29 dic. 2012

La arquitectura de la mentira 2013 (futuro libro colectivo)

Hace bastante que no escribo nada, de nada, de nada, de nada. Y se me ocurrió reflexionar, entre ayer y hoy, sobre esto. Creo que les interesará a los escritores amigos, que acá son muchos. Y a Hernan Bayon también. Ya que puede ser la semilla de un ensayo sobre el problema que tenemos los escritores cuando no escribimos y no sabemos cómo salir de ese desesperante lugar. Espero les guste y en cuanto esté hecho el blog privado en el cual el equipo elegido vaya a trabajar (serán muchos los elegidos, tranquilos) lo sacaremos de este espacio público, o no. Como diga la mayoría.
Por ahora es un obsequio de año nuevo: Feliz 2013 para todos.




 La muda cadencia de mi alma Eva
Cada día en los que nada estoy escribiendo me levanto con el deseo fósil de escribir. Deseo fósil, digo, porque es eso: una marca de un deseo que parece haber vivido ayer impresa en la carne petrificada del paisaje rocoso y quieto en el que habita mi alma. Sé que es deseo porque aún pica, o recuerda el (o trae el recuerdo del) picor que supo ser. Y sé, sin problemas, que es de escribir, porque el picor es en la punta de los dedos y en la mudez de la garganta.
Es una trampa, más vale: una trampa de mi natural tendencia a quedarme quieto lo que me hace ver muerto algo que sé que está latente como una brasa viva bajo una montaña de ceniza. Pero como no escribo no puedo saltar esa: mi propia muralla. No puedo soplar el viento que abriría la ceniza y le daría oxigeno a la brasa, que la haría arder, como ayer (como anoche, diría Sarlanga). Entonces, si es de mañana, contesto mensajes, escribo en facebook o llamo por teléfono, y dejo que pasen las horas lánguidamente a la espera de que llegue la tarde y de que ella renueve la tranquilidad. Esa  que que casi siempre logré cuando el sol termina de caer, esa que necesito (o creo necesitar) para escribir. La tarde avanza, y todas esas cosas prácticas que hice tan sólo han contribuido a agrandar el espacio de mi desesperación. La calma ni asoma y yo, confundido, no sé qué hacer, porque en lo único que pienso es en que, seguro, me ha quedado algo por hacer. Espero, pienso (cosas prácticas, que no es pensar), me levanto, voy y vengo de la silla a la heladera y veo como la tarde destiñe noche azul en la ventana de mi estudio sin pena ni gloria, sin una frase en mi cuaderno, quiero decir. Suspiro, generalmente fuerte y quejoso, y lo único que se me ocurre es encender el televisor. Lo enciendo y repaso los canales una y otra vez. Como chocolates, pienso obscenidades, me hago café o mate, tomo cerveza y vuelvo a los mails, a las búsquedas, a la más entregada distracción. Pero esta vez, con el televisor encendido. Ni leyendo estás, me digo y siento entonces que soy un vago, un lumpen, que no hago bien mi trabajo. Que ni siquiera lo hago mal. NO LO HAGO. Y viene la culpa, y la culpa se agranda porque, cuando estoy culposo, ni siquiera hago el intento de salirme del lugar. Y el lugar de victima da más culpa que se agranda en la culpa anterior y... chau Carlitos. Me derrumbo en la cama días y días y días y días. Meses me derrumbo. La máquina, o la birome y el cuaderno: bien gracias, ahí, enterrados entre el centenar de cosas ajenas al verdadero trabajo que invaden mi mesa de trabajo. Y en el aire la desesperanza me consume y me sepulta bajo las sábanas, me cubre de angustia y  trae a la muerte a sentarse a mi lado.
Acá ya estoy para el tiro del final.
Entonces hay una instancia, en mi caso mística, que pueden reemplazar por Fuerza de Voluntad, si ustedes la tuvieran, yo no la tengo. Rezo un poco, un rato un día, otro rato otro día. Leo medio poema, esta vez fue Passolini. Y de golpe, computadora, radio, Tv, mundo exterior, todo me aturde, y desenchufo mi casa. A los tirones con los cables. Apago todo y me obligo a buscar la solución.
Me propongo pensar enserio y, por supuesto, agarro el cuadernito y un lápiz (la más alta y confiable tecnología humana). No escribo, hago un dibujito onda Rep pero como el orto. Me digo: Esto lo conozco, me conozco en este estado. A ver… ¿Qué es todo esto? A ver… Hay “esto” porque no no estoy escribiendo, eso es claro. ¿Eso es claro? Claro las pelotas. ¿Hay “esto” porque no estoy escribiendo? A ver… No, lo claro es lo contrario, o al menos lo más claro. Y entonces escribo en mi cuaderno, abajo del dibujito: NO ESTOY ESCRIBIENDO PORQUE HAY (por culpa de) “ESTO”. Y listo. Llevo meses así y recién ahora se me ocurre invertir factores. ¿Y por qué se me ocurre? ¿Qué pasó diferente hoy a todos los otros días?  Justamente, me puse a escribir sobre el problema.
