25 nov. 2010

Amor amor.... que te pintas de cualquier color

Tota y yo, cumplimos 6 años juntos. Nació en Sarandí, está operada pero, lamentablemente para mí, sigue siendo muy puta. Igual yo la banco y la amo.
El día que la encontré era una beba resistiendo la emboscada de 2 Dobermann. Logró subir a un árbol frente a Ruben Sport, y dije "es mi gata" (es fácil darse cuenta del sexo: no existen machos de tres colores)
Hace poco fue agarrada por un Pitbull que la dejó en terapia. Operación de por medio acá está. Lindísima. Se va a Salta conmigo porque ella me inspira a escribir. O sencillamente me inspira
Queremos participar a los amigos de este amor.

Gracias Pedro de diario Z por la foto!

20 oct. 2010

Si vos ni leiste a Bolaño

Hace unos instantes acaba de llegar el primer insulto a este blog. Sabía que iba a pasar. Muchas veces al abrir la página y ver que tenía comentarios temí encontrar palabras hirientes, insultos anónimos, gratuitos, como suele suceder en la internet. Pensé también que estaba preparado. Que la moderación me protegía, porque nadie más que yo iba a leerlos y por lo tanto iba a poder hacer como si no hubieran existido.
          Pero bueno, llegó el primero, de boca de una mujer. O al menos bajo la firma de un nombre femenino. Entonces decidí, además de no publicarlo, dedicarle unas pocas líneas:
          Me dolió, tesoro, de verdad, ganaste, me dolió. No me dan ganas de contestarte mucho porque no hay ningún planteo de ningún tipo en el comentario, apenas unos nombres de escritores que a vos te parecen “únicos” Y luego solo decís que te identificás con lo que digo, pero que me vaya a… y viene un insulto tras otro hasta que, supongo, el pudor, o el cansancio te detuvo. Seguramente fue el cansancio.
          Qué decirte:
          Esto que repito, tal vez: me dolió, lo lograste. Y además que te lo agradezco mucho, porque pensé que esas cosas no me afectarían más, que me había hecho demasiado duro. Pero se ve que tanta escritura, tanto tiempo dedicado a esto que se supone que vos también amás, me ablandó un poco. Digamos que habrá sido un efecto colateral, una contraindicación, como quieras llamarlo. Pero bienvenida, te juro, estaba cansado de aquel hombre, cansadísimo.
          En el comentario nombrás a Bolaño a Levrero y al colombiano Caicedo, no sé porqué los ponés como en una “vereda de enfrente”, o algo así. No lo entendí bien. Se ve que al menos me leiste. Je.
          Saco a Bolaño del medio, más allá de ser demasiado obsecuente con sus amigos y nombrarlos permanentemente como los grandes escritores que no son (hablo de Pauls, Neuman, etc) escribió al menos un libro que me gusta mucho “Llamadas telefonicas” Y un cuento de ese libro Sensini, se me quedó en el alma. Casi todo lo demás de él me aburrió, no por las historias en sí, casi siempre buenas, sino porque su prosa me parece un plomazo.
          Con respecto a Caicedo, leí solo “Viva la música” porque lo recomendó Fabian Casas, a quien quiero, respeto y muchas veces admiro. Ojalá ese chico hubiese sobrevivido a sí mismo para corregirlo, el libro se cae pero se nota que él desborda de talento. A mí no me alcanzó ese potencial y ni el más profundo amor y respeto que siempre me inspiran los suicidas, y no pude ir más allá de la mitad de sus páginas. Nuestro Alejandro López escribió una novela notable, con un personaje similar: “La asesina de Lady Di” infinitamente superior a al novela de Caicedo.
          Mario Levrero, y bueno qué decir: de lo peor. Le hubiera convenido seguir con los comics, porque en los globitos entran pocas palabras ¿viste? Me parece un escritor torpe y opaco, pero sobre todo falso. De estos que dicen la palabra “diamante” y yo pienso inmediatamente en un pedazo de plástico marrón. Y si dicen “el amor de una joven hermosa” yo pienso en un viejo con pañales llenando de baba a una adolescente drogada o en coma farmacológico. Qué querés, es “involuntario” como su trilogía. Por suerte hay trilogías voluntarias, pensadas, escritas por un motivo, corregidas hasta morir. No es el caso de Levrero lo sé y claro, la moda más actual es destacar defectos como virtudes, declararlos defectos voluntarios. Yo llamo a eso hipocresía.
          Este hombre (habrá sido un muy buen hombre) es un escritor de segunda línea que hoy se pone en la categoría de maestro con una clara intención: bajar un poco el cielo literario al que debemos apuntar los que nos tomamos enserio la escritura. Hacerla más fácil. Ojo que él no tiene la culpa, él es el menos Levrero de los Levreros, al menos no le pidió nada a nadie. Pero….
          Es así nomás querida dama: estoy en la vereda de enfrente, no tanto de ellos, pero si de vos y de la gente como vos.
          Pero amigos vas a tener, ojo, en Uruguay, en Argentina, en España, en el mundo entero existen talleres con el “Método levrero” (así alguien lo llama en Uruguay). un metodo que supongo debe ser accesible, facil de llevar a delante a pura voluntad disfrazada de desgano existencial. Nada más dale una mirada a la colección Flexes Terpines, o a las muchas antologías que hay editadas. “Publicar cualquier cosa es mejor que no publicar” algo así debe susurrar el método al oído del joven escritor. Y de ahí van saliendo. Y es posible que estén en la lista Granta, o en la lista Guines o en la boca de tal o cual pelotudo de turno que se crea el oráculo de la cultura global.
          Hace poco, sin más, vino un exponente pos Levrero, dio una conferencia en el marco FILBA de por qué hacer arte (él hace arte y perece que d eso sabe mucho). Creo que está en internet porque el tipo este se filma y todo, se adora. Habla como si hubiera inventado la pólvora, pero tiene la pólvora mojada. Y lo lamentable de la conferencia no son las burradas (que no tienen fin), sino el tedio que genera en el alma de los que tenemos alma. Tedio: ganas de que te trague la tierra. Ganas de no ser, de no haber sido nunca, ganas de perder la pelea, de dejar el mundo en manos de esta burguesía cultural, de estos mediocres, mediáticos, medidos, miedosos. La espina soy yo, y otros como yo.
          Te guste o no querida. Podés herirme más y más. Cada insulto lo voy a sentir, te lo garantizo. Lo que no podés, lo que nadie puede ni pudo nunca, es pararme.

                                                                                        Atentamente, ramos

7 oct. 2010

2 presentaciones 2... pa´que bailen los muchachos

Primero se presentará el fin de la trilogía. Esta es una novela donde nuevamente, volví a ponerlo todo. En la voz de la madre de Gabriel, en el recuerdo permanente de mi madre, en la conexión viseral que me une al mundo femenino. esta novela completa mi visión de la vida, del destino, de la humanidad, de Dios. La tercera novela de la familia Reyes (la cuarta, si se toma en cuenta El sueño de los murciélagos)
     No dejen de acompañaeme como lo han hecho siempre. Presentar un libro es una fiesta. A enfiestarse conmigo entonces.
     Prometo cantar algún tanguito, acompañado también por el  maestro Sergio Blanco.
Y de las estrellas Heker-Snajer-Heredia
     A Gabo lo reservamso para el ND Ateneo.




El Hambre y las Ganas de Comer es el trabajo que tuve el honor de hacer con Gabito Ferro. Un lujo para mí, algo para recordar y contárselo s los nietos. Unos de los EVENTOS DE MI VIDA. Sé que me va a hacer tocar, cantar, hablar. No sé. Es un hermano y es generoso. Ahí estaré. No se lo pierdan, no sean boluditos. Las canciones son hermosas y en vivo vuelan.

