29 jul. 2012

La arquitectura de la mentira, una elección de vida

Hace tiempo que pienso ordenar mi experiencia como Tallerisa en una especie de manual que llamé, como muchos saben, LA ARQUITECTURA DE LA MENTIRA. Para ello junté, en Alemania, un material que presenté a mi editora de Alfaguara. Hay mucho material, mucho, Yo pensaba en un adelanto para poder trabajar tranquilo, Pero cambié de opinión, ya se lo dije a ella. Quiero que este libro sea GRATUITO Y LIBRE, y quiero publicarlo por partes. Otra cosa que quiero es que lo vayamos corrigiendo entre todos los interesados. Las críticas tienen que hacerlas por coments, y empezamos ya.
Acá les dejo el posible prólogo que escribí hace dos años.
LA ARQUITECTURA DE LA MENTIRA
           prólogo (julio de 2009)
La idea de este libro nace de la necesidad de ordenar, definitivamente, esta primera etapa de más de cinco años en la cual me dediqué, además de a escribir mi obra, a analizar y corregir el trabajo de otros escritores. Tanto en los talleres como en las clases particulares, presenciales y por internet.
 
Creo, y es un credo heredado de mis principales maestros, que la literatura debe ser pensada. Quiero decir con esto que no sólo hay que pensar la historia que estamos escribiendo, sino que, como escritores, es necesario que pensemos en La Literatura, así, con mayúsculas, aunque pueda sonar pretencioso o fuera de moda. Es que pensar en la literatura de esta manera, nos llevará directamente al único problema al que se enfrenta un artista, sea de la disciplina que fuere: la forma. Y en la forma literaria yo incluyo el contenido. Porque veo al contenido como forma misma, de igual manera que, en una casa, veo los muebles como parte de ella.
 
En una casa, por ejemplo, la distribución de los ambientes, las terminaciones y los muebles me hablarán tanto del arquitecto como de las personas que habitan en ella. Y la estructura, o sea, las vigas, columnas, paredes y losas portantes, cumplirán la función de sostenerla sobre mi cabeza para que yo pueda escuchar ese diálogo sin que el todo se me derrumbe encima.
 
Tengo, al momento en que escribo estas líneas, un poco más del doble de obra escrita que publicada. Esto no me convierte ni en un héroe ni en un imbécil; creo, profundamente, que esto me convierte en escritor. Porque es fundamental, luego de haber escrito un texto, retenerlo y trabajarlo todo el tiempo que sea necesario para convertirlo en una obra de arte. Sin la certeza de que ello vaya a suceder, “sin esperanzarse, pero sin desesperar”, como diría Raymond Carver.
 
Durante el tiempo en que yo retengo mis escritos, pienso en ellos, trabajo sobre ellos, vivo mi vida cotidiana bajo la angustia de no haberlos terminado, bajo la alegría de haber encontrado algo de luz en alguna parte de ellos, bajo el influjo continuo de lo que podrían llegar a ser si… Mis alumnos saben que algo muy parecido, por supuesto en grado menor, me pasa con algunos de sus textos. Durante todo ese tiempo, digo, yo pienso y reflexiono permanentemente sobre literatura. Y eso quiere decir que me vuelvo un ser analítico, no sólo de lo que escribo, sino de lo que leo en los libros y de lo leo en mi vida cotidiana. Porque es como si en esos momentos dejara de vivir simplemente, para vivir a la vez que analizo. Yo aprendí a leer la realidad para sobrevivir en la calle, y eso me ayudó a aprender a leer ficción. Porque leer a secas no alcanza, hay que saber leer para convertirse en un buen escritor.  Y a la noche, cuando termina algo y empieza otra cosa (porque sobre todo me pasa cuando no puedo dormir), dejo un registro en casetes TDK de tal o cual problema de una historia y tal o cual solución posible, mezclándolo todo, lo que viví en la realidad con lo que vivo en la ficción. Y ese es el único diario que llevo: el diario de mis desvelos, un diario oral, dictado desde la oscuridad de mi cuarto al grabadorcito de mano que me regaló el gran violinista Héctor Almerares. Y de esas grabaciones parten la mayoría de los ensayos, ejercicios y reflexiones que van a encontrarse en este libro. Y más vale que de ahí, surgieron todas mis ideas, incluyendo la más análoga, la reciente: En cinco minutos levántate María.
 