Y dejo el cuaderno y salto dos mil años en el tiempo para montar mi máquina de escribir: mi máquina del tiempo. Tecleo la frase que anoté en el cuaderno y, se los juro, ya puedo sentir una muda cadencia de algo que nace. Y llega el primer alivio moral, y me escribo: “puedo afirmar que estoy en crisis”. Je. Un boludo profesional. Y si afirmar eso me llevó meses no importa, porque llegué a algo bueno, a una verdad escrita e irrefutable. Es mía, la tengo escrita en mi papel, con mi máquina. Mía, y no me importa lo que me lleve llegar a algo si es algo bueno. Yo, al menos yo, no quiero ser el más inteligente de la cuadra. Yo quiero escribir, soltar amarras y volar hacia donde sea, porque el piso me tiene podrido, me pudre, me tiene de cama.  Y yo vuelo escribiendo, como ustedes, como todos los que escribimos. Esto no se mide con los parámetros de la economía capitalista. Porque nadie me dijo “estás en crisis, papá”, y si me lo dijeron no los escuché, porque no sirve que te lo digan, porque no puede ser escuchado de afuera hacia adentro, esto se tiene que parir (disculpen el lugar común, pero es eso). Y si el embarazo vino con reposo, bueno, mala leche. Y entonces la escritura de hoy justifica la caída de ayer y los días de cama también han ayudado mucho a llegar a esta conclusión. Mi conclusión, entiendo, es más del cuerpo que del alma, y mucho, mucho, mucho más del cuerpo que de la mente. Cero mente. Hastiado de cama, hastiado de picaduras de mosquitos y supersaturado de hidratos de carbono y vino mi cuerpo rechaza la cama, se para con piernas temblorosas y se mira con asco al espejo y se dice: qué tipo tan triste. Y parecería ser, si se lo mira desde afuera, que se acabó el jet lag de mi burguesía literaria de “putito escritor editado” y por fin me voy a poner  a trabajar, otra vez, en lo profundo de mi alma. Minería como Dios (o el gobernador Gioja) manda. Con Cianuro, mercurio, dinamita, exterminio de pueblos y flora y fauna originaria, etc. etc. etc. “A full, papá”, debería pensar, quien lo mire desde afuera, que yo voy a decirme a los gritos frente al espejo. Pero no, a mí, ya sabiéndolo todo, se me ocurre otra cosa; la salud. Anotarme en un gimnasio (mañana), salir a correr por Agronomía (mañana) poner al día la obra social en vez de gastar la guita en porquerías (el mes que viene). Dejar la carne y empezar a comer sano. Eso se me ocurre, porque detrás de mi cuerpo habita Atea, mi mente. Yo le puse ese nombre a mi mente porque es la Anti Fe. Dueña de sí misma vive, como toda mente,  adentro de los laberintos de mi cerebro: ese intestino eléctrico que produce más mierda que todas mis tripas juntas y que, no sé cómo se las arregla (se ve que es muy ingenioso) goza del mayor de los respetos. Atea, mi mente, tiene cerebro y tiene la capacidad de la palabra. Entonces ella dice que su cerebro (el mío) es el órgano por excelencia: y que a diferencia de la tripa gorda no suelta flatulencias, no, tan sólo tiene “lapsus”. Que no se equivoca como las manos y las piernas, “experimenta y aprende”  No siente amor ni odio, ni dolor ni alivio, como el patético Cuore. Calcula y determina según las circunstancias. Es el cerebro de un escritor! Puro neocórtex Lacaniano que más allá de la teoría sexual, ya que es sólo eso, una teoría,  no se conecta mucho con lo que que hay de la cintura para abajo. No discrimina, ojo, pero sospecha, íntimamente, que su cuerpo es inferior a él. Porque el cerebro elige perfumes caros o vinos buenos, y el cuerpo los convierte siempre en el mismo sudor, o la misma orina. Y ni hablar del sushi o el salmón, siempre terminan siendo mierda, la misma mierda que chorrea y cae y se va antes de que alguien la vea.
Ah, disculpen la broma y la pésima fábula, pero es desgastante, y es enorme el daño que mi cabeza (mente y cerebro) le hace a mi vida. Pero yo tengo una ventaja: un alma, una psique que tira más pa lo místico que para lo conductista. Y mi alma (Eva, es su nombre como habrán supuesto ya) desconfía tanto de mi cabeza (antes hubiese escrito “de mí” como si yo fuera solo cabeza) que me ayuda a dejar pasar estos pensamientos como aves migratorias por el cielo de mi obsesión, y otra vez, en un sereno esfuerzo (porque le di la tregua de apagarlo todo ya que Eva desmaya con la tecnología),  me vuelve a conectar con lo que más soy: un cuerpo rendido. Y me miro al espejo y reafirmo: ESTOY EN CRISIS, y me pican las puntas de los dedos y escribo la solución. No escribo la definición de la solución, sino que ESCRIBO: LA SOLUCIÓN, jeje ¿se entiende? Me monto a la solución ya que, como podrán observar, como primero yo pude (puedo) observar, hasta acá llegué escribiendo.
Puf, que lío. 29-12-2012. 
Pero escribí!!!!!

