27 jul. 2011

A los porteños con swing, a todos nosotros

Este tipo, Rubén Juárez, era también del sur, de mi barrio. Fue el primer novio de una tía querida. Creció con el tango, y viene de los verdaderos tangueros, de los que no necesitaban cartel, ni caras sentidas, ni turistas extranjeros, ni Palermo reciclado, ni nada más que lo que llevaban y llevan adentro de las venas para sacar la magia, el swing verdadero de Buenos Aires.
  Escuchen a Ruben cuando habla o canta este hermoso tango, cuando habla y  canta y toca, o tan sólo cuando habla o canta o cuando toca. Después de esta copa América con tan poco gol, con tan poca gambeta. De estas elecciones horribles, en medio de este tiempo parco, triste, de este egoísmo reinante, de esta época de pataduras que llegan a los puntinazos a la meta, es bueno recordarlo, porque es nuestro hasta la médula. Porque hace tango de verdad, y es inimitable y feroz. Y cuando el canta "parece que Buenos Aires mismo te contesta"
Ruben Juarez, un perla: Mi bandoneón y yo.

26 jul. 2011

Querdio votante de Miguel del Sel

Respeto tu voto meditado, coherente y sabio. Es TU voto, querido pueblo de Santa Fe, y lo respeto mucho, de verdad.
Yo también lo votaría si se presentara en Buenos Aires, de verdad.
Cada vez que pego la cabeza a la almohada y enciendo un rato la T.V. y lo veo a Del Sel haciendo de Papa con Parkinson, haciendo de Mercedes Sosa y gritándole "vieja falsa", o haciendo de homosexual degenerado o haciendo de cantante andaluz y gritándole a una bailarina "Negra reventada" "Traba de dos pesos" etc., etc., etc. Me dan ganas de votarlo. Ja, ja, ja, qué tipo tan divertido. Me pasa lo mismo cuando habla de política, de los problemas de su provincia, de oleoductos, gasoductos o grasoductos. De todo puede hablar este hombre, total, se saca la peluca y se pone el traje.
Susana lo dijo.

Qué bueno va a estar Santa Fe.
Qué buena va a estar esta patria.
Gracias querido pueblo litoral, por esta inmensa alegría.

"El futulo Del Sel está en tus manos" diría el chino de acá al lado. Pero sin dudas, refiriéndose a otra cosa

21 jul. 2011

A los que escriben sólo palabras (músico del mes)

    A los escritores, conocidos-amigos y no tanto. Que a veces leo por interés (las menos), por compromiso (las muchas), por amor (las todas). Escritos casuales, libros publicados, diarios y comentarios, mesas y conferencias. Son tantas las veces que leo los duros relatos de la vida cotidiana, el asombroso descubrimiento de que la vida es dura, de que estamos solos, de que cada día se gasta casi a fondo en sobrevivir, que me cuesta tanto poner alguna esperanza en lo que puedan dar o en lo que pueda salir de tanta mente egocéntrica, de tanta alma empapada de la peor y más burguesa y más mezquina tristeza existencial. 

    La vida es dura. 
    La vida es injusta.
    La vida no justifica, la mayor de las veces, el esfuerzo de vivirla.
    Pero son sólo palabras, y las palabras son nada cuando el objeto oculto detrás de ellas es la mezquina vuelta de tuerca hacia una dudosa estética de lo cotidiano.
   La vida no es dura para quien tiene tiempo de tomar conciencia de esa condición. Y no tiene sentido ni lugar ni mérito el escritor que observa esta obviedad para hablar tan sólo de sí mismo. 
    El escritor que a mi gusto vale la pena es el que observa esto en la realidad del pueblo al cual pertenece. 
    Dos hombres están despiertos a las seis de la mañana. Uno viaja para meterse doce horas en el pozo húmedo de los cimientos del edificio que el otro, años más tarde, va a describir con melancólica prosa poética.
    ¿De qué lado estás, escritor? Son lindos los trenes que corren como serpientes encantadas bajo la luz del amanecer que nos sorprende vaciando la última copa de champán. Son bellísimos, son sublimes, tienen un sólo defecto: llevan el pueblo que hizo tu casa hacia el anónimo matadero de todos los días. 
    Les dejo una respuesta de uno de los mejores músicos que dio el Uruguay: Gustavo Pena (El Príncipe). Sólo un alma luminosa, un hombre que sabe lo que es el hambre y la soledad porque la ha vivido en carne propia podría escribir una letra así:

Qué bueno está comer una polenta
con un frío de tormenta
algo así como andar confundido
y encontrarse a Dios

Qué bueno qué bueno está

Posdata: Revisen a este músico o vean el documental La Cocina.