En este mismo blog, pueden cliquear en AUDIO y escuchar la cancion Los que quieran

21 sept. 2010

Gracias Abuelas por el nieto número 102

Esta cancion se llama
los que quieran
y se la hicimos, con Gabo (está en nuestro recién salidito disco
El hambre y las ganas de comer),
a las Abuelas de Plaza de Mayo
vaya como nuestro eterno ramos de rosas



letra: Pablo Ramos
música, voz y ejecución: Gabo Ferro
fotos: Timo Berguer



 se buscan tus ojos marrones de almendro / tus ojitos verdes tus ojitos negros      
 se busca la gracia que quiebre el secreto  / se busca en la nieve el calor de un lucero

 se buscan olores, bostezos y risas  / mentones espaldas montones de brisas
se busca llenar un lugar que está hueco / se busca tocar lo que se ama en silencio

se ofrece madera a quién pudiera
 y que quieran los que quieran 

se buscan tus brazos tus fardos de huesos / la misma mirada los mismos consuelos
se busca quien vista el vestido de ella / se busca quién calce perfecto en la huella

se buscan tus dientes ay si vos supieras / qué lindo reía qué lindo que era
se busca la idea del mundo de él / se busca la fuerza que debés tener



Junto a Estela de Carloto, en Bruselas
                                                                                 


   El hambre y las ganas de comer junto a Julieta Mortati
   Berlin, 2010

2 ago. 2010

La verdad antes de la literatura

Hay un texto que escribí que fue fundamental para entender que debía escribir sobre mi padre. Casi nada de él existe hoy en La ley de la ferocidad, pero sin embargo, la novela entera podría caber en este texto. Lo transcribo aquí para que no se pierda entre los originales de máquina de escribir que nunca fueron pasados a computadora.
“Mi padre había terminado de arreglar esta casa en donde vivo tan solo un mes antes de su muerte. Yo la había comprado casi destruida y él, ayudado por un grupo mínimo de personas se había embarcado en la empresa de restaurarla. Obsesivamente, como nunca antes lo había visto trabajar, agotó lo que yo creo fueron sus últimas energías en volver esta propiedad antigua y no muy noble, a lo que él supuso debió haber sido su esplendor original. Tardó un año y superó todas las expectativas posibles. Mi padre era así, no arreglaba las cosas, las renacía. Pero lo que quiero contar está lejos (aunque también se relacione con eso) de ser una enumeración objetiva de lo que fueron las habilidades manuales de mi padre. Lo que quiero contar es una historia que recién hoy, a casi cinco años de su muerte, me aproximo a entender. La historia de un hombre (mi padre) que formó una familia y que nunca pudo habitar en ella. La historia de un padre (mi padre) que nunca pudo comunicarse con sus hijos. Una historia de ausencia, pero también de cómo intentó reparar esa ausencia de diferentes maneras, al final de su vida; y en mi caso (soy el mayor de cuatro hermanos) de cómo eligió hacerlo en esta casa: mi casa, en cada pedazo de madera y de cemento, en cada puerta, piso, instalación; en cada mueble que revivió con sus manos.
Muy mal de salud, con poca vista, casi una sombra del hombre que había sido, llegó al final. Hasta casi el final porque tuve que decirle basta. Es que si no, no me habría mudado nunca. Tal era el grado de perfección con el que quería hacer las cosas. Él, que siempre había dejado todo lo nuestro por la mitad.
Ahora sé que no me di cuenta de lo que hacía cuando le dije que ya no quería a nadie en la casa; que, después de más de un año de obras, quería mudarme. Él nunca hablaba de nada, mucho menos de lo que sentía o de lo que pretendía de mí. Todo había que adivinarlo, y no era fácil sacar algo de su mirada. Los ojos de mi padre eran ojos ausentes, y si reflejaban algo ese reflejo tenía que ver con el pasado en el cual, con toda seguridad, se habían perdido hacía tiempo. Tal vez, desde la muerte de su hermano Juan.
Me mudé y él siguió viniendo por más de tres meses, todos los días, a hacer alguna cosita que le había quedado colgada. Le dije que dejara de venir a trabajar, que viniera solamente a visitarme, se lo dije con severidad, porque si le hubiera dado opción todavía estaría trabajando acá. La puta madre. A eso me refiero cuando digo que no entendí. Nunca llegó a visitarme. Yo le dije basta de trabajar en la casa y fue como si le hubiese dicho basta a su vida. Él sabía que estaba haciendo algo más que reparar una casa, sanaba la relación con uno de sus hijos perdidos; o la fundaba de una vez y para siempre. Esta era la verdadera empresa en la cual se había embarcado mi padre. Una empresa en la que arriesgó todo, y en la cual dejó hasta el último aliento de vida.”
En todas estas palabras hay mucho menos de literatura que de verdad. Yo sentía que mi padre había reparado esa relación tan difícil que tuvo conmigo, y me di cuenta, cinco años después de su muerte, de que lo había hecho a través de una metáfora clara: la casa. Y al darme cuenta de eso toda mi rigidez, todos mis andamios de super hombre, se derrumbaron: hacía años que fingía no darme cuenta de que yo no había reparado mi relación con él, y en definitiva no terminaba de registrar su acercamiento. Y fue por eso que puse la primera hoja en blanco con la intención de aclararlo todo. Esa hoja que transcribí arriba. El dolor que siempre sentí por haberme endurecido tanto necesitaba ser ablandado, para salir, para llorar, tal cual dice Gabriel Reyes, el personaje de la novela. Y como para ablandar hay que revolver, raspar el fondo de la herida aunque duela, hice eso, día a día, noche a noche, dejando salir un caos de palabras que no eran capítulos de nada, que eran trozos de dolor, trozos de alegrías pasadas, trozos de desesperación que más tarde traté de organizar en una estructura de ficción que no escondiera su condición de tal, que mostrara los alambres porque la sinceridad era mi bisturí y yo no quería abandonar la sinceridad. Quería seguir cortando. Guiado por esa brújula, sintiendo a veces que escribía una obra notable, que daba en la tecla, y otras que todo era basura, que jamás iba a lograr que semejante caos se uniera y resultara en libro, avancé hasta que agoté todo lo que tenía que decir. Un año escribiendo sin parar. En cinco máquinas distintas, casi quinientas páginas en cajones y cajas de zapatos. Luego como hizo Mendeléiev con la tabla de los elementos, dejé lugares vacíos donde sentía que faltaba algo, corté y saqué, rellené pero sin forzar y preferí la página con intenciones de eternidad a la perfección de la página (un párrafo, al ser pulido, puede ganar belleza y estilo, pero siempre a costa de perder fuerza. En casi todos los casos esto es conveniente, en el caso de La ley…, muchas veces no. A mi criterio, por supuesto.). Casi un año más hasta que llegué al libro, a este retrato borroso de mí y de mi padre, guiado por esa simple pregunta ¿qué fingís no saber, Pablo? Pero fue trasladándole la pregunta al personaje que lo supe todo. Porque el personaje solito encontró la última pieza, la anécdota final, la de la bicicleta, que fue en verdad escrita antes que nada, que había sido escrita incluso antes que El origen de la tristeza.

Algo así me paso, los saludo. Ramos.

28 jun. 2010

Intermezzo Sarlanga para los pibes de mi barrio

Escucharán por ahí:
que ayer se jugó mal, y es verdad
que el primero de Carlitos fue orsái, y es verdad
que con el segundo rompió el arco, y es verdad

que el Pipita en el área es un tiburón en una pecera
bueno, eso lo escucharían en Sarandí
si estuviera vivo Sarlanga

Escucharán por ahí:
que no merecimos tanto, y tal vez sea
verdad
que México no mereció tan poco, y esa es una enorme verdad
que si no huibieran cobrado el primero....

pero Sarlanga diría: y..sí, si la abuela tuviera huevos, sería el abuelo ¿no?.

Escuchrán por ahí:
No jugamos contra nadie
Corea era malo, Grecia era peor y Nigeria ni te cuento
pero cuando jueguen contra otros
y los otros ganen, a veces con las mismas penas que ganamos nosotros
escucharán que lo de ellos fue una  hazaña.

Sarlanga diría. limpiate las lagañas, querido.

