UNA ENTREVISTA AL ESCRITOR PABLO RAMOS

Yo busco a Dios, la eternidad. Todo cuando escribo. Los grandes temas.  Una fórmula bien escrita me daría más prensa en Frankfurt. Pero esos no son artistas. Son operadores culturales.

por Matías Cambiaggi

Pablo Ramos es el Gran Pez. Un tipo con una sed increíble y mil historias por contar. Exploró de distintas formas los bordes del mundo y en algún momento decidió volver para contarlo. Desde ahí nunca dejó de escribir, pero tampoco de viajar, disfrutando y padeciendo los extravíos de sus búsquedas. Ramos, es uno de los grandes escritores de estos tiempos y de todos los otros, y es también un músico enorme por descubrir. Pero lo que más lo distingue es su compromiso. Con su escritura, con sus ideas y con sus amigos. No es poco. Todo lo contrario. Es la base de su escritura y la referencia obligada para salvarnos del incendio que algún día barrerá toda la basura escrita y dicha sólo por decir. Sólo por escribir.
Colonia Vela para su nùmero 4 “Te Cura Te Mata” lo entrevistó en su casa, entre libros, guitarras y máquinas de escribir. Con ustedes Pablo Ramos, el Gran Pez.
“¿Vos leíste El pasado? Me dio un escalofrío como cuando un chorro (repite: ¡un chorro!) te pone el arma en el costado para robar. ¡Alan Pauls! ¿Quién es?, ¿Micky Vainilla? Negro esto es horrible cuidado no le creas nada a nadie”.
-Vos no estás dentro del circuito de los que se pasean por las fiestas y encuentros.
-Todos los días me invitan. No voy a la Feria del Libro. No voy al FILBA. Mirá el otro día me dejan un mensaje: ‘Hola Pablo, soy de Ñ. Tenés que escribirme para pasar 3.500 caracteres sobre el fenómeno Maravilla Martínez’. Primer respuesta mía: ¿Qué hacés? Con todo respeto…¿tengo que escribirte?, ¿por qué? –Bueno Ñ… Te sacamos un cuento… –No. Mirá a partir de ahora no me saquen más nada. Yo no tengo que escribirte nada. Cualquier cosa llamame por teléfono. Pedímelo bien y tal vez, escriba.
¿Qué pasó con el escritor? Están comprados viste. Están metidos en escribir por encargo boludeces. Yo voy a ser odiado toda la vida, porque digo lo que pienso. Y lo que pienso es que no los aguanto. En el medio hay gente muy buena. Pero la mayoría no tienen idea de lo que es la literatura.
- ¿La literatura te cura o te mata?
- No sé si tanto. Con todo esto yo creo que me voy a desaparecer. Si tuviera que elegir algo yo creo que después de que le compre la casa a mi mamá y a mis hijos largo todo y me dedico a vivir en el mundo que a mí me interesa que es el de los libros y la música. Es lo único que me interesa de la vida. De hecho lo que más me interesa es la música.
Pero la literatura que me cura es la que leí. Muchísimo. Mi escritura no es literatura para mí. Mi escritura es la elaboración y concepción profunda del ser aqueropoético que yo pretendo ser. Yo soy místico. Soy católico. Soy peronista. El peronismo es una forma de misticismo. Es un movimiento. ¿Hacia dónde? Nadie sabe. Izquierda, derecha, cualquier cosa entra. Entra Duhalde, entra Néstor. Entran todos. Entro yo que no entiendo nada. Pero yo sueño con sonidos, con acordes. Tengo que tener un piano, guitarras desenfundadas. De la misma manera armo una historia. Porque eso es ser católico. Es una búsqueda desesperada, la búsqueda espiritual. Yo me imagino a Cristo como un drogadicto, como un sexópata, chupapijas, cojeculos. ¿Porque qué camino vas a seguir? ¿El de la oración? Eso es absurdo. Los pecados capitales los inventaron los gnósticos para pecar, para caer, para entender, para experimentar. John Cheever es el ejemplo. Para mí es el máximo escritor de la literatura de todos los tiempos y es eso. Católico, bisexual, drogadicto, alcohólico. ¿Cómo hablar de esa sed de alcohol que se despierta a las once de la mañana y a las doce ya es incontrolable? ¿Qué es eso? ¿Qué me pasa a mi? Yo estoy cansado de hacer tratamientos para dejar la droga y ¿sabés qué hago? Le rezo a la virgen para decirle: sacamelá. Y me dicen pero Pablo ¿otra vez? Tenés todo. ¿Qué todo? Yo no tengo nada. Yo tuve todo siempre. ¿Qué te pensás que necesité hacer como Terranova y escribir un libro para cogerme una mina?
Yo creo que si tuviera que volver a nacer y tuviera que decidir qué hacer, yo escribiría. Me parece una condición natural mía. No una profesión. Yo escribía desde pendejo. Lo que pasa es que laburo desde los 9 años y me empecé a dedicar en serio cuando cumplí el objetivo de la casa. Yo le tengo mucho miedo a estar en la calle. Y en mi casa me siento refugiado. Tuve la suerte de que la cosa se me dio.
- ¿Qué pensás sobre las granjas para recuperar adicciones?
- Tengo una opinión sobre las adicciones. Al que le está yendo mal, si paró por cualquier método lo felicito. Un amigo estaba fumando cuarenta pacos por día. Estaba con vergüenza, me dice mirá loco que vas a pensar me hice evangelista. Le dije, te voy a decir lo que pienso: seguí yendo. Porque estabas matando a tu mamá, a tus hijos.
Hay un momento que es tan desesperante. Yo no entro a ningún lado. Todos me los cuestiono y acá estoy, pero mi adicción no me está llevando a ningunos fondos. Yo pienso que todo puede servir. Los únicos que no pueden recuperar a nadie son los psicoanalistas.