17 jul. 2011

Lectura de El camino de la luna, con Ciruelo

Comparto esta toma que hizo mi broder Hernán Roselli. Salió muy bien, creo, pero lo más lindo, el abrazo final con mi querido y admirado Manu.


Pablo Ramos - El camino de la luna - Ciruelo from Hernán Rosselli on Vimeo.

La pena es grande, pero el corazón está acostumbrado

Creo que la dignidad y la belleza del fútbol argentino quedaron perfectamente a salvo. Creo que fue digno, porque se jugó a un fútbol por momentos bello, y si bien no fue de lo más efectivo, creo que tuvo que ver más la suerte que  con otra cosa.
Dos grandes equipos frente a frente, dos ideas distintas del fútbol (yo prefiero la nuestra, la que por momentos tiene algo de magia, algo de poesía). No soy fanático de la garra pero la respeto y la selección de Uruguay es una merecedora intachable del triunfo.
Pero justo en estos momentos, donde los medios exitistas tildan de fracaso perder por penales un partido de fútbol, es bueno estar con la celeste y blanca, una gran selección que ya cortará esta racha de quedarse en el camino.
Vamos Lío
Vamos Kun
Vamos Pipita y vamos los pibes.
Arriba de esta y a esperar la revancha que siempre viene.

Les dejo esta foto del ángel de la alegría, porque hubo uno solo, hubo un genio de la lámpara, y vistió la nuestra.


 

13 jul. 2011

Le doy alegría a mi corazón...

...y a alguno que otro más.
     Si hay algo  que les deseo a todos es que puedan ser felices y logren, alguna vez, hacer feliz a alguien más, alguna vez. Además de recibir el veneno de muchos, recibo, también, el amor incondicional de muchísimos más. Cien veces contra una. Casi todos los días, a veces más de una vez por día, me llegan mails como este. A vos te debe pasar lo mismo, seguramente multiplicado por mil, Fito, porque le diste mucho a este país, a este pueblo. Te banco a muerte.
Ah, no digan nada si la nena se comió algún acento, o una mayúscula, las personas pasionales escriben los mails a los tropezones, no los pasan por el corrector ortográfico. Igual se los voy a filtrar.


De: Gabriela Baby <xxxxx@yahoo.com>
Asunto: el sueño de los murciélagos....
Para: pabloramosnet@xxxxxx
Fecha: miércoles, 13 de julio de 2011, 18:28



Hola Pablo:
 soy Martina. Hace poco terminé de leer tu novela "el sueño de los murciélagos" ¡y me encanto!  me gustaron mucho los nombres de los personajes como: el  Rata, Rindome ,Rolando y Marisa ¿sabes como fue que lo leí ? fue asi (o mas o menos asi ) era de noche y termine otra novela (no me acuerdo cual ) entonces paso lo que siempre pasa cuando termino una novela me aburrí fui a la biblio y le pregunté a mamá si tenia un libro de ella para mi y ya debes saber lo que paso me dio tu libro y lo empecé y como te dije antes ya lo termine
                                                                  me encantó el final

12 jul. 2011

Para que se calmen un poquito

Ya está.
Les doy la razón.
¿Saben qué?: tienen razón en todo. Y tienen un odio, madre mía, que les sale de las venas.
Tranquilos, soy muy mal escritor, era una broma. Ninguno de ustedes demostró algún tipo de sentido del humor. Les doy un consejo: maten a este pésimo escritor con la indiferencia. De verdad, no sean tontos. 
Buena suerte.
Va a estar muy bueno.

Buenos Aires, esta vez sí, va a estar bueno (la entrada original)

Les dejo acá la entrada original. Es que, de inútil, la borré. Quise editarla y la borré. Me la mandó Nadim, y la publico porque varios la pidieron.