 El libro lleva el título La arquitectura de la mentira, por la siguiente razón. Durante un tiempo, me dediqué a la construcción de casas y de edificios industriales. Sin ser arquitecto ni ingeniero, llegué a realizar grandes obras en este rubro. Tengo que decir que aprendí mucho, y tengo que decir que de la misma manera autodidacta en que aprendí a levantar un edificio, aprendí a escribir. Siempre, en los dos casos, con un maestro de guía: alguien que sabía mucho, alguien a quién igualar iba a ser casi imposible. Siempre, en los dos casos, dedicándole muchas horas a ver de qué manera lo había hecho otro, y a pensar de qué manera lo haría él/ella: mi maestro. Pero con orgullo, diciéndome “Si otro lo pudo hacer, yo también”. Un motivador que creo válido para cualquiera.
 
Supongo que de haber estudiado medicina este libro se hubiera llamado La anatomía de la mentira, o algo similar. Y eso es porque uno hecha mano a su propia experiencia para todo, uno es el hombre que se tiene más a mano y sería estúpido descartar lo que se tiene más a mano. Los buenos, muy buenos, y grandes escritores, han convertido la propia experiencia en propio lenguaje. No tengo duda de eso.
 
Hablemos entonces en mi lengua: uno construye un texto de ficción de la misma manera en que un arquitecto construye una casa. Uno sabe lo que quiere pero a la vez tiene una idea aproximada, muy aproximada de la forma que va a tomar eso quiere, de la forma que necesita. En arquitectura eso se llama anteproyecto. Y como su palabra lo expresa es anterior al proyecto, es anterior al primer borrador. Es un sueño, una sensación rayada en crayones, una silueta proyectada desde el alma. Un susurro que puede morir si tan sólo lo nombramos en voz alta.
 
Por supuesto que un arquitecto no quiere producir emociones, no es su objetivo, pero los grandes arquitectos terminar por producirlas, los grandes arquitectos son también artistas de la construcción.
 
Nosotros sí queremos transmitir una emoción exacta que hemos sentido, o que hemos imaginado que podíamos sentir, y para hacerlo elegimos lo que para mí es el mejor camino: la mentira. Y si la mentira es hermosa puede que suceda el hecho estético, y si el hecho estético sucede hay narrativa de calidad, hay arte.
 
Pero al igual que un arquitecto vamos a partir de un anteproyecto, de una forma sospechada que sea el continente de lo que queremos amparar, de lo que queremos llevar intacto hacia el alma de otro ser. Otros ser libre, otra libertad diría Sartre: el lector.
 
Entonces los cimientos, las paredes, las vigas y columnas tanto como las losas de esta casa, no pueden ser meros adornos, meros impactos decorativos, no pueden ser utilería, globitos de colores, tortitas para el té. No. Tienen que sostener lo que hay que sostener, tienen que resistir lo que haya que resistir. Y para eso deben ser hechos con solidez, en el momento indicado para cada uno, con el tiempo de espera que cada material necesite para fraguar, para hacerse resistente. Si se carga demasiado una losa, se cae; si se carga demasiado un texto, se derrumba. Es lo mismo. Y con la misma paciencia, y de manera colectiva (arquitecto, albañiles y contratistas, proveedores, inspectores, etc) en que se construye una casa, de esa misma manera se construye un texto literario. La literatura es un hecho colectivo también, luego de nuestro anteproyecto vendrá un proyecto un poco más específico. Luego empezaremos a escribir, y tendremos seguramente a nuestros lectores de confianza, que puede ser otros escritores, pero que también pueden ser gente que no escriba, que entienda lo que queremos hacer o no; gente, por ejemplo, a la que consultamos porque sabe sobre el tema en que escribimos y puede aclararnos tal o cual cuestión; y, por supuesto, libros que otros hayan escrito: influencias directas, ejemplos artísticos válidos, que vengan a iluminar nuestro caso en particular.
 