15 comentarios:

UY Festival Bogotá dijo...

Lo conoci hace ya un año y meses. Hablamos en una entrevista para el Uy Festival.De lo que acabo de leer podria decirle que los escritores, muchos, tiene poco de gato y los inquieta la quietud. Abrazo Guillermo

Santiago Gómez dijo...

Qué lindo empezar el día leyéndote. Te quiero.

indiasilvina@gmail.com dijo...

hoja, cabeza, dedos, vida en blanco y tiempo que sobra y que se pierde... hilitos de ideas que intentan sobrevivir al aborto cotidiano. pienso, pienso, pienso, me obligo, me digo, me pido, me suplico pero no me pongo y todas mis libretas siguen vírgenes trémulas y esperando. Mando mensajes en la botella a futuros profesores de taller a los que después no voy...
llega el razonamiento, la excusa: todo empezó con la muerte de... o todo terminó cuando ellas se fueron... me llevaron las palabras, digo, me dejaron muda pero no. sé que tampoco es eso.
y me dejo comer por la rutina y me dejo robar/violar/apuñalar por los días sin poder decir más que eso.
no me creo escritora pero me pasa lo mismo que a vos, siento esto que sentís vos.
y entonces te leo y siento que a lo mejor puedo volver...

Luis Eguiguren dijo...

La llamada crisis del artista,la del escritor, del pintor, del mùsico compositor, cuando no sabe que pintar, no sabe que componer o escribir; para mi, es un estado de gracia. Un estado de equilibrio, diría que hasta de pureza existencial, porque toda expresión conlleva un aspecto catártico de nuestra subjetividad. Cuando no tengo necesidad de pintar, de escribir o componer simplemente no lo hago. Es momento de contemplar, de fluir más allá de nuestras necesidades más o menos básicas. Siento que cuando digo algo se lo digo a otro/s, y en eso va nuestro ego, nuestra necesidad de que nos den bola de alguna manera. Los artistas somos mentirosos de oficio, necesitamos de la metáfora, de las sinécdoques y metonimias para florear lo que necesitamos decir o hacer que se produzca en el mundo. Cuando voy al taller y tomo té, miro por la ventana, sobretodo si llueve, siento el privilegio de no tener que satisfacerme. Está todo allí, y es suficiente.

