28 ene. 2013

Una carta de un alumno, sobre Gabriel y su ley de la ferocidad



La profesora Carmen de Luca, de la Escuela Cooperativa Amuyén de Mar del Plata, les mandó leer La ley de la ferocidad a un grupo de alumnos secundarios. Yo conocí a alguno de ellos, no al chico que firma esta carta. Tenían que hacer un trabajo con la novela, este chico no pudo, y escribió mucho más que un trabajo, escribió esto: MEMORABLE.
Gracias, Santiago, espero tener el honor de conocerte algún día.

Análisis personal del libro “La ley del a ferocidad”, de Pablo Ramos.

Voy a intentar romper con el esquema planteado para un trabajo práctico. De hecho, no se ni dónde lo dejé, pero realmente no me importa. Intentar dejar en crudo lo que sentí al momento de leer este libro me parece lo más real que puedo hacer en este momento.
Nunca antes una obra literaria había golpeado tan adentro mío como para hacerme quedar en vela toda una noche. Pocas veces leí un libro hasta el cansancio último, y nunca en mi vida había llegado a odiar a un personaje ficticio de una novela (y tampoco me imaginé hacerlo).
Pienso que toda persona que haya tenido una muerte muy cercana, relación con alguien que haya tenido alguna adicción puede saber de lo que hablo al haber leído a Pablo Ramos. El autor describe con precisión “de reloj suizo”, como le gusta decir a él, cada estadío de una enfermedad que avanza y arrastra no solo al enfermo, sino a sus relaciones, su salud, su vida personal, su familia, esposa e hijos. Gabriel, el protagonista, es un enfermo sexópata, alcohólico y adicto que purga sus culpas en un padre que al parecer en su puta vida estuvo. Y eso no es más que otra etapa de una enfermedad: culpar a otro de la mierda propia.
Es increíble como Pablo Ramos pone en letras el cinismo, la Ferocidad sin límites. Esa ferocidad que cada uno de nosotros tiene consigo misma, pero aplacada por normas sociales, ferocidad que encuentra Gabriel, como cualquier persona, al estar pasado de cocaína, de alcohol y que alcanza su punto máximo al querer ser más que su padre (porque todos queremos ser más que nuestros padres. Queremos superarlos, poder decir ‘yo cuando sea padre no voy a ser como él).
Lamento que este análisis quede hecho en una especie de carta, Carmen. Pero la realidad es que me hiciste leer un libro para aprobar una materia de colegio, y me encontré con algo mucho más que una novela. Golpeó directamente en mis entrañas. Me hizo sacar cosas a la luz que no pude ver nunca, respecto a mi papá. Veo en Gabriel a mi viejo, a una persona totalmente arrepentida que no le queda otra más que purgar culpa en los demás. Y esto me ayuda a mí, como hijo, entender la carga que puede llevar él desde sus hombros, a entender una persona enferma por dentro.

Algo que me gustaría remarcar es esa imagen de Gabriel rompiendo la bicicleta que su padre le estaba haciendo “sorpresa” para los Reyes Magos. 
No se si recordás el libro, pero su padre le dice que bicicleta era para el hijo de un peluquero y Gabriel se enfurece tanto que intenta destruirla. ¿Quién nunca sintió tanta furia y celos de nuestros propios padres y termina siendo una mentira piadosa? ¿A quién nunca un padre le mintió así y uno se sintió poco querido, desalmado y al final de todo decimos ‘la puta, che. Eso era para mi y yo me enfurecí?. Es la imagen perfecta de la picardía que tienen nuestros padres para con nosotros y no sabemos interpretar. Y que muchas veces, esas picardías o mentiras piadosas, terminan siendo un escándalo familiar.

Son las 3.54 de la mañana y estoy terminando de escribir esto. Me parece que voy a faltar a tu clase para poder dormir un poco más, Carmen. Te agradezco por hacerme llegar esto que sin querer, de forma directa, marcó algo en mí. Y aprovecho este lugar para poder decirte gracias por este año. Sé que soy insoportable, que tengo la boca más podrida que Gabriel pero me parece que pudimos entablar una excelente relación de alumno-profesora. Es algo que me llevo de este colegio y no me lo va a sacar nadie jamás.

PD: Si lo vamos a hacer en forma de carta… ¿por qué no ponerle una postdata?

PD2: Siempre te enojaste porque falto a tus clases, pero malditos sean los lunes, por dios!.

                                                                                                                Santiago Vellini

2 comentarios:

Gabriela dijo...

Me hizo llorar, este Santiago. Cuando yo leí el libro pensé en mi hermano, y lo mismo que con el de María, pensaba en mis padres, comparándolos con los padres de Gabriel. Pero jamás me imaginé la mirada desde abajo. La de un hijo de un Gabriel. Es maravillosa la "carta". Tiene la crudeza y la sorpresa de los textos de Pablo.
Me saco el sombrero por Carmen, que les dio a sus alumnos este libro, y por Santiago, a quien me imagino la noche en vela leyendo, y desbordo de amor.

Anónimo dijo...

Me sorprendí y me puso muy feliz que POR FIN el grito se hizo escuchar.

Por más difusión y cultura para los pibes.