15 feb. 2011

Hasta que puedas quererte solo

Queridos hermanos: gracias por tanto comentario crítico, tanto amor responsable. Gracias a ustedes me di cuenta de que esta historia del odio me estaba desviando. No vengo pasando buenos días, no tiene que ver conmigo sino con sustos que me da mi madre: la salud de mi madre.Todo está bien ahora, mi madre también, vuela el jueves a Buenos Aires,.Doy gracias a Dios.
    Borré todas las entradas que nada tenían que ver con este blog, que lo habían (me habían) desviado del objetivo de origen. Sé escuchar, aunque no responda comentarios.
Entonces me dije: ¿que puedo dar? y la respuesta es siempre la misma: lo único que tengo para darles es lo que escribo. Y entonces me acordé de un libro que le prometí primero a mi amigo Sergio Olguín, y luego a mi hada Julia Saltzman. A ninguno le cumplí, es que no puedo escribir lo que se espera que escriba, qué voy a hacer.
    Es un libro que lentamente avanza (ya lo terminaré), de crónicas de adictos en recuperación, más exactamente de los grupos de NA y AA.
    Cada vez que escribo un libro, antes de escribirlo exactamente, le hago un prólogo, una broma que luego no publico, una broma para mí que me permite enfocarme en el libro. Escribo ese prólogo como si el libro estuviese terminado y fuera de otro.
Entonces voy a compartir el prólogo de este libro que llevará, tal vez, mi mejor título: Hasta que puedas quererte solo

Algo importante.a partir de ahora este blog y mi correo publicado va a ser revisado por dos amigos. Sencillamente vana filtrar insultos y no me voy a enterar de nada. Un minuto sin escribir por estos temas, es mi verdadero fracaso.


