24 de feb. de 2013

Dicen que yo alguna vez lo dije

En mis talleres del antiguo bar del Once (2005). No recuerdo, pero algunas no están tan mal.


  • El tiempo presente es el más difícil, el más anti-literario que hay.
  • Cuando se expresan con retórica tienen que pagar el precio de repetir la palabra. No se crean eso de que si repiten palabra escriben mal. No. Cuando la retórica necesita que repitan, por ejemplo una pregunta, tienen que repetirla. Es como subir por una escalera de caracol
  • La retórica no se puede dar el lujo de ser hermética, es un delirio.
  • A veces uno se convierte en un buen escritor cuando empieza a recortar cosas que funcionan mal. Ahora, uno se convierte en un excelente escritor cuando empieza a sacar cosas que están buenísimas pero que no encuentran su lugar en el cuento.
  • A veces con distintas palabras decimos lo mismo y es peor. Para decir lo mismo en literatura hay que decirlo con las mismas palabras. Porque sino es como disfrazar. Si pienso: “Voy a repetir esto”  lo repito tal cual y se terminó.
  • No importa de lo que hable el diálogo, lo que sostiene al diálogo es lo que el diálogo trae por debajo.
  • La literatura infantil no tiene moralina. Por lo general tiene moraleja o tiene una aventura moral, pero no moralina. Fíjate que no dicen lo que está bien y lo que está mal. No hay que tenerle miedo a la aventura moral. Porque moralina no es. Si vos elegís ser bueno y honesto no es moralina, es una posición moral. Y la literatura para chicos tiene mucho de eso.
  • La mujer no tiene cola. Cola tienen los monos y los perros. La mujer tiene otra cosa. Cola es una palabra horrible. Mejor buscarle por otro lado, ¿no? Es como decir “tengo el cabello despeinado”. Los peluqueros dicen “cabello”.
  • La realidad te da cosas literarias. El problema es meterlas en un lenguaje literario.
  • El escritor no tiene que escribir en los primeros borradores intentando la página perfecta. Tiene que escribir intentando la página eterna. Que es muy diferente a la página perfecta. La página perfecta hay que intentarla luego de escribir muchas veces la página eterna. La página eterna es quien te deja un personaje para siempre. Don Quijote es una novela eterna, es un personaje eterno que peca de muchas cosas cuando lo lees. No es perfecto por ningún lado. Pero el personaje quedó en el imaginario para siempre, ¿no?
  • En los cuentos hay que tener cuidado con las metáforas y los vuelos poéticos. Todo lo que se dice en un cuento, casi todo lo que se dice, tiende a entenderse literalmente.
  • En literatura, el orden de los factores altera considerablemente el producto.
  • No hay que empezar las historias informando. Hay que empezar literariamente, organizando la aventura física que va a vivir el personaje.
  • Cuando un personaje habla y se termina con un “dijo”, después no va un gerundio. Por ejemplo: “…dijo, dejando la esponja arriba de la mesa”. Eso es como una regla.
  • Guarda con la palabra “todo”. En literatura yo tengo esta teoría: todo es igual a nada, y nada es igual a todo. Cuando yo digo todo no digo nada; y cuando no digo nada a veces digo todo. A menos que se use onda Chéjov, porque ese “todo” ya está contado. Cuando hablen de los sentimientos no me digas “todo”. Mejor contarme qué le pasa al personaje.
  • Guarda con sobre-explicar las frases: “salió a buscarla a la calle”. ¿A dónde más iba a salir? Y guarda con esto: “Vaso lleno de agua”. El lenguaje está construido de metáforas fósiles, fueron metáforas en algún momento que vamos olvidando para comunicarnos. Ya sabemos que el vaso está lleno o que el vaso no es de agua sino que es de vidrio.
  • Leo, tu personaje, no quiere estrujar el tiempo. No es un filósofo, no conviertas a tu personaje en los seres desgraciados que somos nosotros. Nosotros escribimos porque… en realidad, el laburo intelectual nos deprime. En el fondo nos deprime ser lo que somos. No estruja el tiempo, lo que estruja es el recuerdo de Emilia, ¿no? Hacéte cargo, es eso: el tipo está apretando una carta y no lee. Es dolorosísimo lo que hace Leo.
  • La peor forma de un verbo es cuando está en infinitivo, porque está en su forma potencial; o cuando está degradado a un gerundio o a un participio: durmiendo; acabado; consolado. Decir “Él se sentó angustiado” no dice nada. Nada de nada. Se convierten en adjetivos, y los adjetivos no dicen nada.
  • Guarda cuando se dice “de pronto” o “de golpe”. Después de un giro así la historia no puede durar mucho más.
  • El final de un cuento es incuestionable, siempre y cuando uno corrija siempre hacia ese final.
  • Lo lindo en las historias es justo la particularidad, no puede ser cualquier cosa, es ESA cosa.
  • Usar frases cortas. Meter un punto donde la idea gire o cambie o crezca.
  • Extracto de una corrección: “El cuento en rigor es muy bueno, pero aún casi nada está logrado. No se siente la evolución de lo que a ella le pasa internamente. Más bien está puesto, sólo puesto; indicado, por buscarle la palabra exacta, en el texto. Y vos sabés, ya lo hablamos que las indicaciones para emocionarse no emocionan a nadie. El cuento tiene hallazgos que pueden resumirse a frases, pero no llegás hasta esos hallazgos con naturalidad, esto es, la aventura física que ellos viven, que ella vive (es el PP), no es clara. No es precisa”.

4 comentarios:

daniel castrillo dijo...

gracias por los consejos literarios!!! y gracias por poner tu foto en el "I Encuentro Nacional de Escritores", Leones 2012!!!! Abrazo gigante!!!!!

ebp dijo...

generosidad total ramos. gracias

Noche de Murcielagos dijo...

Como te extraño querido Pablo, pronto tal vez este de nuevo aprendiendo y viviendo la literatura cerca tuyo. A los que ponen el cuerpo, salud!!!

Oscar R. Ruiz dijo...

Yo no se si alguna vez vos lo dijiste Pablo, pero me suena mucho a tu estilo. Ademas los consejos estan buenisimos. Gracias y abrazos.