1 jul. 2011

El camino de la luna

Decidimos, mi editora y yo, sacar mi libro de cuentos en marzo del año próximo. Esta decisión la tomamos porque, básicamente, no tengo ningún apuro por publicar, pero, además, en estos días, surgió un texto que resignificó a todo el libro, que lo terminó de unir, de consolidar como el libro que verdaderamente es: un libro de disculpas, un libro de saldos pendientes con  algunas de las mejores personas que pasaron por mi vida.
          El texto que surgió cambió hasta el título del libro, que ahora se llama: El camino de la luna. Y es el texto que abajo voy a copiar. Es, más vale, un cuento.
         Este cuento estará dividido y repartido sin título antes de cada parte del libro (son tres partes), y al final, luego de un separador de hoja blanca, será repetido bajo este título de manera íntegra y, tal vez, con una línea troquelada para que pueda ser desprendido y regalado, o arrojado al fuego, o al mar, o simplemente, y lo que sería más digno, a las sucias calles de Buenos Aires. Porque de ahí venimos él y yo. De ahí mismo.
         Espero que no se me enojen en la editorial, lo que sí aviso es que no voy a dejarlo para siempre en el blog. Seguramente, ante la firma de contrato, o sea el mes que viene, deba borrarlo y lo haré con gusto.



El camino de la luna
Seguramente fueron los ruidos del paso de los camiones por la avenida Roca. Nunca me pude acostumbrar a ese ruido, vibraba en los brazos, y a mí me temblaba el pulso y metía mal, de costado, como un ciego, afuera de la vena. Los ruidos o el fastidio que hacer eso me provocaba, me tendría que haber animado a decirles que no quería hacerlo, no quería ese rol en nuestra historia y por eso jamás empujé ni una vez el émbolo. Luego esa vez, la única. Y hoy, ahora quiero decir, en esta noche donde acabo de cerrar este libro más contable que literario, me decía:
     --Ya está, con los vivos y con los muertos. Voy a escribir una comedia, ahora, mañana me pongo con una comedia porque ya está.
     Me decía:
     --Ahora voy a poder dormir de noche, o al menos voy a poder dormir en paz.
     Belén descansaba a mi lado. En los otros cuartos, como siempre, gente. Tres amigos, mi hijo mayor, una amiga de alguien. Me tiré junto a ella en la cama y comencé a llorar. De cansancio creo, porque hacía dos noches que casi no dormía. Y el llanto trajo tu nombre, David, y supe que ni ese pago me iba a poder ahorrar. Y supe que si hasta hoy había logrado sostener a puro convencimiento el disfraz de impotencia que le puse a la responsabilidad, tu nombre venía a derrumbarlo todo.
      Y me levanté a escribir.

*

     Nunca supe si la frase se le ocurrió a ella, hoy creo que sí. Es que después de lo que te pasó, después de tu muerte, porque te pasó eso, te pasó la muerte, jamás volvimos a hablar de vos, jamás volvimos a recordar ni un momento en el cual estuvieras vos. Quemamos las remeras. Y nos pusimos cualquier cosa, con frases de otros, con frases en inglés. Bob Dylan, Pink Floyd, The Doors o Leonard Cohen. Nos daba lo mismo. Habíamos perdido lo que vos te llevaste: la frase nuestra, hecha para nosotros, las tres remeras iguales pero con diferentes tonos de violeta. El camino de la luna, impreso en negro y con una flecha negra en perspectiva que señalaba hacia adentro. El mismo lugar de adentro pero en lugares distintos a cada uno. A mí me señalaba el esternón, a ella el pecho izquierdo, el que decía que era más grande, y a vos la panza. ¿Qué es lo que quería decir? No la frase, Mariana, ¿qué es lo que nos quiso decir Mariana con esa frase, con esa flecha? ¿qué cosa nos venía diciendo que iba a pasar? No la pudimos entender, no la entendimos nunca, la llevábamos a una cama, entre los dos, a un hotel cualquiera, y drogados los tres la convertíamos a ella en un cuerpo aislado, en carne a la parrilla. ¿Y sabés una cosa? Nosotros nos convertíamos en ellos. Éramos iguales a ellos, iguales a la policía, ¿te pusiste a pensar en eso? Éramos iguales, metiéndole un consolador gigante en la boca, metiéndole veneno por la vagina y por la nariz y por el culo. A Mariana, loco, que se había jurado indomable y que se entregaba por amor a los dos ¿qué es lo que quiso señalar con esas flechas? ¿qué cosas nos quería decir? ¿Paren de una vez, no sean policías? No se resistió a nada.
     Las flechas son una oportunidad, lo entiendo ahora que corrijo lo que escribo. A vos te señaló la panza para que morfes algo. No debías llegar a los cincuenta quilos y no comías nunca. A mi el pecho porque iba a pagar la cobardía de no enfrentarte. Enfermero, y tanta bomba debió ser una tormenta de sangre, un huracán de heroína que trajimos de Hurlingan y que era para fumar, vos lo dijiste, heroína marrón para fumar, no para meterse, y me pediste y me pediste tanto, mil veces, eras insoportable, y lo hice, pero lo peor fue que ella me miró cuando lo hice, me estaba mirando quiero decir, no con esa cara de puta que tanto nos gustaba, sino con otra cara, una cara horrible, implacable y seria. Y la metimos igual, porque en realidad la metimos, no te daba el cuero ni para empujarla y te ayudé, y enseguida me di cuenta de que esa vez te mataba. No hablo de mí, la droga te mataba, yo te mataba. Qué mierda de hijo de puta, David. Y entró toda, media jeringa, a puro empujón de inflador directo al río de tu vida. 