Porteños: no me refiero a todos los porteños. Me refiero a la mitad de los porteños, a esa mitad que lo votó. Al inútil, al corrupto, al fascista de Macri. Les tengo una oferta, un plan-canje: si tenés mi libro, si compraste mi libro, te devuelvo la plata. Si sos mi lector te pido que no lo seas más. Si visitás esta página te pido que me insultes. Pienso pagarte por todo eso, pagarte siendo cada día más negro. Gastándome el adelanto de mi próximo libro en vino y en cocaína. En televisores de última generación y poniéndole un estéreo al auto para que las tardes soleadas de los bosques de Palermo  se inunden de cumbias que tapen las canciones de Luis Miguel, Leonard Cohen o U2, que son, acorde más acorde menos, la misma mierda.
Si votaste a Macri vos también sos una mierda, y si me considerás a mí una mierda y un antidemocrático por decir esto, me hacés un favor.
 No quiero que me leas, no quiero que me respetes, no quiero que me integres a la mierda de sociedad a la que vos pertenecés.
Yo soy boliviano porque más de una vez el boliviano de la verdulería de enfrente me fió papa y me mató el hambre.
Yo soy colombiano porque dos de las mejores personas que conocí en mi vida son colombianas.
Yo soy mexicano porque soy bien feo y vos decís que los mexicanos son feos.
Yo soy peruano porque vos decís que todos los peruanos roban y yo robé.
No soy ecuatoriano porque los ecuatorianos son demasiado buenos.
Y no voy a seguir porque ya, seguro, con cuatro o cinco países de mayoría indígena, a vos te debe estar doliendo la panza.
Pero te digo otras cosas que soy:
Ex-presidiario.
Drogadicto.
Borracho.
Y aunque solo me acuesto con mujeres (ahora solo con una porque estoy enamorado) soy también: Puto y lesbiano. Además de peronista-cabezón, místico tirando a católico sin papa, resentido y abusador (ya lo dije en un poema que al igual que los villeros me cuelgo del cable y de la luz).
Pero cuidado, cheto del orto, ¿sabés lo que también soy?: un escritor poderoso. un escritor del carajo. Menos cool que pedo de tus amiguitas abajo del agua (eso sí), pero más virulento que Poseidón surfiando la ola de un tsunami.
Hoy quiero perder lectores, te quiero perder a vos, votante de Macri, como lector. Yo estoy parado en la vereda de enfrente, muy lejos de las bocacalles de Palermo, de los restoranes de Madero y de la educación privada y la medicina prepaga. Pero muy cerca de una no tan inútil y no tan tibia literatura.
Que hayas ganado me revienta. Y solo se me ocurre hacer una cosa: escribir, escribir cada vez mejor, escribir como un negro para negros. Eso es lo que se me ocurre que puedo hacer. Y si en estas líneas no hay errores de ortografía es porque se las dicto a un amigo que por suerte terminó la universidad. Pero tranqui, querido cheto, no te voy a dejar sin posibilidad de réplica. Mañana te prometo que escribo yo. Y vos, que hasta ahora tan solo pudiste corregirme errores de ortografía, vas a tener la oportunidad de expresar tu orgullo de clase. Yo tan solo tengo séptimo grado, vos, la conciencia de poseer un alma tan pequeña que te obliga a intentar, infructuosamente, inflarla a golpe de diccionario o a golpe de billetera. Te duele aunque no lo digas, cheto, yo séque no sos boludo. Yo se que sabés que yo soy, que yo tengo, algo que no se puede comprar. Compartimos ese secretito.
Basta. Te declaro la guerra. Por una cosa sé que no voy a morirme mañana. Porque tengo que vivir el tiempo suficiente para patearte más de una vez el orto.

Buenos Aires, esta vez sí, va a estar bueno.

Tristeza.
Esta sería la palabra del día, del año, del siglo, tal vez. Pero es una palabra que define en balotage con Indignación. 
Tristeza e indignación.
Entonces te digo, a vos, cheto, a vos, tachero, a vos lumpen, a vos obrero, a vos maestro/a, a vos músico, escritor, pintor, periodista, ama de casa, viejito jubilado que trabaja en el garage de la vuelta de casa. A vos te lo digo, villero, limpia vidrios, panadero, ferretero, ganadero, abogado, médico, odontólogo. Veterinario, carpintero, bufetero, fotografo, sensible y putito heterosexual, puto tortillero o puta tortillera, argentino, boliviano, peruano, uruguayo, etc., nacionalizado y que podés votar.  E hijo-hija de...
A vos que votaste a Macri... te digo:

ANDATE A LA CONCHA BIEN PUTA DE TU REPUTISIMA MADRE.