Queridos pibes de mi barrio:
por favor NO SE DROGUEN
NO TOMEN ALCOHOL
porque al Diego, que ustedes quieren tanto, le hizo mal
muy mal
a todos nos hizo mal

no se droguen por favor
pero sobre todo, y esto es lo más importante
no odien lo que son
ni se arrepientan de lo que han hecho sólo de palabra
hagan algo diferente

si se drogaron
lo ven a Totti
o a mi querido hermano Gavilán
ellos los van a ayudar
los van a llevar a los grupos correctos

Odiar lo que son, eso no tiene arreglo
fíjensé en los que se fueron, los que hablan desde el exterior
los que piensan que afuera es mejor
que en Europa o en Norte América
las personas
son mejores

Es importante que sepan que
los argentinos
no sólo somos
drogadictos
fanfarrones
candidatos AHORA
perdedores ANTES
ladrones piqueteros corruptos
y no sé cuanta cosa que pueden llegar a escuchar
revélense contra eso

Los argentinos
somos también
personas talentosas y  extraordinarias
inmensamente humanas
con un enorme sentido del amor y la justicia
con un gran destino que debemos volver a tomar
en nuestras
manos

y lo estamos haciendo
desde un tiempo a esta parte

No somos antiéticos (busquen la palabra "ética" en un diccionario, queridos chiquitos míos. Sin las comillas, no sean burros, carajo)
es una palabra muy importante

Sepan que:
No saludar al rival, como hizo el técnico de Francia, no es ético
traicionar boconeando, como los jugadores de Francia, no es ético
hacer un gol en Orsái o con la mano, no es ético.
No avisarle a juez que la pelota picó un metro adentro del arco, no es ético
Simular un penal y meterlo como Alemania en la final del 1990, no es ético
etc etc etc (manden 7 ejemplos de cosas no éticas y les regalo dos de muza y una coca en
Los Tres Ases)

Pero mucho menos ético, diretamente INMORAL (a buscar la palabra "Moral")
es ser un pais IMPERIALISTA Y RACISTA como Inglaterra
que derrama hoy millones de litros de petróleo al mar en el Golfo de México
y le hace más daño que un gol injusto
aunque de eso se hable bastante poco
en estos días de mundial

mucho menos ético es
mientras tu país (Inglaterra) contamina el mundo
tomar el té a las cinco en punto
sin hacerte el Hara Kiri
en un palacio de mierda
con esa reina miserable y repugnante que tienen

Inmoral, repugnantemente inmoral es:
la guerra de Bush que continúa Obama contra los niños y mujeres de medio oriente
la tortura legalizada en Israel
la derecha francesa y su odio a los negros
la mafia
las dictaduras militares excepto cuando son DICTADURAS DEL PROLETARIADO
(busquen eso por favor, también)
la exclusión social es INMORAL
la servidumbre (que toda la clase media-alta del mundo llamará "la señora que limpia" en mil idiomas diferentes)

INMORAL
es
la deuda externa
que asesina niños por una ganancia estrecha
por unas monedas miserables que se gastan en autos lujosos
o en quesos que huelen a mierda
o en viajes en barco y ensalada de ostras y caviar
en champán
cho ri pan
chin chu lin
o tai chi chuan

perfumes, alhajas
cirujías estéticas

y que nos hacen creer que sólo nosotros debemos
(pero por ejemplo mi adorada Berlin debe el doble que todo Argentina, y no lo paga tan caro)


No justifico las cosa malas con esto
queridos
sólo les digo a ustedes, mis chicos, mis pibes de Sarandí
que yo también me drogué
y les pido disculpas
ya que ahora les dejé
EL ORIGEN DE LA TRISTEZA y EL SUEÑO DE LOS MURCIELAGOS
les dejé algo
por favor léanlo
es de ustedes y para ustedes
y por eso me siento con derecho y les pido
que no lo hagan
(NO SE DROGUEN, no sean boludos)

ustedes
mis hijos queridos
hijos de mis amigos
de mis hermanos
sangre de mi sangre cada uno de ustedes

ustedes que son fuertes
que juegan muy bien al fútbol
(no tan bien como yo, eso sí)
que le pintan la cara a cualquiera
en cualquier cancha

y escuchen lo que escuchen
en estos días
si es malo:
no hagan caso
YO ESTOY FELIZ
y ustedes tienen que estar igual

porque Diego nació en Fiorito (cerca de Avellaneda)
y el Kun Aguero, ahí nomás, en casa,
atrás del cementerio
en Villa Corina

Y llegaron lejos
y están cumpliendo con nosotros

para mí
YA CUMPLIERON

DISFRUTEN de La pulga
que viste celeste y blanca y no la que los europeos quieren que vista
esa sólo la viste por plata
(a mí para estar acá tambien me tuvieron que garpar)

Ah, y si ven a un tal  LAVOLPE
(es un gris arquero que casi nunca en la vida atajó
que se mudó a México y "formó una familia" y tiene nietos e hijos méexicanos, gracias a Dios
todos sanos y ninguno se droga ni se va a drogar nunca)
lo saludan de mi parte
Pablo Ramos
escritor
DNI 17930445
él les va a decir
"Yo puedo caminar tranquilo por la calle"

Cuando se  los diga
ustedes me llaman a mí, al celular
se lo piden a mi vieja
Magán y Belgrano
Señora Nené
y lo invitamos juntos a caminar
un domingo a la tarde 
por La Boca

"Se va a tener que poner un calzoncillo de lata"  diría Sarlanga

Pero Sarlanguita se murió
una lástima, era un tipo muy inteligente

No se mueran ustedes
queridos míos
Vamos LOS PIBES
los de Betito que Dios lo tenga en el cielo también
(cómo se mueren los nuestros ¿no? tantos, tan jovenes, puf)
basta
festejen que el Diego es nuestro

y LAVOLPE es un buen ejemplo
de que
por suerte, queridos,
a veces también exportamos boludos
no vaya a ser cosa que se queden todos adentro

VAMOS ARGENTINA
VAMOS MESSI
VAMOS DIEGO

desde Berlin, corresponsal, Pablo Ramos
(alias Jesús, alias, Locura, para los de Avellaneda)

16 jun. 2010

Cuando se pierde la gracia I

Primera entrega: los que vamos de Feria

A poco tiempo de terminar mi beca en Alemania (beca que no me “comí” solo, que compartí con mis hijos, con una amiga en particular, y con algunos muchos amigos en general −hablo de tiempo, estadía y dinero−. O sea, beca que traté de repartir y que traté de aprovechar ya que terminé lo que vine a hacer y empecé muchas otras cosas, entre ellas este blog) estoy por organizar mi vuelta a Buenos Aires. Frente a la inminencia de volver al lugar que, tal vez, más amo en el mundo y que no pocas veces odio también, surge dentro de mí, como la lava de un volcán ante los movimientos interiores de la tierra, una necesidad imperiosa: salir de acá.
          Yo soy así, desde el momento en que espiritualmente dejo de estar en un lugar, no puedo soportarlo ni un segundo. Y mi cabeza y mi corazón ya se tomaron el olivo unos veinte días antes de que mi cuerpo se tome al avión. Fecha de llegada (si Dios quiere) 8 de Julio, hora estimada arribo a Ezeiza 19:05 hs. :-) 
          Y la verdad es que en este estado de euforia es que quiero hablarles a ustedes, para empezar  a liberar presión, para empezar, como diría mi abuelo, a “irme yendo definitivamente” de Europa, un continente que poco y nada me cautiva. Y en esta especie de crónica de un iniciado a la que se me ocurrió llamar Cuando se pierde la gracia iré, entrega por entrega, relatando algunas de las cosas prometidas tiempo atrás. Y otras que descubrí buceando cada vez más profundo en este “mundito cultural globalizado”, sobre todo de mi experiencia en esta especie de internacional literaria y musical (únicas manifestaciones artísticas que me interesan todavía un poco, cuando me interesan) que he vivido de manera caótica pero cauta.
          Estas entregas van dirigidas, sobre todo, a las personas que vibran en la misma cuerda que yo. Que no son muchas, lo sé, pero que tampoco son pocas, para nada. Muy especialmente van dirigidas a muchos de ustedes que son buenos escritores, deseando ser publicados por primera o segunda o décima vez (da lo mismo) que sienten, tal vez, que se están quedando afuera del “gran momento argentino” alias Frankfurt 2010. Y a los que han quedado adentro y estén descorchando sidra, también, ¿por qué no? Pero quiero centrar un poquito más mi atención en aquellos que esten ahora remordiéndose el labio inferior, diciendo para sus adentros “Publican esta mierda, traducen a este imbécil, y a mí que le puse el alma a este texto no me dan ni pelota, ni acá, ni en Frankfurt 2023”
         Traquilos queridos, ustedes no están locos, si  ese fuera el caso, y tampoco deben esperar peras del olmo:  acá, en Europa, igual que allá, en América, igual que en el puto mundo entero, se premia y se publica cualquier cosa. Como diría la vieja Barrios, asistente de Spinetta: "Te lo digo en 4 palabras, Luí: Cual-quier-co-sa". Pero ojo, cualquier cosa quiere decir que, de vez en cuando, también la embocan. Pero de vez en cuando nomás. Y Frankfurt 2010 será como las ediciones anteriores:  una feria de mercaderes y escúteres donde no se venden libros, sino sinopsis de libros, como pescado que se esta pudriendo en el frízer.
"Sinopsis de libros” no es una metáfora. Acá la cosa funciona así. Mi agente, M.S., que es alemán (aunque muy aporteñado ya desde hace tiempo) me lo contó. Él alquila una minúscula plaza en Frankfurt: un asiento en una mesa larga y superpoblada (tipo redacción diario Crítica pero menos cómoda) con una frecuencia wi-fi donde cuelga su mini computadora y hasta puede darse el lujo de enchufarla. Eso y punto.
Por supuesto la plaza frente al él está libre para recibir al posible cliente: otro agente igual que él, un editor, un escritor, lo que fuera. 