Oscar R. Ruiz dijo...

y sí, es así nomas Pablo. Como lo describis, el proceso, la desesperacion de querer escribir y nada, sentarse a escribir y nada, ni una puta idea que uno mismo considere merecedora de volcarse al papel. Quizas estos periodos de inactividad son baches del alma, tiempos necesarios, entre escritura y escritura, para que se vuelva a llenar con necesidades urgentes, con lava de volcan que hay que regurgitar con papel y lapiz. Una alegria que el lapiz se mueva de vuelta.

Anónimo dijo...

oficio carne y sangre, pereza, dolor, reiteracion, pasion, dudas, incertidumbre, inquietud, reposo, miedo, y otra vez, sin fuerza, caida, recongimiento, exaltacion, arriba, abajo, en vano, dejarse, incomodidad, excusas, palabras, escribir, no escribir, deficiente, depresion, sensaciones, frustacion, castigo, , mirar perdido, furia, violencia, infectado, deshacer, arrempentimiento, revolcarse, dureza, esterilidad, molestia, sobrepeso, posibilidad finita, cansancio, melancolia,... culpa.. afasico motriz , grave, discapcitado...aparecen solos o combinandose, mutados, se mezclan, se clonan ..se deshacen, se agrupan y desafian mortales.. se burlan..y aca estamos, escribiendo y feliz de leerte pablo ! ( no seas topu, y mandame el nuemro del fono nuevo )mi abrazo gabriel ( el topu de rauch )

Buenaventura dijo...

Los escritores necesitamos que nos pasen cosas todo el tiempo, que nos alimenten para seguir escribiendo. Por sobre todas las cosas, "seguir escribiendo".Y poder enfrentarnos a todas las convenciones que nos impone el contexto y que tanto nos deprimen. Y acá estamos tratando de salir de la crisis;que por momentos pareciera eterna. Pablo gracias, por sentir esa "picazón en los dedos" y que nunca se acabe salud y buenaventura...

Minerva Mesa dijo...

Eso que usted ha escrito, es tan bello, tan profundo y cierto.
Unas breves lagrimas se han desbarrancado por mis mejillas.




Ivana dijo...

Es tan cierta la sensación que describís, así de clara y así de dolorosa. Siempre me prestás tus palabras para contar lo que siento, gracias.
A mí no me pasa en el momento de escribir, no soy escritora, me encantaría, pero sí en el día a día.
Muchos besos, Feliz Año

Marisa dijo...

Para mí creo que cuando a uno no se le ocurre nada(sea bueno o malo) de calidad digo, uno esta incubando...hasta que sale toda la porquería.

Saludos, y feliz año

Mayra Nebril dijo...

Lo que me tranca es la pregunta; sentarme a escribir y empezar con el ¿para qué, para quién, por qué? Crisis existencial, ¿de todos los que escriben? - supongo - que me confronta con lo apremiante e inevitable de los quehaceres cotidianos, a los que luego de la pregunta tengo que dedicarme. Si escribir es una linda pérdida de tiempo, intento sentarme a escribir sin más pretensiones que las de perderlo a lo grande, no siempre lo logro.
Me gustan mucho tus libros, y también el blog. Saludos desde Ururguay, Mayra
.

Maximiliano Fagundes dijo...


Pablo; otra vez: gracias. Imposible hacerse el boludo; es eso. Abrazo fuerte;

Pe Puebla dijo...

Darse el permiso para no escribir también vale. Después, probablemente, vengan las maravillas.

Celina dijo...

"...porque, realmente, ¿cómo se escribe? ¿qué se dice? ¿cómo se dice? Y ¿cómo se empieza? Y ¿que se hace con el papel en blanco que nos enfrenta tranquilo?
Sé que la respuesta por más que intrigue, es esta única: escribiendo...()"
Clarice Lispector. Revelación de un mundo

Celina dijo...

"...porque, realmente, ¿cómo se escribe? ¿qué se dice? ¿cómo se dice? Y ¿cómo se empieza? Y ¿que se hace con el papel en blanco que nos enfrenta tranquilo?
Sé que la respuesta por más que intrigue, es esta única: escribiendo...()"
Clarice Lispector. Revelación de un mundo