Todo esto nos ayudará a cumplir rigores, a salvar exigencias. La belleza hay que encontrarla ahí, porque esa va a ser una belleza duradera, contundente, violenta, cruda, feroz. La pintura vendrá al final, porque los colores que elijamos van a ser el resultado de la concepción de un todo, no un mero maquillaje para tapar lo que al primer portazo se nos caería encima y nos dejaría sepultados bajo una pila de mampostería barata.
 
Si se escribe desde ese lugar se escribe desde lo profundo de nuestro ser, y si se escribe desde lo profundo de nuestro ser no hay riesgos, lo garantizo.
 
Adelante los interesados entonces. Lean, critiquen, destrocen este libro. Que para eso fue escrito. Porque les aviso que nada de lo que está aquí va a poder salvarlos, nada va a ser la palabra mágica que están algunos esperando. Lo único seguro es que hagan sonar las teclas de una vieja Hermes 2000 o una Undewood, o de una PC de última generación. Que las hagan sonar día y noche: ampollas en los dedos, martillar de botoncitos. Hay que darle y darle a la cosa, decía Boukowsky, y tenía razón. Y nunca se olviden de que la casa que construyen no es para que el lector la mire de afuera, es para que la habite. Entonces nada de trucos porque el que vive ahí adentro se va a dar cuenta. Nada de sorpresas porque la segunda vez que pase por el mismo lugar ya no se va a sorprender. Hay que escribir horas mirando de frente la realidad de nuestra ficción, y si al terminar cada página uno siente que se ha quedado vacío, que no hay manera de seguir, que parece que ahí se terminó todo lo que teníamos para dar... a poner otra hoja blanca, a mirarla un rato, que vamos por buen camino.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Pablo mi nombre es Mauricio y tengo que decirte que gracias a tu trabajo comencé a leer a autores geniales como a Carver y Cheever (puestos así, juntos, parecen el nombre de una Sociedad anónima, ¿no?). En fin, creo que haberme acercado a estos maestros por medio de tus textos y entrevistas me inspira una enorme gratitud hacia vos y te vuelve, por añadidura, una especie de puntero literario. Estoy bastante de a cuerdo con la noción que manejas sobre el trabajo del escritor. Creo que de verdad se debe entender "el oficio" antes de teorizarlo (porque hay mucho teórico dando vueltas, como sabrás). Estoy seguro que soy demasiado inexperto todavía como para definir una noción de escritura que me deje satisfecho. Supongo que a veces eso lleva una vida. Pero textos como este me sirven para echar un poco de luz a la cuestión. Estoy seguro de que se tiene que "aprehender el oficio", razonar el "por que" de los procedimientos y el sentido del acto de narrar, antes de tirar originales en las editoriales o diseminarlos por concursos y revistas. Es, ahora lo se, un trabajo solitario pero fundamental.

Se agradecen las reflexiones.
Ya puedo declararme seguidor oficial de tu Blog. Aunque la palabra oficial me de una leve urticaria ...

Un saludo desde el oeste bonaerense.

Mauricio Marquez.

Makuni dijo...

Tres correcciones, señor:

1-no sólo de lo que escribo, sino de lo que leo en los libros y de lo QUE leo en mi vida cotidiana

2-Uno sabe lo que quiere pero a la vez tiene una idea aproximada, muy aproximada de la forma que va a tomar eso QUE quiere.

3-Bukowski

qué ganas de verlo impreso!

Nuncio dijo...

"Seré yo, será el silencio, allí donde estoy, no sé, no lo sabré nunca, en el silencio no se sabe, no puedo seguir, seguiré."
"El innombrable" de Beckett es increible. Pero, podriamos, ya que esto, lo corregir entre todos, borrar a "La innombrable" jeje.
Abrazo padre.

Nuncio dijo...

"Seré yo, será el silencio, allí donde estoy, no sé, no lo sabré nunca, en el silencio no se sabe, no puedo seguir, seguiré."
"El innombrable" de Beckett es increible. Pero, podriamos, ya que esto, lo corregir entre todos, borrar a "La innombrable" jeje.
Abrazo padre.