 *

     Yo me deshice ahí mismo, y como carne hervida con la sangre roja sobre lo blando y marrón te alcancé a decir “basta” pero no pude decirlo con autoridad, lo dije como quien dice un “basta porque no tengo ganas” o un “basta porque ya es vicio” o lo que sea, era un “basta porque te morís” pero ya estabas muerto, respirabas pero la muerte estaba adentro y ella es fácil de meter pero imposible de sacar una vez que corre por las venas, esa es la cagada de todo esto. “Basta”, porque se hace cartón el cuero se hace cuero la carne y se hace carne y nada más que carne todo lo que debería ser otra cosa y venir de otro lugar. Te dije un “basta” liviano, un “basta” desde la imagen, el “basta” que me alcanzó todo este tiempo para poder seguir viviendo, autorizado a vivir por ese “al menos se lo dije” Pero no alcanza. Acá estoy, David, Pablo Hernán Petitto Ramos. Y ni siquiera saqué la aguja que empecé a correr, intenté parar mil autos; no sé, fueron mil, loco, te juro, mil autos hasta que uno me atropelló, pero ya era tarde, para mí, para vos y para Mariana. David, no alcanza la mentira, no sirve, a nosotros no nos sirve porque hubo una vez en la cual nos pusimos en el pecho una frase verdadera. A nosotros no nos lava el mismo agua que lo lavó a Pilatos. No. Y ahora te meto a la fuerza, de a pedazos aunque sea, por afuera pero adentro, en este libro. Como una dosis de verdad purificada en la misa de la escritura, la única misa en la cual puedo comulgar, David, me llevo la carga de Judas, y tal vez aliviado de esto puedas ver hacia dónde apunta la flecha, una coordenada del alma, o algo así, pero es una flecha y tal vez pueda guiarte hacia el lugar que nos inventó Mariana, porque ahí tenemos que esperar, ahí tenemos que llegar para que todo empiece de nuevo, y para que las cosas nos salgan mejor. No existe una luz que lo ilumine, y ninguna estrella que señale el punto cardinal de su existencia; pero yo lo sé, David, seguí la flecha para adentro, porque ahí es donde tiene que estar, si es que aún debe estar, el camino de la luna.

13 comentarios:

Nahuel dijo...

"A nosotros no nos lava el mismo agua que lo lavó a Pilatos." mortal esa frase...

abrazo cuyano!

Anónimo dijo...

Uffffffff

Gabriela dijo...

Y ya ves, vengo, paso y leo...
(Y pienso mejor le escribo un mail)

Aca te pido, que la editorial, sea más generosa con la tirada, y después lo consiga, viste, no encuentro tus libros, y deci que otros llegaron y leo de prestado... Pero quisiera que fueran míos...

Gracias. Un abrazo.

Anónimo dijo...

¡Loco!
y qué te importa lo que digan estas personas como Trias o Genovesse o Terranova.
Si vos estás en otro planeta, vos escribís como un demente.
Dejate de joder Ramos, que esas personas van en monopatines y vos en Trasbordador molecular.
Escribí loco, escribí por favor.
Abrazo desde Rosario
Ricardo

Pablo Ramos dijo...

Estimado Ricardo
publiqué tu comentario porque no es ofensivo pero, por favor, hablá de si te gustó o si no te gustó lo que yo escribí. De estas personas (a dos de ellas casi no las conozco, me enteré de sus existencia sólo por la canalladas que hablaron de mí sin saber y sin querer saber,cosa que es peor) y a Fernanda la conozco y, supongo, no merece tener estos amigos que ella elije tener.
Pero bueno, allá ella. No es tampoco una persona que me interese ya de ninguna manera, ni como escritora. Aunque creo que ahí tiene algo para dar, pero algo que a mí poco me interesa
un saludo, ramos

Heroedeleyenda dijo...

Impresionante lo que siento cada vez que leo el texto, la vas a sacar del estadio con el libro.
Un abrazo, amigo.

FulanadeTal dijo...

El domingo, en el Konex, te escuché decir cada una de estas palabras. Después del "Uff" y el frío por los pies, pensé "-Desde ahí se intenta el arte, se expresa. Sinceridad y desnudes del alma. Me encantó!

VANESA dijo...

increible...a lo que nos tenes acostumbrados...me deshizo...

Silvia dijo...

es genial. un beso

Marisa dijo...

Me gusto, y pienso en que tapar un vacio con droga, comida o tipos ni se pueda llenar el vacio.¿escritura tal vez?(?)
que salga, que salga
asi varios revientan. Beso

CLAUDIA VILLAFAÑE CORREA dijo...

Hoy te conoci por los 7 locos, me impactaon tu historia tus palabras y me vine a leerte porque intui que eras uno de los pocos escritores vivos que impresionan, placer de leerte, te sigo. clau

CLAUDIA VILLAFAÑE CORREA dijo...

te conoci hoy en una entrevista de los 7 locos , em impactaste como autor, como creativo desde la ralidad, un gusto leerte, te sigo, clau

María José Tafur Bonnells dijo...

Excelente, excelente. Tienes al lector atrapado todo el tiempo: ¡Me encanta leerte!