Palabras preliminares

En noviembre de 1997, bajo el agobio de una primavera particularmente calurosa, llegué por primera vez en mi vida a un grupo de autoayuda. Recuerdo que mi mujer de entonces, la madre de mi hijo menor, me dejó en la recepción de la parroquia la Consolata, en La Paternal, y se volvió a casa para cuidar a Julio que por ese entonces era un bebé de brazos y se había quedado solo durmiendo. Me dio un beso y me deseó buena suerte.
    Yo me quedé en el hall, sin entrar del todo al pasillo que conducía a los salones donde se reunían distintas personas. No había ningún cartel y por nada del mundo me habría animado a preguntar. ¿Qué preguntar? ¿Acá es para drogadictos? Ni loco, pensé, antes me muero.
    Para distraerme me puse a ver la cartelera de actividades de la parroquia, no quería volver temprano a casa y decepcionar nuevamente a mi mujer. Ella estaba contenta, había averiguado todo y le habían dicho que los grupos de Narcóticos Anónimos eran uno de los mejores lugares para dejar de consumir cocaína. Yo la consumía junto con lo que viniera desde los dieciocho años y ya por ese entonces tenía treinta y uno. Estaba cansado, el consumo me había arrastrado por todos lo lugares habidos y por haber, desde hospitales hasta la cárcel. Más de una vez había estado a punto de perder la vida. Había perdido trabajos, amigos, matrimonios, ya casi nadie confiaba en mí y mucho menos me tomaban en serio.
    Miraba los horarios de catecismo, las misas a pedido, los horarios de secretaría y me olvidaba, como hacía siempre, de qué era lo que había ido a hacer a ese lugar. Recuerdo esa sensación, ese vacío particular, ese estar a la deriva. Quedarme horas y horas en un lugar, habiendo olvidado por completo para qué había ido. De golpe una persona, un hombre, algo más de cincuenta años, tostado de lámpara, con unas cadenas y unas pulseras enormes de oro enchapado, salió de uno de los salones y al verme se vino derecho al humo. Me saludó y me preguntó si venía para los grupos.
    Qué grupos, le contesté. Los de catecismo no, flaco, me dijo el cincuentón, y largó una carcajada que retumbó en las paredes de hospital que eran (y son) el anexo de la secretaría de esa parroquia.
    Me reí también y el tipo me pasó la mano por el hombro y me acompañó a la reunión y me presentó como el recién llegado.
    No recuerdo su nombre, no recuerdo su voz, ni si era alto, se me hace que sí, o si era gordo o flaco. Sólo el bronceado y las cadenas, sólo el final y el tono de las palabras que dijo para compartir su experiencia conmigo en el ritual común de bienvenida que se les hace a todos los que entran en esa confraternidad por primera vez.
    Entré y me quedé. Junté casi dos años limpios antes de su primera recaída. Junté casi un año limpio antes de la segunda. Y después necesité de una internación para poder parar. Junté un año y dos meses en la internación, y desde ahí pude juntar más de seis o siete meses sin volver a consumir, sobre todo alcohol (pero en cada recaída volví y volví a los grupos, y cada vez fui recibido sin juicio, con respeto, con silencio al contar el dolor absurdo de ver que siempre se tropieza con la misma piedra. Los compañeros me recordaron que yo me debía respeto, y cuando, avergonzado, cantaba mis recaídas, las palabras eran casi siempre las mismas. Estábamos enfermos. Nos descuidábamos un poco y estábamos otra vez en el horno. Esto es sólo un día a la vez, alentándome así a empezar de nuevo.
    Parece que el momento en el cual se da que tengo que comenzar a escribir este libro hubiera sido planeado. Pero no, no fue planeado. De alguna manera coincidió en forma y circunstancia con una serie de recaídas personales que volvieron a ponerme alerta, que me hicieron pensar, dos días antes de firmar el contrato por este libro, que era hora de volver a encarar el problema como la primera vez que lo encaré: en serio, con toda la voluntad (buena voluntad), que me sea posible.
    Casi siempre un adicto, un alcohólico (que son para mí muy parecidas) saben exactamente por qué vuelven a tomar. Hasta se podría decir que en secreto, su mente lo planea, y él o ella, va concediendo terreno a una idea que crece como un árbol podrido. Y si en un principio ese crecimiento da la impresión de estar bajo control, rápidamente ese control ilusorio o esa ilusión de control (parte de la trampa, parte del autoengaño del adicto), se convierte en una energía ingobernable y letal.