Y que te hundas en la basura de la ciudad. Una ciudad hermosa en manos  tuyas, en manos de la derecha, abarrotada de la peor y más peligrosa de las derechas: la de los sub-normales como vos.
Acá te dejo una foto de tus hijos felices. Bueno,de los hijos de ellos, de los chetos. Los hijos de todos los demás enumerados no están invitados a esta fiestita de extasis y yates hacia punta, ¿viste?
Va a estar RE-BUENO.



1 jul. 2011

El camino de la luna

Decidimos, mi editora y yo, sacar mi libro de cuentos en marzo del año próximo. Esta decisión la tomamos porque, básicamente, no tengo ningún apuro por publicar, pero, además, en estos días, surgió un texto que resignificó a todo el libro, que lo terminó de unir, de consolidar como el libro que verdaderamente es: un libro de disculpas, un libro de saldos pendientes con  algunas de las mejores personas que pasaron por mi vida.
          El texto que surgió cambió hasta el título del libro, que ahora se llama: El camino de la luna. Y es el texto que abajo voy a copiar. Es, más vale, un cuento.
         Este cuento estará dividido y repartido sin título antes de cada parte del libro (son tres partes), y al final, luego de un separador de hoja blanca, será repetido bajo este título de manera íntegra y, tal vez, con una línea troquelada para que pueda ser desprendido y regalado, o arrojado al fuego, o al mar, o simplemente, y lo que sería más digno, a las sucias calles de Buenos Aires. Porque de ahí venimos él y yo. De ahí mismo.
         Espero que no se me enojen en la editorial, lo que sí aviso es que no voy a dejarlo para siempre en el blog. Seguramente, ante la firma de contrato, o sea el mes que viene, deba borrarlo y lo haré con gusto.



El camino de la luna
Seguramente fueron los ruidos del paso de los camiones por la avenida Roca. Nunca me pude acostumbrar a ese ruido, vibraba en los brazos, y a mí me temblaba el pulso y metía mal, de costado, como un ciego, afuera de la vena. Los ruidos o el fastidio que hacer eso me provocaba, me tendría que haber animado a decirles que no quería hacerlo, no quería ese rol en nuestra historia y por eso jamás empujé ni una vez el émbolo. Luego esa vez, la única. Y hoy, ahora quiero decir, en esta noche donde acabo de cerrar este libro más contable que literario, me decía:
     --Ya está, con los vivos y con los muertos. Voy a escribir una comedia, ahora, mañana me pongo con una comedia porque ya está.
     Me decía:
     --Ahora voy a poder dormir de noche, o al menos voy a poder dormir en paz.
     Belén descansaba a mi lado. En los otros cuartos, como siempre, gente. Tres amigos, mi hijo mayor, una amiga de alguien. Me tiré junto a ella en la cama y comencé a llorar. De cansancio creo, porque hacía dos noches que casi no dormía. Y el llanto trajo tu nombre, David, y supe que ni ese pago me iba a poder ahorrar. Y supe que si hasta hoy había logrado sostener a puro convencimiento el disfraz de impotencia que le puse a la responsabilidad, tu nombre venía a derrumbarlo todo.
      Y me levanté a escribir.

