Bogotá

Cuando le abrieron la puerta entro sin saludar, subió la escalera, cruzo la segunda  planta, llego al cuarto del fondo, se desplomó en la cama y callo en coma. así, libre de sí mismo, al borde del desbarrancadero de la muerte por el que no mucho después habría de despeñar, paso los que que creo fuera sus únicos días en paz desde su lejana infancia. Era la semana de Navidades más feliz de los niños de Antioquia. !Y que hace que éramos niños! Se nos habían ido Pando los días, los años, la vida. tan atropelladamente como ese río de Medellín que convirtieron en alcantarilla para que arrasara, entre remolinos de rabia, en sus aguas sucias, en vez de las Zabaleta resplandecientes de antaño, mierda mierda y mas mierda, hacia el mar

3 comentarios:

Fito dijo...

Para el año nuevo ya estaba de vuelta a la realidad: a lo ineluctable, a su enfermedad, al polvoso manicomio de su casa, de mi casa, que se desmoronaba en ruinas.

Fito dijo...

Para el año nuevo ya estaba de vuelta a la realidad: a lo ineluctable, a su enfermedad, al polvoso manicomio de su casa, de mi casa, que se desmoronaba en ruinas.

Fito dijo...

Para el año nuevo ya estaba de vuelta a la realidad: a lo ineluctable, a su enfermedad, al polvoso manicomio de su casa, de mi casa, que se desmoronaba en ruinas.