Mis impresiones sobre Dromómanos, el film de Luis Ortega
Ognuno sta solo sul cuor
della terra
trafitto da un raggio di
sole:
ed è
subito sera
Salvatore Quassimodo
Desde que vi la película Dromómanos que quiero escribir algo
sobre Luis Ortega. Pero, lleno de cosas para decir, para compartir con los
seguidores de este blog, algo me impedía sentarme frente a la máquina y
hacerlo. Hoy, al sexto día de estar en Bogotá, me decidí a tomarme un tiempo y,
además de disfrutar de mi primer rato de soledad luego de tanta exposición
(exposición que agradezco, más vale, porque la gente me requiere desde el mejor
lugar posible), estoy tratando de saldar esta deuda que tengo sólo conmigo.
Al instante de enfrentarme a las teclas fue que entendí qué era lo
que me trababa. Me trababa, y ahora sólo me condiciona un poco, el hecho de que
Luis y yo somos hermanos. No “como”: hermanos, sin atenuantes. Este parentesco indisoluble
e incondicional nació hace poco pero (esto fue claro desde el primer encuentro)
existió desde siempre, sólo que la vida y el dios que la comanda (no el azahar,
sino el dios, sea cual fuere) tiene sus tiempos y dispone las cosas de un modo
que a mí ni siquiera me interesa entender. Tan sólo estoy siempre atento a que sucedan
estas cosas. Dicho esto, les doy mi impresión de la película.
Dromómanos es brillante, y no me sorprende porque Luis es
brillante. Carga con un apellido que le juega en contra, y no por el prejuicio
que pueda tener la gente sino por el prejuicio que tienen los artistas, o los
que, al menos, dicen ser artistas. Yo había visto Caja negra y Verano
maldito, y estaban bien, están bien, pero Dromómanos es otra cosa.
No sé de técnicas de cine, ni siquiera sé si me gusta el cine. O sea, la
mayoría de las películas que vi en mi vida no me gustaron, y casi la mitad de
las veces me voy corriendo de las salas, sobre todo de las del BAFICI. Me gusta
Favio, Passolini, me gustan los Kohen y me gusta, sobre todos los demás,
Herzog. Pero también me gusta Duro de matar y no soporto el cine hindú o el
cine Afgano y mucho menos el cine japonés o koreano a menos que se caguen a
patadas. Pero cuando veo a un director que se compromete con la belleza, que se
la juega por su búsqueda; cuando lo veo entero y sólido, moviéndose en los
parámetros de una ética personal a riesgo de que las fieras lo destripen,
obsesionado por lo que hay que obsesionarse: el tono, el lenguaje: la forma;
veo a un artista. Y ahí ya no me importa si es cine, ballet, danza, o lo que
fuere: porque es arte. Y yo amo al arte.
Dromómanos es una obra de arte preciosa y singular. No es
precisa, tal vez porque no es lo que importe en una obra así. Lo que importa es
encontrar, en parte al menos, la sombra de lo que se busca con ansias todos los
días de la vida. Una historia sin historia, porque es eso: la historia de todos
los días de la vida de un grupo de personas bastante singulares. Narrando ese
mundo desde adentro es que Luis logra ´que las imágenes se conviertan en un hecho estético. Porque él es parte de ese mundo que narra, mundo en
el que la anarquía se hace posible (posibilidad permanente), y donde la gente (no los enanos, las
jorobadas, los locos y los borrachos, sino “la gente”, que puede ser todo eso
pero que siempre es mucho más que lo que muestra la superficie) puede vivir en una
paz más que elemental sin que la policía, los manicomios, ni ninguna institución
(sin que el estado) “vele” por ellos. En Dromómanos ellos mismos son los que
se cuidan los unos a los otros, y es la base de ese amor y la medida de ese
amor lo que los hace más o menos vulnerables.
Otra cosa es que parece no tener dirección, o sea, no haber sido dirigida.
Y sin embrago la película sería cualquier cosa sin una dirección estricta. Ya que las actuaciones son excelentes, tanto de los actores como de los no actores. Pero como
si fuera un prosista brillante que hace desaparecer las palabras leídas para
que aparezca la historia (Faulkner, Hemingway, Chejov), Luis hace desaparecer
las manos del director, y creo que lo logra por lo mismo anteriormente dicho: dirigir
desde el ombligo mismo de esa sociedad de dromómanos. Y ahí fue que descubrí
mi segunda traba pra sentarme a escribir: no tiene mucho sentido hablar de esta película, tal vez tan
sólo para tentarlos a verla. Tienen que conseguir una copia del film, y
verla en casa, donde no los moleste nadie al costado de la butaca. El cine es
el peor lugar para ver cine, al menos para mi gusto, al menos para ver este
cine. Vayan a verla o, por mi intermedio, les prometo conseguirles una copia a
la vuelta de mi gira.
Luis Ortega nos devuelve la posibilidad del cine argentino de
autor. Amparemos su nombre de las fieras. Porque este chico es con la cámara
como es en la vida: entero, sensible, auténtico y humilde. Un orgullo de
hermano.

(Del griego dromos, carrera, y manía, locura) .
1. f. Inclinación excesiva u obsesión patológica por trasladarse de un lugar a otro.
2. Consiste en el impulso irresistible a alejarse del domicilio o el impulso de cambiar repetidamente de domicilio.
3. Inclinanción irresistible para andar y hacia la vida errante.
4. Impulsión mórbida por andar.
Sinónimos: poriomanía, drapetomanía, ecdemomanía, ecdemonomanía, manía errabunda, automatismo ambulatorio.

2 comentarios:
Acá en Madrid, no la consigo ni en pedo no? Quiero verla ya.
A mi me pareció realmente horrible
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