*

     Nunca supe si la frase se le ocurrió a ella, hoy creo que sí. Es que después de lo que te pasó, después de tu muerte, porque te pasó eso, te pasó la muerte, jamás volvimos a hablar de vos, jamás volvimos a recordar ni un momento en el cual estuvieras vos. Quemamos las remeras. Y nos pusimos cualquier cosa, con frases de otros, con frases en inglés. Bob Dylan, Pink Floyd, The Doors o Leonard Cohen. Nos daba lo mismo. Habíamos perdido lo que vos te llevaste: la frase nuestra, hecha para nosotros, las tres remeras iguales pero con diferentes tonos de violeta. El camino de la luna, impreso en negro y con una flecha negra en perspectiva que señalaba hacia adentro. El mismo lugar de adentro pero en lugares distintos a cada uno. A mí me señalaba el esternón, a ella el pecho izquierdo, el que decía que era más grande, y a vos la panza. ¿Qué es lo que quería decir? No la frase, Mariana, ¿qué es lo que nos quiso decir Mariana con esa frase, con esa flecha? ¿qué cosa nos venía diciendo que iba a pasar? No la pudimos entender, no la entendimos nunca, la llevábamos a una cama, entre los dos, a un hotel cualquiera, y drogados los tres la convertíamos a ella en un cuerpo aislado, en carne a la parrilla. ¿Y sabés una cosa? Nosotros nos convertíamos en ellos. Éramos iguales a ellos, iguales a la policía, ¿te pusiste a pensar en eso? Éramos iguales, metiéndole un consolador gigante en la boca, metiéndole veneno por la vagina y por la nariz y por el culo. A Mariana, loco, que se había jurado indomable y que se entregaba por amor a los dos ¿qué es lo que quiso señalar con esas flechas? ¿qué cosas nos quería decir? ¿Paren de una vez, no sean policías? No se resistió a nada.
     Las flechas son una oportunidad, lo entiendo ahora que corrijo lo que escribo. A vos te señaló la panza para que morfes algo. No debías llegar a los cincuenta quilos y no comías nunca. A mi el pecho porque iba a pagar la cobardía de no enfrentarte. Enfermero, y tanta bomba debió ser una tormenta de sangre, un huracán de heroína que trajimos de Hurlingan y que era para fumar, vos lo dijiste, heroína marrón para fumar, no para meterse, y me pediste y me pediste tanto, mil veces, eras insoportable, y lo hice, pero lo peor fue que ella me miró cuando lo hice, me estaba mirando quiero decir, no con esa cara de puta que tanto nos gustaba, sino con otra cara, una cara horrible, implacable y seria. Y la metimos igual, porque en realidad la metimos, no te daba el cuero ni para empujarla y te ayudé, y enseguida me di cuenta de que esa vez te mataba. No hablo de mí, la droga te mataba, yo te mataba. Qué mierda de hijo de puta, David. Y entró toda, media jeringa, a puro empujón de inflador directo al río de tu vida. 

 *

     Yo me deshice ahí mismo, y como carne hervida con la sangre roja sobre lo blando y marrón te alcancé a decir “basta” pero no pude decirlo con autoridad, lo dije como quien dice un “basta porque no tengo ganas” o un “basta porque ya es vicio” o lo que sea, era un “basta porque te morís” pero ya estabas muerto, respirabas pero la muerte estaba adentro y ella es fácil de meter pero imposible de sacar una vez que corre por las venas, esa es la cagada de todo esto. “Basta”, porque se hace cartón el cuero se hace cuero la carne y se hace carne y nada más que carne todo lo que debería ser otra cosa y venir de otro lugar. Te dije un “basta” liviano, un “basta” desde la imagen, el “basta” que me alcanzó todo este tiempo para poder seguir viviendo, autorizado a vivir por ese “al menos se lo dije” Pero no alcanza. Acá estoy, David, Pablo Hernán Petitto Ramos. Y ni siquiera saqué la aguja que empecé a correr, intenté parar mil autos; no sé, fueron mil, loco, te juro, mil autos hasta que uno me atropelló, pero ya era tarde, para mí, para vos y para Mariana. David, no alcanza la mentira, no sirve, a nosotros no nos sirve porque hubo una vez en la cual nos pusimos en el pecho una frase verdadera. A nosotros no nos lava el mismo agua que lo lavó a Pilatos. No. Y ahora te meto a la fuerza, de a pedazos aunque sea, por afuera pero adentro, en este libro. Como una dosis de verdad purificada en la misa de la escritura, la única misa en la cual puedo comulgar, David, me llevo la carga de Judas, y tal vez aliviado de esto puedas ver hacia dónde apunta la flecha, una coordenada del alma, o algo así, pero es una flecha y tal vez pueda guiarte hacia el lugar que nos inventó Mariana, porque ahí tenemos que esperar, ahí tenemos que llegar para que todo empiece de nuevo, y para que las cosas nos salgan mejor. No existe una luz que lo ilumine, y ninguna estrella que señale el punto cardinal de su existencia; pero yo lo sé, David, seguí la flecha para adentro, porque ahí es donde tiene que estar, si es que aún debe estar, el camino de la luna.