Anónimo dijo...

Gracias.

Anónimo dijo...

Muchas gracias Pablo, lo recopilaré. Y sí, sin acrobacias inútiles, hasta el hueso. Eso es escribir. Saludos, Mónica

Anónimo dijo...

Bárbaro Pablo, genial. Te cuento que lo que mas me gusta de esta idea es el concepto de la mentira. Mentir para decir una verdad mas grande!.
Hace poco empece un taller, estoy feliz. Es increíble como las cosas toman perspectiva cuando uno escribe y después lo lee en la hoja impresa. Ahí esta la mentira!. Ahí esta la verdad también. Ya es imposible esquivarle al bulto. Si dijiste una pelotudez,la tenes ahí adelante de tus ojos y no queda otra que cuestionarla. Y si es necesario, creo que hay que cuestionarse uno mismo también. Eso es lo digno de La Literatura. Es también un crecimiento espiritual. PERSPECTIVA, esa podría ser otra palabra para asociar a esta ARQUITECTURA de la mentira.
Hace poco leí tu Ley de la ferocidad. Me gusto mucho. Me conmovió. Te mando un abrazo grande desde Río Negro. Espero que andes bien.

Pablo.

Anónimo dijo...

Perdon, lo mande mil veces, crei que no llegaba. JEJE

Santiago Gómez dijo...

Gracias. Otra vez, gracias.

Anónimo dijo...

PABLO, COINCIDO CON VOS, HAY QUE ESCRIBIR DESDE LAS ENTRAÑAS. HAY QUE METERSE EN LA PIEL DEL PERSONAJE COMO SI ACTUÁRAMOS EN UN TEATRO, PARA PODER TRANSMITIR LAS EMOCIONES.GRACIAS POR TUS CONSEJOS.

Anónimo dijo...

Dale que vamos.
Somos los albañiles.
O los pedreiros, como le dicen acá en Brasil, los que rompemos las piedras para convertirlas en paredes.
Asado al mediodía prometido. Charlas sobre minas. Sobre fútbol. Sobre lo que de verdad importa.
Abrazo de gol.
Leandro.

Anónimo dijo...

muchas gracias.
somos varios los que leemos a los autores que vas nombrando.

Anónimo dijo...

Gracias por su generosidad Pablo, al compartir estas herramientas. Usted produce conocimiento muy útil, y tiene la grandeza de socializarlo. Un abrazo. No sé si las siguientes líneas aporten algo. Las mando igual.


Escribió los primeros capítulos de la novela en dos meses y medio. Tuvo que parar ante un serio bloqueo mental, por lo que aquel año terminó sin mayores avances. Fue al psicólogo. Empezó a tomar Gotas de Bach. Leía cuanto podía, diversidad de autores y géneros. Veía películas, daba paseos. Estudiaba técnicas narrativas. Pero no lograba escribir ni una palabra más. Intentó durante dos años continuarla, hasta que, abatido, se resignó. La historia estaba muerta. Él la había dejado morir.
Los personajes, uno a uno se fueron marchando. Las ciudades, las casas, los paisajes y todo lo sólido que había, se desintegró por completo. Se borraron la trama y la urdimbre del relato. La sintaxis era escombro. Esto pasaba en su mente, donde los restos de aquella ficción quedaron descomponiéndose varias temporadas, hasta desaparecer por completo de su conciencia

Nicanor

Anónimo dijo...

"Yo aprendí a leer la realidad para sobrevivir en la calle, y eso me ayudó a aprender a leer ficción".

Señor Pablo Ramos ¿cómo define usted la "realidad"?

zippo dijo...

Makuni, sinceramente no entiendo ninguna de tus tres correcciones...

Paz dijo...

