29 abr. 2012

Dromómanos

Todos los días de la vida
Mis impresiones sobre Dromómanos, el film de Luis Ortega


Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è subito sera
Salvatore Quassimodo


Desde que vi la película Dromómanos que quiero escribir algo sobre Luis Ortega. Pero, lleno de cosas para decir, para compartir con los seguidores de este blog, algo me impedía sentarme frente a la máquina y hacerlo. Hoy, al sexto día de estar en Bogotá, me decidí a tomarme un tiempo y, además de disfrutar de mi primer rato de soledad luego de tanta exposición (exposición que agradezco, más vale, porque la gente me requiere desde el mejor lugar posible), estoy tratando de saldar esta deuda que tengo sólo conmigo.
Al instante de enfrentarme a las teclas fue que entendí qué era lo que me trababa. Me trababa, y ahora sólo me condiciona un poco, el hecho de que Luis y yo somos hermanos. No “como”: hermanos, sin atenuantes. Este parentesco indisoluble e incondicional nació hace poco pero (esto fue claro desde el primer encuentro) existió desde siempre, sólo que la vida y el dios que la comanda (no el azahar, sino el dios, sea cual fuere) tiene sus tiempos y dispone las cosas de un modo que a mí ni siquiera me interesa entender. Tan sólo estoy siempre atento a que sucedan estas cosas. Dicho esto, les doy mi impresión de la película.
Dromómanos es brillante, y no me sorprende porque Luis es brillante. Carga con un apellido que le juega en contra, y no por el prejuicio que pueda tener la gente sino por el prejuicio que tienen los artistas, o los que, al menos, dicen ser artistas. Yo había visto Caja negra y Verano maldito, y estaban bien, están bien, pero Dromómanos es otra cosa. No sé de técnicas de cine, ni siquiera sé si me gusta el cine. O sea, la mayoría de las películas que vi en mi vida no me gustaron, y casi la mitad de las veces me voy corriendo de las salas, sobre todo de las del BAFICI. Me gusta Favio, Passolini, me gustan los Kohen y me gusta, sobre todos los demás, Herzog. Pero también me gusta Duro de matar y no soporto el cine hindú o el cine Afgano y mucho menos el cine japonés o koreano a menos que se caguen a patadas. Pero cuando veo a un director que se compromete con la belleza, que se la juega por su búsqueda; cuando lo veo entero y sólido, moviéndose en los parámetros de una ética personal a riesgo de que las fieras lo destripen, obsesionado por lo que hay que obsesionarse: el tono, el lenguaje: la forma; veo a un artista. Y ahí ya no me importa si es cine, ballet, danza, o lo que fuere: porque es arte. Y yo amo al arte.
Dromómanos es una obra de arte preciosa y singular. No es precisa, tal vez porque no es lo que importe en una obra así. Lo que importa es encontrar, en parte al menos, la sombra de lo que se busca con ansias todos los días de la vida. Una historia sin historia, porque es eso: la historia de todos los días de la vida de un grupo de personas bastante singulares. Narrando ese mundo desde adentro es que Luis logra ´que las imágenes se conviertan en un hecho estético. Porque él es parte de ese mundo  que narra, mundo en el que la anarquía se hace posible (posibilidad permanente), y donde la gente (no los enanos, las jorobadas, los locos y los borrachos, sino “la gente”, que puede ser todo eso pero  que siempre es mucho más que lo que muestra la superficie) puede vivir en una paz más que elemental sin que la policía, los manicomios, ni ninguna institución (sin que el estado) “vele” por ellos. En Dromómanos ellos mismos son los que se cuidan los unos a los otros, y es la base de ese amor y la medida de ese amor lo que los hace más o menos vulnerables.
Otra cosa es que parece no tener dirección, o sea, no haber sido dirigida. Y sin embrago la película sería cualquier cosa sin una dirección estricta. Ya que las actuaciones son excelentes, tanto de los actores como de los no actores. Pero como si fuera un prosista brillante que hace desaparecer las palabras leídas para que aparezca la historia (Faulkner, Hemingway, Chejov), Luis hace desaparecer las manos del director, y creo que lo logra por lo mismo anteriormente dicho: dirigir desde el ombligo mismo de esa sociedad de dromómanos. Y ahí fue que descubrí mi segunda traba pra sentarme a escribir: no tiene mucho sentido hablar de esta película, tal vez tan sólo para tentarlos a verla. Tienen que conseguir una copia del film, y verla en casa, donde no los moleste nadie al costado de la butaca. El cine es el peor lugar para ver cine, al menos para mi gusto, al menos para ver este cine. Vayan a verla o, por mi intermedio, les prometo conseguirles una copia a la vuelta de mi gira.
Luis Ortega nos devuelve la posibilidad del cine argentino de autor. Amparemos su nombre de las fieras. Porque este chico es con la cámara como es en la vida: entero, sensible, auténtico y humilde. Un orgullo de hermano.
Acá algo de etimología
dromomanía.
(Del griego dromos, carrera, y manía, locura) .
1. f. Inclinación excesiva u obsesión patológica por trasladarse de un lugar a otro.
2. Consiste en el impulso irresistible a alejarse del domicilio o el impulso de cambiar repetidamente de domicilio.
3. Inclinanción irresistible para andar y hacia la vida errante.
4. Impulsión mórbida por andar.

Sinónimos: poriomanía, drapetomanía, ecdemomanía, ecdemonomanía, manía errabunda, automatismo ambulatorio.




16 abr. 2012

Pito 4 (las profesías mayas nos chupan un huevo)

Es un película que estoy filmado con distintos teléfonos celulares y que trata de la gente que trabaja y come en la parrilla PITO 4, acá, en LA PATERNAL.No intentá ser una imitación de la notable DROMÓMANOS de Luis Ortega (película de la que prometo hablar este mes).
Mi película, muy amateur, va a contar la vida del PARAGU ALFREDO, de PATO, de LORENZO, de BETY y del CANI.
ya verán.
Acá les dejo la primera escena, se llama OBSESIONADO POR EL ARTE ROQUERO
ah, la película jamás se estrenará en cines, va a ser publicada sin edición  por este medio y youtube