Me gustaría ejemplificar cómo son esas reuniones relámpago basándome en lo que M.S. me contó. Lo mejor va a ser dramatizarlo:

TELÓN

(Ruido infernal tipo vuvuzela sudafricana, pero es murmullo cultural, ojo. Llega el X empleado de una X editorial alemana (a partir de ahora X de X) y se sienta frente a M.S. Este podría ser el diálogo:)

−Buenos días –dice M.S.

−Buenos días –contesta X de X.

−¿Te cuento lo que tengo? –pregunta M.S.

−No, te cuento lo que busco –interrumpe X de X.−: fútbol, policial, y algo de desaparecidos.

−Tengo a NN, un escritor joven, publicó un cuento en EE UU en una revista que fundó Marlon Brando una tarde en que una mala cocaína lo llenó de gases. Es la historia de Juan Pelotas, que en realidad se llamaba Ricardo Zarpado y que de tanto ir a buscar drogas a la villa, por supuesto en la época de la dictadura, se le ocurrió hacer desaparecer al puntero y quedarse con el toco. Bueno, al final lo descubren y lo dejan en pampa y la vía. A partir de ese momento se llama Juan Pelotas, que en argentino quiere decir “El Don Nadie”

−Es interesante –dice X de X mirando el reloj− ¿tiene una abuela voladora, o algo de magia tipo García Márquez?

−No –dice desilusionado M.S.−, pero creo que tampoco tiene escrúpulos, así que si le decimos que la meta la mete. Hasta es capaz de volar él por una publicación.

−O.K. mandamelá a esta dirección.
Cambian tarjetas. X de X está por salir pero mira serio a M.S. y esté, rápido, aprovecha.

−Hay algo que tenés que leer, es otro escritor, mi mejor escritor, algo serio −dice iluiosnado M.S.

−Si escribe frases como Paulo Cohelo, si tiene la habilidad de comparar el fútbol con la vida, mandameló, estamos cerrando una antología del aforismo latinoamericano.

−Ok, veo, te mando todo −cierra M.S. y estira la mano con su tarjeta−. Llévese otra, por las dudas −dice.

−Auf Wiedersehen.

−Auf Wiedersehen (que quiere decir Adiós).
M.S. y todos los agentes, y X de X y todos los editores, se dedican a esto durante siete días con una frecuencia diaria de una visita cada veinte minutos, parando para comer, en medio de una multitud y a lo largo de las seis horas de jornada ferial. El problema no es de M.S., más vale, yo quiero que mi agente sea así, que se mate en esas ferias tratando de conseguirme el tan devaluado pero aún impresionante Euro de cada día, que me tenga a mí y trate de venderme aunque venda también al inescrupuloso y audaz NN. Una de cal y otra de arena, espero.
          Pero lo importante es que no les cuento esto porque sí, se los cuento porque es tan impresionante que no puedo quedarmelo para mí solo. Traten de imaginar, de meterse en ese momento y díganme si no es para volverse loco. La feria es tan multitudinaria que la de Buenos Aires es un desierto, de verdad. Y eso que la mayor parte de la feria transcurre cerrada al público. Hay horas en las cuales estas reuniones se hacen por teléfono celular, porque una de las partes no puede llegar de un lugar a otro, en el mismo predio ferial. Je-je, una verdadera locura cultural, ¿no?
          ¿Se imaginan lo que los tipos como X de X anotan en su Palm o cuadernito Moleskine? Mientras escuchan a los M.S, atienden el celular, contestan MSN, piensan en cómo hacer para atravesar en menos de diez minutos los treinta metros que los separan de la próxima entrevista etc., etc., etc. ...puf. Yo supongo el siguiente resumen en la libreta de X de X para desenlace de nuestra dramatización:
“NN de M.S.” “Villa. Droga. Dictadura. Posible abuela lesbiana volando o teniendo sexo con elefante hembra”

          Ya sé en lo que están pensando. “¿Bueno, después de eso igualmente los X de X recibirán el libro, lo leerán y según la calidad de la escritura decidirán publicarlo o no?” Y... sí... y... no... un poco y un poco... Es difícil entender lo que buscan las editoriales acá. Primero hay que entender que Alemania es un sistema mucho más capitalista que el nuestro. Salvajemente capitalista. Es difícil que una  editorial tome el riesgo de un buen autor si no escribe policiales. Y rechazan muchos libros que les parecen buenos. O “Buenísimos”. Esa es la palabra que la gente de Shurkamp (editorial que viene en picada desde que el dueño murió y en la cual tengo publicado El origen de la tristeza) usó antes de decir que en La ley de la ferocidad “La historia era demasiado fuerte para lo que están buscando editar” y mandarme a la mismísima mierda.
          Ahora, si el libro es “lo que están buscando editar” y está mal escrito, no hay problema. A un traductor amigo, muy amigo, alemán también él y también muy aporteñado (un tipo que defiende y difunde la literatura latina a muerte, la buena literatura latina), le dieron a traducir el libro de un escritor mexicano, o de una escritora mexicana, ya ni me acuerdo (tengo en mente sólo la foto y creo que es una escritora con cara de escritor). El libro está escrito "como el culo" (según mi amigo) pero la historia le interesó mucho a la editorial XXX y decidieron publicarlo. Firmó el contrato para "traducir" y le dijeron: “Esto está muy mal escrito, pero tiene que quedar muy bien escrito”
          Entonces, en el caso alemán, el traductor no sólo traduce, si no que “Reescribe el guión basado en la idea original del autor ” palabras en perfecto español rioplatense que pronunció mi amigo frente a mi incrédula caripela.
          Y así iremos de Feria, con un catálogo que incluye a algunos y excluye a muchos, porque sería imposible, eso se entiende, llevarnos a todos. Con buenas ilusiones. Con mucha expectativa. Pero con las mismas pocas chances de siempre, porque así fue y será la vida del escritor, y mientras algunos mantendremos el precio a muerte otros se pondrán en mesa de saldo y lo largarán todo a 3 por 1 Peso. Bueno, perdón, por 1 Euro.

         Para finalizar les digo que los alemanes se cansan rápido, de todo, menos de subir las tantas escaleras que hay que subir en Berlín, eso sí (casi no existen los asensores ni los edificios de más de cinco pisos acá). Somos el país invitado de honor de este año y eso es la gran novedad. Lo fue todo el año porque hubo una enorme cantidad de eventos antes de la feria porpiamente dicha que es en agosto (en la primera foto estoy hablando en Bruselas "Literatura y memoria" como parte de esos  eventos pre-Frankfurt. En la segunda había tomado unas copas, jeje. Y en la tercera casi me ahogo). Y en todos estos eventos fue necesaria y obligatoria la figura del escritor argentino (tan traducido hoy al alemán gracias a la buena idea del Estado argentino de subvencionar a las editoriales pagando parte de la edición), una figura simpática y muy llamativa: la figurita del momento. Y por esa misma causa, porque nos ven  hasta en la sopa es que nuestra imagen esta destinada a envejecer frente a los ojos consumistas de los alemanes a la velocidad de la luz, bueno, no tanto, tal vez a la velocidad de la "Unificación Alemana" que fue bastante rápida también. Y el año que viene, cuando se desinflen los últimos globos celestes y blancos,  seremos mala palabra, como lo son hoy los escritores Chinos (invitados de honor 2009) y como lo es la vieja RDA. Así se vive y se muere en este reino de la pantalla plana y el  e-book, y la mar en coche.
          Pero hasta ese momento habrá mucho "Asado literario". Que se lo traguen y ¡salud! Me voy a dormir feliz porque goleó Uruguay y alguien a quien  quiero mucho está muy contenta y en su locura escucha bocinas de supuestos uruguayos festejando por Berlín. Y mañana juega el Messi de Diego!!!!!
Buenas noches, Felices Pascuas, la casa está en orden. Etc. Etc. Etc.
Ah: Que Pelé le pele el plátano a Platiní y se lo meta por el culo.



