26 sept. 2011

Teatro: simple y contundente palabra que puede contenerlo todo.

Tengo ganas de hablar, caprichosamente y cada tanto, de las obras que me gustan en teatro. Todos los que me conocen saben que yo casi no voy al cine, que miro las películas en mi casa, en un televisor de mierda, y nunca hasta el final salvo raras excepciones: La noche del cazador, Déjame entrar, todosFavio, etc, etc. Siempre las mismas, mil veces.
En cambio amo el teatro desde siempre. No es que haya que comparar, pero siempre se compara. Es como ser hincha de Ford o Chevrolet: yo soy del Teatro.
Este año descubrí dos actores.Me hice amigo de los dos. Alberto Ajaka y Patricio Aramburu. Los dos me conmueven, de diferente manera. Alberto me conmueve y me hace reír, mucho. Con él estamos adaptando La ley de la ferocidad, un unipersonal para el año que viene. Veremos.
      Primero voy a comentar una obra en la cual participa Patricio: junto a Nahuel Cano, Alejandro Hener y Juan Pablo Gómez quién la dirige. 1 hueco. Es algo que escribí para una revista. Ojalá les guste y la vayan a ver.
La obra ganó alguna que otra cosa: Premio Teatro XXI Mejor Dirección / Nominada Premios Teatro XXI Mejor Espacialización. Destacados Teatro del Mundo: Actuación Masculina (Alejandro Hener), Dirección, Autoría. / Programa de Formación de Espectadores/ VI Festival de Teatro Rafaela. Y supe por ellos que La ley de la ferocidad fue fuente de inspiración. !Qué orgullo!  



Va el texto: 


Hasta que puedas quedarte solo
mis impresiones sobre la obra 1 Hueco
Quedate acá, no te muevas, acá, entre nosotros, no enciendas la luz, no digas nada, no les digas nada a ellos, no le digas nada a nadie, no me digas nada a mí tampoco. Quedate conmigo para que pueda estar solo y te juro que me quedo con vos para que puedas estar solo también. Solo cada uno, sabiendo que estamos al lado. Si vos no te vas yo me puedo quedar en este pozo, y no caerme ¿lo ves? Haceme un lugar en el aire, haceme un lugar en tu espalda, hagamos un lugar en algún lugar, el mejor lugar, hagamos un lugar sin salida, un lugar donde la salida sea clausurar la salida. La salida nuestra es la entrada de ellos, es la invasión de los bárbaros, de los que mastican la muerte con la boca llena y barajan el amasijo con ginebra y con café. Igual que nosotros pero lo contrario de nosotros. Ellos son los demás, nosotros somos él, y él es nosotros. Nosotros partidos en tres yocitos de mierda, en tres pedacitos de nada que era algo, partidos en pedazos diminutos, en pedazos insignificantes. Quedate acá que no puedo solo, quedate aca que no podes solo, ni él, nunca pudimos solos, quedate, hasta que puedas quedarte solo.

***

Había una vez cuatro amigos que corrían sintiéndose libres por una hamstera... una vez uno se fue y corrió en la jaula mayor, solo, y logró sobrevivir para jactarse al menos de eso (lo vamos a llamar Hugo). Los otros dos se quedaron; supongamos que el primero lo hizo por miedo, por sentimiento de inferioridad o por costumbre (lo vamos a llamar Lucas), y que el segundo por fragilidad, inocencia y rol culposo de amalgamador frustrado (lo vamos a llamar Maxi). Hasta ahí, todo bien. Y si todo está bien, la obra sería imposible o, al menos, importaría poco: a mí me importaría poco. Pero Matías, el cuarto amigo, es el que va a desestabilizar la ecuación cuando se salga del juego por un lugar imposible, porque de todo laberinto se sale por arriba, y eso es algo impensado para los que habitan el purgatorio de “Pueblo choto”. Matías se va a morir para que empiece la obra, luego de una semana de muda agonía “que no imaginaban tan grave”, para juntar a sus amigos, a la fuerza, en el vestuario del club dónde lo están velando. Y ahí, ellos, amenazados por todo y por todos, van a vivir una aventura de amor, recuerdos, alcohol, peleas, risas, bromas y llanto. En un mundo de seis por cuatro. Espiando por una puerta, en la paranoica frontera del único infierno posible: la mirada de los otros, se van ver obligados a mirarse a sí mismos y a refugiarse, de nuevo, en los mejores recuerdos de la infancia común.

***

Las actuaciones me parecen de un compromiso humano notable. Cada personaje fue construido de una manera personal, plenamente humana, y va a ser “desarmado”, esa es mi impresión, por cada actor frente a un público que de cercano está casi echado encima de ellos. Nahuel Cano y Alejandro Hener son excelentes, y Patricio Aramburu (a través de su entrañable Maxi) se convirtió, desde la primera vez en que lo vi, en un actor que me cautivo el alma, en un ser de los que habitan hoy este extraño mundo mío, hecho de personajes más que de personas, hecho de invenciones más que de realidades.
1 Hueco es una obra sobre la amistad y sobre el amor y por lo tanto sobre el sentido de la vida. Es una obra que reclama que es hora de hacer una impiadosa mirada crítica pero a la vez amorosa de nosotros mismos y de las personas que amamos. Porque por algo amamos a las personas que amamos y, por alguna macabra razón, son a las que siempre postergamos, o dejamos de lado, o hacemos víctimas de los más duros juicios que salen de nuestra boca.
Me gusta que haya un Nosotros y un Ellos, me gusta que 1 Hueco no caiga en ese amor impotente que es la filantropía, lo felicito a Juan Pablo Gómez por eso, y por la puesta, y por el texto que acabo de leer y que es verdaderamente notable. 1 Hueco no es una obra neutral porque los hombres y mujeres que la hacen tampoco lo son. Es una obra para Nosotros, y por eso debemos ir a verla, porque tal vez nos ayude a entender, de una vez y para siempre, que en ese pronombre felizmente discriminatorio y felizmente plural, existe la semilla del único Yo posible... si es que creemos aún en un mundo mejor.

2 comentarios:

Makuni dijo...

Quedate conmigo para que pueda estar solo y te juro que me quedo con vos para que puedas estar solo también. Solo cada uno, sabiendo que estamos al lado.

Punto final del comentario.

PROYECTOS dijo...

Interesante como siempre!