    Más o menos rápido según las personas, según las circunstancias, pero igual de feroz al final del trayecto. Todos los adictos sabemos como empezamos, ninguno de nosotros sabe cómo ni cuando va a terminar. Por eso me parece necesario empezar este libro así, porque el libro va a hablar de personas que como yo, luchan día a día para seguir adelante.
    Que amanecen agradeciendo, sencillamente por el hecho de estar limpios, abstinentes. Un adicto que no consume por 24 hs son 24 hs de milagros ininterrumpidos, es un número contra todos los pronósticos, algo fuera de lo normal, algo que se mantiene a flote pese a tener todas las características dadas para el hundimiento.
    Y de estas personas va a hablar este libro y esas mismas personas van a hablar en este libro. Las que se recuperan, las que rompieron las reglas y torcieron el destino y terminaron con el mito de que adicto se es para siempre.
    Escribo estas palabras y la máquina de escribir apenas me responde. Tengo las manos endurecidas. Hace unas horas me gasté el dinero destinado a la cuota alimentaria de mi hijo menor en quince gramos de cocaína y una botella de medio litro de whisky, y hace unos minutos nomás que terminé de tomarme todo. Estoy torpe mental y físicamente, y quiero dejar registro de esta torpeza, que es un verdadero fondo al cual llegué. Pienso ahora, y lo sé, que estoy muy cerca de volver a arruinarme la vida. Mi mujer se mudó a la casa de unos amigos. Hace dos noches ya, y es lo mejor que pudo haber hecho; al menos sé que esta vez estoy con una mujer normal que no se queda a repartir trompadas, que se corre y me habla al otro día con tranquilidad, tratando de llamarme a la razón. Que escribir no alcanza, que lo que tengo es algo serio, que necesito ayuda, que vuelva a intentar con lo que me dio resultado una vez, ese tipo de cosas. Y ese tipo de cosas que pueden parecer pensamientos tan obvios para cualquier persona es lo que yo necesito oír. Porque la gente como yo abandona las cosas cuando le están saliendo bien, y abandona, por supuesto, los tratamientos que le están saliendo bien.
    Escucho música y escribo, supongo que voy a escribir toda la noche y supongo que este prólogo o esta confesión, como quieran llamarlo, desde ahora va a atravesar el libro o ser parte importante de él. Porque se me acaba de ocurrir que sería valioso llevar un registro de cómo evoluciona mi nueva recuperación, y de qué manera se van dando mis días mientras grabo y desgrabo las historias de otros adictos, mientras escucho de logros y recaídas, mientras recorro grupos, fundaciones, cárceles, hospitales y todo lugar donde un ser humano esté luchando por seguir siendo un ser y por seguir siendo humano. Mientras comparto el despertar de los recién llegados que descubren con alivio la palabra enfermedad, palabra que puede ser temida por muchas personas pero que el día que nosotros la escuchamos respiramos con alivio. Porque nos sentíamos deficientes morales, seres perversos que sufrían y hacían sufrir a los demás, hasta ese día, el primer día en que escuchamos que estábamos enfermos, y que la enfermedad se podía tratar, y que el consumo compulsivo podía parar, y escuchábamos a esos compañeros que hablaban de tres cuatro cinco diez quince años sin drogas ni alcohol, ¿años sin drogas ni alcohol? ¿Cómo es eso? La vida sin drogas ni alcohol era imposible, aburrida sin sentido, mejor morir, mejor seguir igual, mejor sufrir que disfrutar de la vida sin drogas ni alcohol. ¿Cómo es eso? Mejor sufrir que disfrutar de la vida sin drogas ni alcohol. Así de grande es el problema, así de sutil la locura, así de incurable la enfermedad que doblega al adicto que no conoce la recuperación.
    Este libro pretende ser un homenaje a los que me mostraron el camino y a los que siempre están ahí cuando los necesito, un homenaje a su dolor y a su coraje, pero sobre todo pretende, y me hago cargo del romanticismo o lo que sea que esto implique, ser un mensaje de esperanza para el que todavía está sufriendo: el adicto o el alcohólico que no puede parar de consumir.
    Ah, ahora sí, no es que me haya olvidado, es que a propósito las quise dejar para el final. Las Palabras que me dijo el compañero cincuentón, ese que el azar quiso que yo nunca vuelva a ver, ese del cual no recuerdo casi nada. Excepto el bronceado y el oro falsos. Pase lo que pase vos vení, me dijo, que acá te vamos a querer, hasta que puedas quererte solo.