(Continuara con la entrega II  Toallín también escribió un libro)
        

5 jun. 2010

El hambre y las Ganas de Comer

Queridos amigos del blog.
Estoy a mil. De verdad. Sobre todo con la salida de mi nueva novela. Retoques, cambios, contrato, dossier, tapa, contra-tapa, solapa... tocata y fuga de una parte tediosa pero muy necesaria de la realización de un libro.Tediosa porque no es lo del escritor, porque uno ya está podrido, ya está escribiendo otra cosa, ya no quiere saber nada con la novela esa que "va a salir". Porque en rigor, YA SALIÓ, de uno, jeje... ustedes saben bien a lo que me refiero.
Por eso la borrada, aunque tengo muchas ganas de hablar (esto no es escribir, lo repetiré siempre) de Sergio Gaiteri, de José Campus. Los pongo de ejemplo porque preparo un especial de cada uno de ellos como hice con Liliana Heker.
Le pedí a Fernanda Trias que me escribiera algo, pero resulta que ella está a mil también, con la corrección de la versión definitiva de su novela La Azotea. Que de por sí ya estaba muy bien, pero que con todos los cambios y ajustes promete ser un texto maduro y demoledor. Lo digo porque lo vengo siguiendo de cerca, privilegios que tengo a veces con algunos escritores
Cuando ya desesperaba, y luego de la visita de Gabo a Berlín para charlar, pasear y hacer la gráfica de nuestro disco (para la cual mi querido amigo porteño-alemán: Timo Berguer trabajó tan talentosamente sacando fotos y Julieta Mortatti aportando sonrisas, ideas, y la capa) El hambre y las ganas de comer, me llega un mail de él con unas fotos sobre la Feria del Libro de Madrid.
Acá se los dejo. Y pego cuatro fotos, dos de esa feria, una mía tratando de no perder el control de la bicicleta (financiera) y otra más de Gabo y yo, haciendo el papel de estos super héroes: Hambre y Ganas de Comer, que no son la misma cosa pero se parecen bastante. A ver ... ¿quién es Hambre y quién Ganas de comer? el que acierte tiene un disco gratis.

Saludos y hasta pronto, Pablo



E-mail de Gabo Ferro desde la Feria del libro de Madrid

Querido Pablo: hoy fui a la Feria del Libro de Madrid, a conocerla y de paso para ver si encontraba tus libros y los míos.
No se si sabés como vengo con los libros; que salvando los que ya tengo y los que escriben o me recomienda la gente que quiero hace largo rato que no me pasa mucho con la lectura ni con los escritores. No se si será bueno pero este desinterés no me inquieta. Será porque me someto a cualquier estímulo que pueda volver a prender la gana para ver qué se escribe, qué se edita y quien se encarga de la escritura y quien de los trámites. Así que entonces, al menos una vez por semana, visito las librerías como mi abuela visitaba las iglesias: una tras otra para llevarse nada. Contándote descubro que además de ir a la Feria para pasear y buscar tus libros y los míos, la visito para ver si me estimulo, si me secuestra la conciencia algún libro nuevo o algún autor. Pido mucho lo sé; pero no le pido a los libros nada que ya no me hayan dado.
Entro a El Retiro en un día de sol con hombres, mujeres y niños sueltos o de la mano por todos los sitios, sobre el pasto, sobre los árboles y sobre sí mismos. Hace muchísimo calor pero lo disfruto pensando que a mí pronto me llega el invierno.
Llego a la misma Feria. En la primera caseta veo una fila larguísima que va a dar al sitio dispuesto para que el autor se encuentre con sus lectores para la consabida firma. Como en una de misterio jugueteo con adivinanzas de quien será la celebridad que ha puesto a tantos lectores a la espera y bajo el sol. Me estiro y leo: "Hoy llevate tu libro firmado por Snoopy". Y efectivamente, ahí estaba el mismo Snoopy en trapo y hueso vendiendo ejemplares como estampitas de San José un 19 de marzo. Saco el teléfono y le tomo la foto que te adjunto. Si esto comenzaba así entenderás que no iba a seguir andando sin el teléfono en la mano.
Y se abre la feria con una larguísima hilera de casetas a un lado y al otro conformando en el espacio intermedio un híbrido que resulta entre Caminito y pasillo de súper. Así caminan, mirando los estantes con libros casi como se mira la góndola de lácteos en un chino.
- ¿Tienes más de Coelho? −pregunta una lectora a un vendedor con el mismo tono que probablemente usaría para preguntar si le queda más Gruyere.
Pedir la obra de un autor no debería sonar como cuando se pide un queso.
Entre la masa de lectores que observa el trabajo de una globóloga montada a unos zancos un lector toca el brazo de una lectora con vestido verde con anteojos y pelo como de pubis sostenido por dos enormes hebillas verdes.
- ¡¿Pero que hace?! −le dice la lectora al lector mientras se quita los anteojos -¡Pero que morro! ¡Prefiero que me toque mi antiguo novio a usted!
Ante la soflama de la lectora afinada con un tono apajarracado, el lector comenzó a fundirse discretamente entre otros lectores cosa que puso a gritar aún más a la lectora con voz de pájarito caliente.
- ¡Pero ha visto usted! -me dice- ¡estaba completamente borracho y se venía riendo pero de ahí a sobarme! ¡A mí no me soba nadie! ¡Ha de ser colombiano! ¡Qué raza que debería borrarse!
Me habían contado que estas cosas pasaban por acá y por allá (Ver 1) pero nunca me habían pasado a mí. Le gruñí que ni la raza del diablo debería extinguirse. Algo me contesta pero no la entiendo. Al momento encuentra consuelo en la bien predispuesta atención de los lectores y hasta de la globóloga que desde su perspectiva marca al lector toquetón con el dedo para que la policía lo prenda.
Sigo mirando y buscando en las casetas pero de libros por ahora nada para mí. Me regalan una revista que dice "Nuevos editores para nuevos tiempos" y siento lo mismo que con las profecías de los magos, dicen que van a llegar pero no llegan nunca. Busco la nota de tapa y no está; semejante frase tirada en tapa como un slogan entre entrevistas, fotos y críticas que me suenan ya leídas y vistas. Las mismas poses entre afectadas y relajadas de los escritores los asimila; los iguala como si compartieran cierto aire de familia. La guardo para leerla luego y como si llevar una revista fuera una especie de contraseña; comienzan a entregarme en mano un ejemplar de Babelia, una revista Madrid 360, un ABC, un manual de promoción de la Nueva Gramática de la Lengua Española, una promo de El Capitán Calzoncillos, infinitos señaladores y un pequeño periódico del Centro Español de Derechos Reprográficos que arenga desde cada línea el valor de los derechos de autor y que quien piratea un libro es un delincuente. Un lector criminal; me vuelve el animo.
Pongo todo bajo el brazo para leerlo luego, supongo que en ese medio kilo de papel puede estar el libro, el autor o la editorial que vuelva a traer lo que tuve con los libros.
Hay en un costado una extensa muestra de fotos espaciales. Es dificil acercarse pues está lleno de lectores mirando. Lo mismo los baños químicos señalados para lectoras y lectores. Espero un rato por uno de lectores pero se habían colado algunas lectoras que se toman su tiempo. Las carpitas cerveceras revientan de lectores; lo mismo los carritos de helados, refrescos y bocadillos. Intento ver libros en una caseta pero es dificilísimo acercarse pues una lectora le describe algo a su compañera, supongo algo que ver con los libros allí dispuestos pero no; le recitaba su elenco de sandalias.
- Una con pulsera de cuero
- Treeeeees…. – le cantaban dos pequeños lectores el número de pares
- Una con detalle de bañadores
- Cuaaaatro….
- Una con flores doradillas
- Ciiiiiiincooo….
Aborto la visita a la caseta pues las lectoras no piensan moverse y la cuenta seguía. Ya estoy desanimado y salgo de la Feria unos pasos para tomar aire. Una chica me regala una pluma. La tomo, a la pluma, y tiro el medio kilo de papel que tengo bajo el brazo. Dejo a las lectoras y a los lectores para irme a tirar al sol entre los hombres, las mujeres y los niños porque a mí pronto me llega el invierno.
Ah! Tus libros no están; los míos tampoco