Querido Pablo, antes que nada gracias enormes por compartir este libro. No me sale mucha crítica porque quedo atrapada por la belleza de lo que leo, quizás después, no lo sé. Me siento un poco tonta por las correcciones que envío, pero las vi, las marqué, y si ya las tenías marcadas es solo desestimarlas. Son correcciones de tipeo, me quedé en lo básico. (van con mayúscula)

<Y eso quiere decir que me vuelvo un ser analítico, no sólo de lo que escribo, sino de lo que leo en los libros y de lo QUE leo en mi vida cotidiana. Porque es como si en esos momentos dejara de vivir simplemente, para vivir a la vez que analizo. [Pensaba esta frase así: porque es como si en esos momentos dejara de vivir solamente, para vivir a la vez que analizo.]

<Por supuesto que un arquitecto no quiere producir emociones, no es su objetivo, pero los grandes arquitectos terminaN por producirlas, los grandes arquitectos son también artistas de la construcción.

<Luego empezaremos a escribir, y tendremos seguramente a nuestros lectores de confianza, que puedeN ser otros escritores…



Releyendo, encuentro algo con lo que no sé si acuerdo. “Si se escribe desde lo profundo de nuestro ser no hay riesgos” No siento que sea así, o no del todo así como para garantizarlo. Primero, las garantías las dejemos para Garbarino decía un amigo. Pero además, creo que sí hay riesgos cuando una se sumerge en sus profundidades, pasa que también creo que son riesgos que es bueno correr. Riesgos necesarios. Riesgos que nos hacen fuertes si los sabemos transitar. O mejor, que nos hacen fuertes sin perder sensibilidad que es lo que más importa. Eso. Creo.

Buenaventura dijo...

Pablo, de tanto andar por la cornisa, tal vez algún día pueda caer... dicen
Y así fue como llegue a vos. Y al fin la vida comenzó a tener otro sentido.
Agradezco de manera profunda toda esta maravillosa arquitectura que construis en cada letra que disparas, con humildad, compromiso y honestidad feroz.
Te abrazo fuerte.
Un maldito santo de tu devoción.

desbordes dijo...

¡Qué reto éste! Comer un texto, regurjitarlo y seguirse alimentando de él. ¿Qué decir frente a algo tan contundente como sincero?, frente a la mentira que se declara como tal, como un vidrio en su transparencia velada por el vapor de una ducha cercana; y escribir sobre él para apenas dejar ver lo necesario. Es muy difícil.

El otro día escuché que alguien dijo que la palabra es la morada del alma o del ser humano, alguna cosa así. Eso a mí me parece hermoso y brutal porque nombrar las cosas, la forma -claro que sí, la forma-, no sólo que les puede dar cuerpo y existencia, llevarnos al mundo de las imágenes sino que también entorpecerlas. Yo por eso encuentro el oficio de la escritura cómo algo muy delicado, igual que un arquitecto cuando hace mal sus planos y caga toda una construcción, son vidas en riesgo, son muertes latentes. Así cuando no se piensa -y antes de pensarla, no vivirla, no sentirla, no haberla matado y resucitado- a la palabra, también se pueden cometer estupideces; claro que no se compara con una mala práctica médica, con la negligencia de un gobierno, pero que sí hay responsabilidad, y no es nada de deberse a cosas que uno no es, a volverse mártir, es otro tipo de responsabilidad ¿no? O así lo creo.

No sé si tenga que ver o no con ‘la arquitectura de la mentira’ pero he estado pensando que una debe de decir las cosas de modo que el Tiempo las habite -o es así como yo me quiero plantear cómo decir las cosas. Me preguntaba para mis adentros si el Tiempo tiene palabras, y claro, sin caer en las trampas de las teorías, la filología, la semiótica, y tantos estantes -que a veces están buenos. Es que es raro porque ¿cómo decir las cosas de modo que se las pueda habitar en el Tiempo y ahí mismo hacerlas perecederas?, porque no hay que olvidar que todo es perecedero, y eso es como un estar al filo. Je. Creo que por ahí va la onda de la mentira ¿no?

Se siente mucho lo que dices Pablo. Me tomé como una hora para decir esto.

Abrazos de una lectora del meridiano,
G.

María José Tafur Bonnells dijo...

Gracias Pablo por mandar palabras que enriquezcan está profunda búsqueda que no deja dormir.