21 comentarios:

Paz dijo...

Pablo querido, otra vez leyéndote. Y lágrimas frente a tus palabras. Con tus palabras. Y mi vida. Y amor. Sólo amor para vos.
y paz.

Anónimo dijo...

Pablo,

Hay que tener un par de huevos para escribir del modo en que vos lo hacés, como se me ocurre que lo ha hecho Marguerite Duras. Y eso es lo que te hace grande. Te deseo mucha fuerza, mucha tranquilidad, muchas mañanas de sol para salir al patio, mucha vida. Y escritura, claro.

Abrazo,

Damián

Marisa dijo...

Hay que tener coraje para meterse con todo eso.¿Acaso no limpia la escritura?

beso

Luna dijo...

Hace unos días un ¿amigo? le dijo a mi hermano: "ya no tomás, ya no fumás, parecés un puto, porqué no te la cortás también".

Ante tal comentario mi hermano se rió a las carcajadas.

Si se lo hubiera dicho 5 años atrás, cuando recién estaba intentando asumir que lo suyo era una enfermedad, él se habría echado a llorar.

Ese amigo no es mal tipo, al contrario, ha estado allí desde siempre, pero sabe que ahora es diferente, porque sabe que mi hermano ya puede quererse solo.

“Hay una estrecha relación entre el miedo a resultar humillado y el deseo de resultar humillado: lo saben los psicólogos, lo saben los novelistas rusos”.
Jonathan Franzen, Las correcciones.

Hasta que puedas quererte solo, tenés que estar atento para arrancar de raíz esa idea que crece como árbol podrido, y así romper de una buena vez ese eslabón maldito de “miedo-deseo”.

Se puede, vas a poder Pablo querido.

Y no subestimes el poder de la “ilusión”, al contrario, alimentala.
Pues esa ilusión de control, si te sirve para sumar un día más, se convertirá en una realidad y en una nueva esperanza.

.

* Nay * dijo...

Abrazo enorme!

Tu sensibilidad explota dentro de mi cuerpo... ¡gracias! nada más que "gracias" y toda la luz del mundo para vos y tu gente querida.

Anónimo dijo...

El amor es un sentimiento irracional, inexplicable. La mayoría de las veces uno ama a alguien (vamos a decir quiere, para que no se asusten) y los “motivos” no son claros, las razones no aparecen. El odio sin embargo, necesita indispensablemente de motivos, se odia alguien porque nos perjudicó, porque nos causó dolor, porque sencillamente sus intereses van en contra de los nuestros o por infinidad de razones.

Quienes te queremos lo hacemos de forma irracional, de forma desmedida, porque nos enamoramos instantáneamente de ese ser que se esconde detrás del cascaron que asusta y ahuyenta. Porque respetamos tu vida y admiramos tu pasión en tiempos tan descafeinados, donde nadie pone el cuerpo, donde el arte es un ejercicio de onanismo puro.

Gracias por todo lo que nos das y celebro que retomes el camino que este blog había comenzado, aunque no puedo prometer que brinde con agua.

Un abrazo enorme, desde el alma.

karus dijo...

Que emoción!, cada vez que escribis,y uno quiere más...bueno esperandote siempre!

maria dijo...

Maestro Ramos: Ojalà que los dias que siguen el universo conspire a que cicatrice ràpido por dentro y por fuera.

Cuìdate Pablo , hay muchos seres mezquino hambriento de corazones sensibles para su alimento.

Un abrazo enorme.
Con el cariño y la admiraciòn de siempre

Anónimo dijo...

El mejor título Ramos. Sin duda.

marcelo dijo...

Pablo querido! no sabia de tantas malas, ahora buenas por suerte. espero verte, darte un abrazo, enorme abrazo cariño admiracion gratitud deseos de que todo este bien para uds

Elena dijo...

Yo no se si se puede, pero te deseo muchos muchos ojalases.

GriceL dijo...

Te quiero.

GriceL dijo...

Te quiero.

Anónimo dijo...

la clases se van a dictar en Bs As
pregunto me interesaria no se como carajo anotarme o hacerme seguidor
soy el checho

Jose Luis dijo...

Hola Pablo:
Leo este "prologo" y escucho tu voz en mi cabeza.
Sabes que que yo se, lo que nos gusta caminar por las cornisas.
Nada puedo decirte ahora, sólo quiero que sientas como yo te siento ahora que estoy ahi, al lado tuyo, en todo momento.
Es solo cuestion de buscarme en tu cabeza, en tu memoria, de algun grupo, en el viaje a la Convencion de Montevideo, en alguna charla de cafe en tu casa.
A esta altura, despues de algunos años limpios y muchos años de grupo, me convenzo que todos tenemos nuestra hora.
La hora de sufrir y la hora de parar de hacerlo. Y ese reloj lo maneja ese Dios que nos podemos crear a nuestro gusto.
Como si fuera el dia y la noche,
un dia nos volveremos a ver en algun grupo.
En ese instante sabre que estas caminando por la vereda del sol, igual que yo.
Un abrazo fraterno.