Notas al pie:
1- Gabo se refiere a Alemania, en particular a las cosas que a veces te dicen acá. A algo muy feo que me pasó con Neonazis.
2-La foto con Gabo y la mía en bici desbocada son propiedad de TIMO BERGUER
3-Las fotos de la Feria de Madrid son del propio Gabo sacadas con su teléfono

16 may. 2010

26 abr. 2010

Taquigrafía involuntaria

Estoy, como es habitual, perezoso para escribir. Mirando películas malas por internet. Goles del Diego, del Bocha, del Kum, de Palermo, de Román, etc. Hasta del Toti Iglesias, juro. Musicalizados o mudos. Quemándome las pestañas con la mala definición de youtube. Así estoy, en esta primavera fría de Berlín. Hoy me levanté con culpa (recuerdo a los que ya saben y aviso a los que no saben, que tuve una educación católica) y me dije: “Tomé esta responsabilidad de tener un blog: tengo que escribir algo. Al menos una vez por mes como prometí” Y la verdad es que el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos y... yo no escribo. Bueno, para el blog.
Escribir, en rigor, escribo. Respondo muchos e-mails por día. Tantos, que en el apuro,  la mayoría de ellos (me lo han dicho ya algunos amigos), son “inentendibles”. Gramatical, ortográfica y semánticamente, inentendibles. Es que yo tengo serios problemas a la hora de teclear mis pensamientos en computadora. Aún en este teclado, que le agregué a la notebook y que viene querer suplantar al teclado, tan maravilloso, de una máquina de escribir. Extraño tanto a mis máquinas de escribir (tengo, en funcionamiento, dos en Buenos Aires (de las cuales muestro fotos aquí mismo) y dos en Salvador de Bahia (las cuales tengo que viajar a recuperar el año próximo)). Al intentar escribir rápido suelo apretar dos teclas al mismo tiempo, o aún tres, y dado que apenas uno las aprieta las teclas de una PC responden (o sea, que no se puede apretar más profundamente una tecla que la otra, como en una máquina de escribir), se produce algo así como una taquigrafía involuntaria, que nadie más que yo puede entender y que siempre corrijo (cuando escribo ficción) en el segundo borrador.
En el caso de los e-mails, el tedio de tener que responder tantos, sumado a la ansiedad de hacerlo, al temor de ser maleducado y responder tan corto que quede desproporcionado en relación al recibido (digo esto porque generalmente la gente me escribe verdaderos pastorales), son una mala combinación para mí. porque escribo sin mirar la pantalla y aprieto ENTER voluntaria o involuntariamente (intenciones que muchas veces se me confunden) y andá cantarle a Gardel.
Por ejemplo, hace poco, ante las apuradas de Amalia Sanz, de LAMUJERDEMIVIDA, para que entregue la nota que salió en la última edición de la revista: Matrimonio SI – No, ¿la leyeron?, escribí un e-mail poco presentable. Yo estaba atrasado, y además no sabía qué escribir porque el tema, en principio, me parecía poco interesante. Amalia insistió e insistió, como debe hacer un buen editor al menos conmigo y logró que, sobre la hora, yo escribiera algo. A uno de esos "desesperados" pedidos por e-mail respondí lo siguiente:
Esto re complid  
ao
No me dejan en paz ni un misn uto
Festival ac´pa
Charla allá tengo los huevo sllenos y vos querés que para
Para esrivir un anota sobre le matrimonio
Tge mandaria ala ,ierda si no te quisiera tanto
Pero qcomo te quieo tanto
Mañana tenés lanota.
Traducción:
Estoy re complicado.
No me dejan en paz.
Festival por acá, charla por allá, tengo los huevos llenos
¿Y vos querés que pare para escribir una nota sobre el matrimonio?
Te mandaría a la mierda si no te quisiera tanto.
Pero como te quiero tanto, mañana tenés la nota.
Pero ojo, los hay peores. Este es un mail que lemandé a Sergio Blanco, un guitarrista amigo con el cual estamos preparando unos tanguitos, chequeando tonalidades y eso, para un futuro show:
Erp tncel tema
Estr dio tono arriba
Queda em alto
Jajalo unpoc,
Un semiotono estaeía beim
¿Se animan a traducirlo? Es fácil , hay que ponerle onda.
Bueno, encontrarán la respuesta al final de esta entrada.

También quiero decir que dejé a propósito la nota sobre Liliana Heker un tiempo largo. Para que sea leída por la mayor cantidad de personas posibles. Y que, en este tiempo, terminé la corrección casi definitiva de mi nueva novela En cinco minutos levántate María. En esta novela, María, la madre de Gabriel, despierta en la noche, esa misma noche que precede a la mañana en la cual su marido amanecerá muerto, y decide quedarse acostada en la oscuridad, reflexionando sobre su familia. En especial sobre su marido y su hijo Gabriel, ya que le preocupa mucho la relación entre ellos. Esta novela le daría punto final a la aventura de este querido personaje mío Gabriel Reyes (ojo, hay un a novela más, está muy avanzada, pero decidí no seguirla, y es la muerte de Gabriel, a los 74 años. Me asustó una amiga, Elsa Drucaroff, que me preguntó “¿No te da miedo de estar escribiendo tu propia muerte?” Y la verdad me dio miedo, es que no me había puesto a pensar en eso, nada más. Así que decidí dejarla para para mucho más adelante, aunque fue ese el proyecto que presenté a esta beca del DAAD. 40 páginas de esa novela que acompañaron a mis libros publicados). Pero por las dudas... no vaya a se cosa que Elsa termine diciéndome frente al jonca: "Te avisé".

Ahora espero la segunda devolución de mi editora para llegar a la versión definitiva. Mientras empiezo una etapa de dos novelas diferentes, una que sucede en la ciudad de Berlin, y otra en Caracas, Mérida y Londres. La segunda tendrá a un personaje real, conocido al menos en Venezuela, y mucho. Pero nada de eso voy adelantar por ahora, Lola (para los jóvenes, esto significa Lo-Lamento). Con respecto a esta nueva novela, falta un empujoncito más, y listo. El primero de Septiembre estará en las calles, espero que no literalmente, me refiero a que ustedes la lean y la tiren. Espero que eso no, che, es mucho trabajo.

Mientras tanto, en estos días, voy a terminar una entrada potente, de esas que esperan ustedes para nuestro blog. Estoy escribiendo sobre mi experiencia en algunos museos, sobre todo de Berlín. Sobre el profundo desasosiego que me deja en el alma esta obligación de la mayoría de la clase media europea a lanzarse hacia la cultura.
Voy a hablar de mi experiencia con la música Avant-Garde, una palabra que quiere decir algo así como vanguardismo. En la mayoría de los casos musicales ruido=vanguardia, me aburro=soy culto.
Voy a hablar sobre algunos que andan cacareando por ahí, un verdaderos sofistas del oficio (y digo sofistas en el antiguo sentido, peyorativo, que le daba Aristóteles, esté pasado de moda o no). Sobre todo quiero reflexionar sobre lo que ellos dicen, para molestar un poco a esta tibia raza de santurrones de la literatura, que no son más que mentirosos con facilidad de palabra, que hablan con desparpajo y dice que "No leen", como si fueran Fernando Vallejo, que murmuran sus burradas y sus obviedades desde la pequeña tribuna que les da la presentación de un librito, o desde el espacio que los bienvenidos amigos (siempre desparramados por algún que otro medio) le ofrecen en notas y centros culturales. Verdaderos pedantes rechonchos, estupidizados hasta la médula, que quiero desenmascarar. No porque vaya a nombrarlos, eso sería publicitarlos y yo no lo voy a hacer, sino porque voy a dar mi opinión, a tomar algún tema y retorcerlo, a intentar sacarles el jugo a esa naranja seca que tienen por alma, a dejar abiertas las venas para que sangren un poquito, aunque me cueste sangre a mí también. Como diría Tita: "Yo soy así"

Tengo en mente también:
1-Comentar algunos libros que leí últimamente. Malos, buenos, y muy buenos. ¿Les parece?
2-Un adelanto de mi nueva novela también podría ser. ¿Les parece?
3-Un adelanto del disco con Gabo Ferro. ¿Les parece?
4-Publicar un poema


Prometo todo esto en menos de dos semanas.
Un subida tipo Mega-Post. ¿Se dice así?
Prometo y prometo
Cumpliré.
Al menos esta vez
Saludos, pol ramos.

