20 may. 2013

Juan José Manauta, por Fabio Wasserman

Fabio es un gran amigo y tallerista. Un excelente escritor y estuvo estos últimos años muy cerca de Jaun José Manauta, corrigiendo un novela y editando en el sello que alguna vez tuvimos (del Subsuelo, la novela Mayo del 69
Acá les dejo su testimonio sobre uno de los más extraordinarios escritores que tuvo la literatura argentina.



Manauta, el que no cambia y a veces es distinto

Habrá sido por una paradoja de la literatura más que por el devenir del destino, pero lo cierto es que ambos se reencontraron, en la ficción y la realidad, en la vida y la muerte. Juan José Manauta yacía, sin vida, en medio de la sala Julio Cortazar de la Biblioteca Nacional. Volvía del mundo de las letras al de los humanos y se iba del mismo modo. Ya se habían encontrado, Julio -con Talita- y Juan José, allá por el capítulo 40 de Rayuela. Este 24 de abril, Juan José era velado y Julio le daba cobijo.
En medio del murmullo, de la tristeza, estaban las historias: casi un siglo de anécdotas. Juan José sigue contando.
Empezaba en Gualeguay, en la casa de su infancia: el colegio suburbano que por poco pisaba Las Tierras Blancas, y terminaba en la  casa donde pasó sus últimos años, con un mapa de Entre Ríos clavado en la pared.
En esa casa lo vi la primera vez, pero lo conocí de antes, de sus libros. “Las Tierras Blancas”, “Cuentos para la Dueña Dolorida”, “Los Aventados”,  “Papá José”, “Puro Cuento”, “Mayo del 69”; los poemas de  “La Mujer del Silencio” y la  edición de poemas  “Entre Dos Ríos”.
 Influido por Dostoievski, Dos Passos,  Faulkner, Manauta acertaba con cada palabra que escogía. El tono, la cadencia de sus relatos, el contrapunto: siempre dio en el blanco.
Sus personajes le sacaron el velo a la miseria y a la injusticia, y dejaron al desnudo, a la manera de Homero, el dolor, la tristeza, la angustia.
Sufrientes, amantes, extraviados, buscan la verdad en la experiencia individual y descubren que sólo está en lo colectivo. Sus vidas, las de cualquiera. Los lugares podían ser todos y uno. Gualeguay o cualquier parte.
Si es difícil que un escritor pueda separar su obra de su vida, en Juan José Manauta es imposible.
Así  me contó, unos meses después de cumplir 90 años, lo que sintió en las tierras blancas de su infancia, las mismas tierras blancas de la novela:

“Un lugar yermo, de tierras blancas, improductivas. Eran tierras que nadie quería. Los pobres, los emigrantes campesinos que venían a la ciudad, porque los echaba el latifundio o porque sus hijos quieren otra vida que el campo no les ofrece, empezaron a poblar las Tierras blancas.
Yo vivía al lado, en el colegio. Era   el hijo de la directora. Ahí crecí, donde iban todos los chicos. Después del colegio jugábamos al futbol contra los descalzos de las tierras blancas. La injusticia estaba al lado. La viví desde chico, pero no lo viví como injusticia, lo viví como confrontación: 
Yo tenía una moneda y compraba caramelos, pero algunos de mis amigos compraban galletas. Les preguntaba por qué no compraban  caramelos: porque tengo hambre, decían.
El hambre no es el apetito. El hambre no se sacia, el hambre significa inseguridad de volver a comer. Comían y ya no tenían más apetito, pero seguían teniendo hambre, porque no estaban seguro de que a la noche iban a comer, ni al día siguiente.”
 Así era Juan José Manauta. Mucho más que novelista, cuentista, poeta. Mucho más que maestro, profesor de letras, periodista. Mucho más que peón de aserradero y obrero de imprenta. Juan L. Ortíz,  Carlos Mastronardi, Amaro Villanueva –sus amigos- no me dejan mentir.
Cráneo grande, mirada atenta. Tierno. Unos días antes de morir, aún bien vivo en el sanatorio, recitó a González Tuñon. Había empezado con un juego de palabras y terminó con “El dolor mata, amigo, la vida es dura, la vida es dura”. Pero cuando recibió el Premio a la trayectoria artística Año 2009, el 14 de diciembre del 2010, el día de su cumpleaños, durante la fiesta, nos dejó a todos en silencio. Con una copa de vino en una mano y un cigarrillo en la otra, empezó con voz clara y potente a recitar lo que más le gustaba: “La Fundación Mítica de Buenos Aires”.
 Un año antes que cumpliera 90, habíamos reeditado, con la editorial Del Subsuelo, Mayo del 69. En medio de  charlas de literatura y política, le gané una partida. Quería tomar clases: un taller individual con Manauta y aceptó, a pesar de que nunca había querido tener un alumno. Así empezamos a corregir mi novela inédita. La cita era todos los miércoles a las once de la mañana. Llevaba capítulos impresos. Uno para él, otro para mi. Juan José  me esperaba con la lapicera, la lupa, un cigarrillo y dos copas de vino. Apenas yo entraba a su escritorio, cerraba la puerta y nadie podía molestar. Dos años discutiendo de los personajes, sus vidas truncas, sus temores. No hubo desperdicio.
 Entre tanto se casó una vez más: la cuarta. Esta era la última, y no porque no había tiempo, sino porque estaba profundamente enamorado. “Me caso a los 90.  Es mi modo de contradecir la convención.”  Dijo y  di fe como testigo.
 Juan José Manauta murió demasiado joven. Como decía Chesterton, por una nimiedad como la tumba, hoy no está con nosotros. Se fue el atrevido, soñador, apasionado, combativo, marxista, escritor genial. Nos quedan sus libros y sus anécdotas. Juan José sigue contando.


Fabio Wasserman, abril 2013



Juan José Manauta
Nació en 1919 en Gualeguay, provincia de Entre Ríos donde se recibió de maestro.
Profesor en letras egresado de la Universidad Nacional de La plata. Amigo de Juan L. Ortíz, Pedro Orgambide, Carlos Mastronardi, Bernardo Verbitsky entre otros.
Autor de "Los Aventados", "Las tierras Blancas", "Papá José" y "Puro Cuento";  de los libros de cuentos: "Cuentos para la Dueña Dolorida", editado con un premio otorgado por el Fondo Nacional De las Artes, " Los Degolladores", "Disparos en la calle", con el que obtuvo el premio municipal de La Ciudad de Buenos Aires; " Colinas de Octubre" y "El llevador de almas"; del libro de poesías " La mujer de silencio"; y de los guiones para cine "Las Tierras Blancas" y "Río Abajo".
Sus obras han sido premidas entre otros con la Faja de honor de La Sade, el premio del Fondo Nacional de las Artes, el premio Juan Mocho, la nominación Fundación Konex, género cuento. Su novela Las Tierras Blancas, llevada al cine por Hugo del Carril, fue traducida al Rumano y al Checo.

2 comentarios:

ebp dijo...

qué capo fabio manauta es un sentimiento. mi deficiente homenaje en http://interpositapersona.blogspot.com.ar/2013_04_24_archive.html.

Constanza Piaggio dijo...

"El lenguaje entrerriano tiene características particulares: es una especie de isla. Durante décadas no hubo túneles ni puentes, era difícil llegar. A veces un viaje a Gualeguay desde acá duraba doce horas: ahora cuesta tres. Durante mi infancia Buenos Aires estaba lejos, y eso incluía también al lenguaje. En ese sentido, Entre Ríos fue lingüísticamente autosuficiente durante muchos años. Le doy un ejemplo sencillo: a un pan que acá le llamamos felipe, allá le llamamos telera. Es un término que viene de España, directamente. Esa palabra quedó en Gualeguay, nomás. Bueno, yo creo que esa característica geográfica le impuso al entrerriano cierta autonomía, autosuficiencia cultural. Probablemente eso esté patentizado en mis textos: no es algo que yo haya querido evitar"