Jose Luis

soy simplemente Nora dijo...

querido Pablo, no sabes como me impactaron tus palabras, soy madre de un hombre de 28 años, que llega a las drogas, que pasó por todos los tratamientos conocidos, psicoterapia, terapia de grupos, psicoterapia laboral, internaciones para desintoxicarse, hemos ido juntos a tantos lados, he conocido tantos adictos, tantas historias, y he visto como su adicción lo llevo a la cárcel, y allí estuve también, sosteniéndolo, apoyándolo, conteniendo algo que se desbordaba cada tanto y me agobiaba entonces y me duele mas ahora, he pasado horas interminables y peligrosas en la visita a la cárcel, pero no doy más, me apena que solo con que yo lo ame con el alma, y lo acompañe en éste derrotero no le alcanza a mi hijo, leer tu libro es entender que mi hijo no se quiere , y no se si el quererme a mi , a su madre, es suficiente, y me duele , y entendí a través de tus palabras que mi hijo también necesitará aprender a quererse solo, porque el amor de madre no bastó....... gracias por estar del otro lado , sin saberlo, ayudándome..

soy simplemente Nora dijo...

querido Pablo, no sabes como me impactaron tus palabras, soy madre de un hombre de 28 años, que llega a las drogas, que pasó por todos los tratamientos conocidos, psicoterapia, terapia de grupos, psicoterapia laboral, internaciones para desintoxicarse, hemos ido juntos a tantos lados, he conocido tantos adictos, tantas historias, y he visto como su adicción lo llevo a la cárcel, y allí estuve también, sosteniéndolo, apoyándolo, conteniendo algo que se desbordaba cada tanto y me agobiaba entonces y me duele mas ahora, he pasado horas interminables y peligrosas en la visita a la cárcel, pero no doy más, me apena que solo con que yo lo ame con el alma, y lo acompañe en éste derrotero no le alcanza a mi hijo, leer tu libro es entender que mi hijo no se quiere , y no se si el quererme a mi , a su madre, es suficiente, y me duele , y entendí a través de tus palabras que mi hijo también necesitará aprender a quererse solo, porque el amor de madre no bastó....... gracias por estar del otro lado , sin saberlo, ayudándome..

soy simplemente Nora dijo...

querido Pablo, no sabes como me impactaron tus palabras, soy madre de un hombre de 28 años, que llega a las drogas, que pasó por todos los tratamientos conocidos, psicoterapia, terapia de grupos, psicoterapia laboral, internaciones para desintoxicarse, hemos ido juntos a tantos lados, he conocido tantos adictos, tantas historias, y he visto como su adicción lo llevo a la cárcel, y allí estuve también, sosteniéndolo, apoyándolo, conteniendo algo que se desbordaba cada tanto y me agobiaba entonces y me duele mas ahora, he pasado horas interminables y peligrosas en la visita a la cárcel, pero no doy más, me apena que solo con que yo lo ame con el alma, y lo acompañe en éste derrotero no le alcanza a mi hijo, leer tu libro es entender que mi hijo no se quiere , y no se si el quererme a mi , a su madre, es suficiente, y me duele , y entendí a través de tus palabras que mi hijo también necesitará aprender a quererse solo, porque el amor de madre no bastó....... gracias por estar del otro lado , sin saberlo, ayudándome..

Adriana Verocay dijo...

Pablo, hoy te escuché en la radio, creo que del Plata, hablando sobre tu nuevo libro. Me conmovió mucho escucharte y me partió la vida esa frase que escuchaste, así, como si nada, de ese "cincuentón". No tengo idea lo que debe ser estar en tus zapatos...trato de aproximarme desde la razón y desde el corazón para comprender tanto sufrimiento, tanto esfuerzo, tanta lucha...
Leeré algunos de tus libros... por ahora sólo te digo gracias por escribir, por seguir intentándolo y seguramente por ayudar a otros a emprender el camino.
Un abrazo enorme!!

lorena dijo...

Soy de Chile y Pablo Ramos es un descubrimiento para mí, creo que un feliz descubrimiento, es un escritor muy lúcido y muy interesante. Leeré con gran interés todo lo que venga de su puño y letra.

Jimena Acosta dijo...

Fuertísimo, me digo entre lágrimas.