Solución a la taquigrafía involuntaria 2:
El tercer tema
Está medio tono arriba
Me queda alto
Bajalo un poco
Un semi-tono estaría bien

7 mar. 2010

Liliana Heker: la editorial Alfaguara reedita la obra de una escritora fundamental

 Don Juan de la Casa Blanca
Está amaneciendo, pensó con horror; está amaneciendo otra vez. Otro día empezaba y para qué. Para una hora de alegría, un juego, un pequeño y único fragmento de la vida compartido con un hombre que ya no recordaba nada de eso, y que lo volvería trivial, y hasta grotesco, aun si lo recordaba. Lo vio caminar al lado suyo son su ojo tumefacto y sus manchas de sangre seca sobre la camisa blanca, y pensó que unas horas antes había sido hermoso, y había sido feliz. ¿Había sido feliz? Él, no ella, ¿había sido feliz? Un pensamiento cruzó por su cabeza y la llenó de espanto. ¿O era feliz ahora, caminando por vaya a saber dónde y soñando vaya a saber qué, realizando actos que mañana no recordaría, actos que unas horas después lo harían avergonzarse de sí mismo, lo harían despreciarse? Cómo es todo esto, pensó como si rogara. Cómo es.
–¿Qué? –dijo él.
–Nada –dijo ella–. No hablé –aunque en el mismo momento en que lo dijo tuvo la incómoda  sensación de haber estado hablando en voz alta.



 Un poco de mi Liliana Heker
 por Pablo Ramos
I - A la maestra con cariño
Lo dije muchas veces pero lo voy a repetir: la literatura de Liliana Heker es tan importante para mí como la de Arlt, Kafka, Sartre, Pound, Artaud, Castillo, Jobson, Onetti, Beckett, Donleavy, Cary, Chejov, Salinger, Carver, Faulkner, Hemingway, Cheever, y muchos otros. Por suerte muchos. Pero a diferencia de todos los escritores que he leído y que me han marcado profundamente, Liliana Heker (tal vez para este caso en particular, Liliana a secas) es, además, la persona que más ha influido en mi vida, que más directamente se ha involucrado en ella para ayudarme a modificarla, a acomodar la brújula de lo que, en cierto momento, parecía inacomodable.
          Yo no estaría dónde estoy de no haberme cruzado con Liliana, y de ella no haber puesto tanta energía en mí, tanta preocupación, tanto talento. Luego de mi breve paso por el taller de Castillo había caído en un letargo profundo, y si bien sabía que quería escribir podría haberlo postergado indefinidamente. De no haber participado en los talleres de Liliana Heker y de ella no haberme dicho, en el momento preciso, lo que me dijo (ver La anécdota, más abajo), tal vez jamás habría vuelto a intentar la escritura con seriedad. Pero bueno, hay un refrán judío que dice que si la abuela tuviera huevos sería el abuelo. Lo que pasó, pasó; y acá estamos cada uno de nosotros: en el único lugar posible.
         Pero cuando alguien hizo tanto por vos, en un mundo donde la gente hace bastante poco o bastante nada por los demás, el corazón, si está sano, tira. Entonces, ¿cómo hablar de Liliana Heker en este espacio? Bueno, creo que como pueda y con absoluta sinceridad. Porque tengo el privilegio de conocerla y de haber participado por un largo tiempo en sus talleres es que quiero compartirlo, de la misma manera en que lo hice en la entrada anterior.

II- La buena nueva
Se acaban de reeditar sus dos novelas: Zona de Clivaje y El fin de la historia en Alfaguara y Cuentos  en Punto de lectura (Alfaguara bolsillo), por eso es que quiero decirles a los queridos lectores de este blog (que misteriosamente se han multiplicado como chinos) que ésta es una oportunidad enorme de comprar los libros de la Heker y leerlos. O sencillamente de leerlos (entiéndase: robarlos, pedirlos prestados y nunca más devolverlos, combinar con un amigo “yo compro éste, vos aquél y cambiamos”, o decirse: “ya que tengo uno ellos juntando polvo en la biblioteca y nunca se me ocurrió abrirlo, ahora que lo leí en este blog, que es casi como haberlo visto en televisión, lo leo, ¿no?”). Queridos míos: vuelve la oportunidad de disfrutar de punta a punta de una obra descomunal, meterse en las entrañas de los personajes que habitan en sus páginas y que nos van a llevar de la mano a ver las cosas que vemos todos los días como nunca antes las habíamos visto. Hombres talentosos y locos, temerosos y fracasados, tristes y solos. Mujeres intelectuales y duras, o frágiles como el cristal, amas de casa obsesivas y ciegas; mujeres enteras, valientes, que incitan al hombre que tienen al lado a abandonarlas para que puedan cumplir su tan deseado (parloteado) destino, mujeres al límite de la dignidad mientras buscan una llave frente a la puerta de su departamento, o al límite del amor, o al limite de la locura o sencillamente al límite... de la vida. Niñas (es brillante cada vez que la Heker cuenta una historia desde el punto de vista de una niña), que van desde un prodigio de imaginación y ternura (como la Phoebe de Salinger) a la inocente y terriblemente signada hija de la sirvienta de una familia de ricos.
          El ambiente es casi siempre cotidiano y calmo. Un ambiente de supuesta “normalidad” que enseguida pasará a oler raro, y comenzará a desenmascarar la realidad, muchas veces sucia y venenosa, que se esconde detrás de las apariencias. La literatura de Liliana Heker tiene es eso: una mirada sobre algo que uno ve todos los días pero que esa vez (la vez en que se nos cuenta la historia) nos inquieta, no sabemos bien por qué, y entonces lo seguimos mirando, inertes, hasta que un volcán de verdades estalla ante nuestra conciencia estupefacta. Esa posibilidad de adrenalina es lo que muchas veces podemos encontrar en sus historias. Otras veces lo contrario, una ilusión (un cometa, por ejemplo) que parece que sí..., que esta vez..., que allá a lo lejos asoma..., y comienza a diluirse causando una melancolía profunda y bella. Tal vez ese cuento, La noche del cometa, sea una de las metáforas mejor pintadas sobre la aventura humana que alguien pueda encontrar en un libro. Los personajes esperan el paso de un cometa sobre el cielo nocturno y nosotros (lectores) pensamos cuán delgada es la cuerda que nos ata a la vida, cuán débil es nuestra ilusión, qué rápido nos alcanzará la muerte y el olvido. Ese cuento es una obra maestra.
          Otra joya, muy preciada para mí, es la nouvelle incluida en los Cuentos: Don Juan de la Casa Blanca. No es muy común este género en la literatura en español. Don Juan de la Casa Blanca junto con El pozo y Los adioses de Juan Carlos Onetti son muestras magistrales de las posibilidades estéticas del mismo. Sólo haber escrito Don Juan de la Casa Blanca justificaría la vida de un escritor. Pero tranquilos, que hay Heker para rato.

III- Para los que escriben
Amén de disfrutar, lean estos libros tratando de aprender algo sobre el oficio. La literatura de Heker combina dos cosas muy difíciles de combinar: una trama organizada con extrema precisión y un dominio del lenguaje sólo comparable al de los mejores escritores del mundo. Todo se dispone entonces para que el lector quede atrapado en la historia y se regocije a la vez con frases y párrafos perfectos. Frases generalmente largas, de una complejidad difícil de imitar, una escritura envolvente, que asciende en espiral hacia el lugar exacto al que nos quiere llevar, permitiéndonos observar lo que ha pasado desde perspectivas diferentes. Logra que siempre sospechemos lo que vendrá, lo que encontraremos allá arriba cuando lleguemos, si es que hemos de llegar. Esa manera de entender la escritura es muy poco común, sencillamente porque pocos entienden la escritura de esa manera y muy pocos podrían abordarla con tanta maestría. El resultado generalmente es, más en las novelas que en los cuentos, un ritmo de alientos largos, que avanza sumergiéndose y sumergiendo al lector bajo el conflicto, saliendo a tomar aire justo a tiempo, cada vez: el tiempo estrictamente necesario para uno respire y vuelva a sumergirse por voluntad propia.
          Verifiquen que jamás en su narrativa se traiciona ese pacto sagrado Escritor-Lector. Y se cumple perfectamente lo que dijo Jean-Paul Sartre: “La literatura es el ejercicio de una libertad sobre otra libertad” Donde la mayoría de los escritores se toman “Libertades” (no es lo mismo gato montés...) olvidándose del lector, Liliana Heker hace literatura, ejercita su libertad y deja el espacio necesario para que nosotros (lectores), ejercitemos la nuestra.
          Lean avivados. Lean y re-lean los mejores párrafos (los que ustedes consideren mejores) y analicen cómo lo hace. También analicen su finísimo sentido del humor, su ironía, en fin, su poética. Tal vez se les encienda una luz. Y si algo les gusta mucho: cópienlo. Si lo hacen con honestidad, no hay peligro de que se conviertan en una fotocopia, seguramente saldrá algo independiente y nuevo, hay muchos ejemplos notables en la historia de la literatura. Yo la leí con mucha atención, y la imito en lugares que nadie podría reconocer, porque son lugares secretos del alma.

IV- La anécdota
Durante los cuatro años que participé en su taller, Liliana dio a mares su energía creativa en cada martes de lectura. La dio sin medir. Tanto, que el precio que pagó por ese amor fue postergar su propia escritura. Aquellos que se debaten en cuestiones tan inútiles como si los talleres sirven o no de algo, no entienden (o al menos nunca enfocan hacia ahí su “debatirse”) que en un taller como el de Liliana Heker el resultado era positivo desde el vamos, siempre, o casi siempre. Porque la metodología obligaba a pensar en literatura, y lo que es mejor aún, obligaba a pensar a secas.
          Durante el tiempo en que escribí algunos de los cuentos de Cuando lo peor haya pasado, estuve internado en una fundación para adictos en San Isidro, y logré, no sé cómo, que me dejaran salir cada martes para ir a su taller en San Telmo. La condición que me impusieron fue ir acompañado de otro de los internados: el Gitano, no el de La ley de la ferocidad (ése no existe), pero más o menos. Ernesto, el marido de Liliana, le cedía su estudio para que el pibe me esperara ahí. Yo estaba nervioso, pensaba que mientras todos leíamos nuestros cuentos el Gitano se llenaba los bolsillos con las pertenencias de Ernesto, no porque fuera un mal tipo, sino porque tenía un historial largo de ladrón, recuperado sí, pero uno nunca sabe. Y alguna que otra vez falté por miedo o por vergüenza de hacer tanta historia para participar en el taller. Liliana me había dicho una o dos veces que confiaba en mí, que yo tenía talento. Hasta lo había dicho en una revista: era la primera vez que alguien me nombraba en una revista. A mí me estaba haciendo bien ir esos martes, me estaba ayudando a encontrar mucho más rápidamente mis limitaciones narrativas, no sólo con el lenguaje, si no con lo que yo esperaba de la escritura. Entre los compañeros que más recuerdo estaban: la maravillosa Inés Garland, Ezequiel Sirlin (el mismo que mandara mis cuentos al Casa de las Américas), Diego Golombek, Alejandro Torun (Cuate guatemalteco), Romina Doval, Daniel Álvarez, Alejandra Laurencich, Samantha Schweblin, Carlos Carusi, Anibal Morixe, Azucena Galettini y Gerardo Quiros. Algunos hoy conocidos, otros no, pero todos muy buenos escritores y unos críticos implacables.
          En uno de esos martes leí Todo puede suceder, que para todos mis compañeros sigue siendo El cuento del zapato. Alargado, envilecido de pretensiones, pero ya transpirando la misma verdad que había encontrado en el taller de Castillo (ver entrada anterior). La ronda de críticas fue terrible, me dieron duro y parejo, argumentando con acierto, metiendo los dedos en la llaga una y otra vez. Por último llegó la crítica de Liliana. Yo temblaba doble, por la crítica de ella que se venía en esa habitación, y por el Gitano en la otra. Pero empezó suave (una de las pocas veces) y me dijo que ahí, ahora sí, había un cuento brillante, pero que tenía que decidirme a ir en busca de él. Luego se detuvo a analizar cada detalle del cuento desde una perspectiva que en un principio me pareció casi la misma que la de mis compañeros, sutilmente distinta, en realidad. Yo no anoté nada, nunca anotaba nada, tan sólo la escuché y días más tarde, en la tranquilidad del domingo cuando en el internado me dejaban meterme en un altillo con la máquina de escribir, descubrí que había dado el salto, el más grande de todos: por fin la entendía, por fin sabía exactamente a lo que Liliana se refería cuando hablaba del cuento. Claro, me había dicho un cosita que yo había pasdo por alto: "Tu personaje hace muchas cosas antes de encontrar el zapato" Parece una tontería, pero no hay nada más difícil que encontrar la punta del ovillo, y una vez que la encontramos... Hoy mismo creo que hasta dónde lo sabe casi cualquiera, desde dónde es otro cantar.
          Tanto es así que ese cuento se dividió en tres (hoy lo pueden ver en mi libro como Todo puede suceder, Tal vez algún día, Un relato constante). En los martes sucesivos me sentí como más grande, más seguro, y le tomé confianza al asunto. Aprendí a escuchar, mejoré el oído literario. Hasta que entendí lo que es un cuento, cómo debe buscarse, qué es lo que hay que tener en mente y cómo alinear lo que uno tiene en mente con el cuerpo y el alma del personaje principal. Descubrí también que la mirada de la maestra que teníamos se distanciaba un abismo de la mirada, más común y corriente, que podíamos tener mis compañeros y yo. Es muy posible que en La arquitectura de la mentira, publique esas viejas versiones de mi cuento y rescate de mi memoria, lo mejor que pueda, mucho de lo que me dijo Liliana.
          Pero esto sigue: cuando todos nos íbamos me pidió que me quedase cinco minutos a solas, bueno, con el Gitano esperando, podrido pobre, en el estudio de Ernesto (y sin afanarse nada, santo mío) y fue que me lo dijo: “No voy a repetirte más, ni una vez más, que tenés talento. Pero lo que quiero decirte es que el talento no alcanza, que tenés que darte cuenta de que la literatura es fundamental para vos, y de que tal vez exista una posibilidad, siempre mínima, de que vos seas fundamental para la literatura.” Supongo que el empujón habrá tenido la intención de que yo dejara de faltar, y entendí sus palabras como un: “Tratá de venir cada martes, tratá de hacer de éste tu espacio sagrado”.

V- En concreto
Si alguien me desafiara a condensar en pocas palabras cuál fue mi aprendizaje en el taller de Liliana Heker, yo diría lo siguiente: aprendí a entender lo que busco en un texto literario y a ir por ello sin más, y aprendí que buscar eso, que pocas veces se me revela y que tanto esfuerzo y frustración puede causarme, es lo que vine a hacer en la vida.
          Alberto Ginastera recomendaba que, en un principio, es bueno elegir un maestro y tenerlo allá arriba como algo inalcanzable. Yo elegí a Liliana Heker porque admiro profundamente su literatura y porque admiro profundamente su honestidad intelectual. Porque entre los ruidos de un edificio social que se desmorona, que se sigue desmoronando, querido Roberto, por suerte hay escritores que aún tienen la contundencia y la calidad de un cross a la mandíbula.