Mirá hay un método californiano de unas fundaciones que son muy buenas que derivan de NA (Narcóticos Anónimos) donde yo estuve el último tiempo, que son lugares cerrados pero con las puertas abiertas. A la noche se cierra, pero está el consejero y si te querés ir te dice: -escuchame tomate un café, esperá hasta mañana. –No, pero yo… -Escuchá, vos te querés ir a ver al puntero. Bancá. Tomate un café.
Ese método es bastante efectivo, ahora yo no creo como Narcóticos Anónimos que la adicción sea una enfermedad o en todo caso es una enfermedad ficticia. Yo estoy escribiendo un libro sobre adictos en recuperación: Hasta que puedas quererte solo. El prólogo lo publiqué en el blog. Un adicto que no consume por un día es un milagro. Yo soy un milagro cuando no consumo por un día. Entonces ¿cuestionar desde dónde?, ¿Desde afuera? Es medio imposible. Uno cuando está tan vencido por las drogas busca el mal menor. Uno se siente un deficiente moral. Una mala persona, que le va a hacer mal a los hijos. Yo si alguien está mal en serio le recomiendo Narcóticos Anónimos. Los tildan de moralistas, pero pará, yo estuve ahí y es contención. Ahí sí parando de consumir, vas a un psicoanalista. Porque es verdad que es un síntoma el consumo. Lo que pasa es que es devastador ese síntoma. A nivel social, a nivel económico y yo estoy hablando de algo así como una sutil locura que hay en la cabeza del alcohólico o del adicto.
A mi me dio vuelta la cabeza un tipo en la cárcel. Carlos era un fenómeno. Ahora murió. Yo tomaba alpiste, lo que pintaba. Me inyectaba el alpiste. Y yo le decía al viejo, yo consumo porque estoy acá adentro, porque no tengo familia, porque no tengo trabajo y el viejo decía no. Vos estás acá adentro porque consumís. No tenés trabajo porque consumís. Vas al revés me dice. ¿Te das cuenta de que estás loco? Eso fue muy fuerte para mí. Entender cómo la interpretación de los hechos te puede cambiar la vida? Ahí entendí que escribir está bueno. Porque eso que me hizo el viejo fue una corrección literaria. Un cambio del orden de los factores que altera el producto. Y el producto soy yo. La literatura soy yo. Por eso amo el realismo místico, como le digo yo, porque me permite elaborar y cambiar esas cosas. Mi vida, la vida de los demás. Me gusta la literatura fantástica, pero la realidad es fantástica también.
-Hay una insistencia en muchas entrevistas sobre la primera persona de tus historias. Una obsesión por ver cuanto hay de Pablo en Gabriel. ¿Qué pensás que buscan?
-Cargarme la cruz a mí. Estar un poco más tranquilos. Que Gabriel sea Gabriel les carga la cruz a ellos. Los escritores para decir uy le pasó, mirá es fácil de escribir. No entienden nada. En el último libro Gabriel cumple 65 años, yo tengo 46. No entendieron nada.
-¿Si fuera algo que te pasó por qué tendría que ser menos literatura?
-Es que si es literatura o no ¿a mí qué carajo me importa? Yo hoy no leo ficción. Leo biografías.
-¿Qué pensás del “boom de la crónica o del periodismo narrativo”?
- Y hay buenos, ¿no? (Cristian) Alarcón era un chupamedias de Lanata y de Caparrós. Hay crónicas que están buenas. Escribió sobre la Isla Maciel, pero yo nací en la Isla Maciel y la verdad es que me parece un poco fácil esa mirada. Es muy buen escritor pero prefiero a la piba esa de Los suicidas del fin del mundo (Leila Guerriero) que se metió en un tema más complejo. Vos decís, ¿qué vas a buscar ahí? Las crónicas de este pibe están buenas pero no dista mucho de otras cosas: ¡Uy mirá están tirando con una 45!.
-¿No ves que en todo esto hay sobre todo una búsqueda de experiencias reales? Porque en tus libros Gabriel no es Pablo, pero están las coordenadas de Pablo.
-Exacto. Está la búsqueda profunda de lo que soy. Como en María está la búsqueda de lo que es una madre o de qué soy yo como mujer. Mi literatura es potente y se basa en la honestidad. El que no vea el trabajo del lenguaje no entendió nada. La Ley de la ferocidad es una novela en la que la aventura principal es la del lenguaje. El hombre que lo vive no es el hombre que lo escribe pero va a comenzar a transformarse cuando empiece a escribir y va a transformarse en él cuando lo escriba. Por el hecho de escribir. “Yo soy el hombre que escribe, pero aún no lo sabía”. Es increíble el laburo que le di a la estructura de esa novela. El lenguaje, la poesía. Una poética dura, efectiva, profunda. Y hay gente que dice: bueno me levanto, voy a la heladera…ya está escribo como Pablo Ramos. Bueno no entendió nada. Está esa gente, pero también están Los Tipitos por ejemplo, que hicieron ese tema de La Ley de la ferocidad. Yo prefiero que me lean esos locos. Cada vez que conozco a mis lectores me siento contento con lo que hago. Todos son más inteligentes que yo.
-Es muy interesante también el manejo del humor en ese libro.
-Yo creo que el humor en literatura es el último peldaño antes de la desesperación. Es terminar de reírte para decir de qué carajo me estoy riendo. Es como salir de un laberinto por arriba. Yo tengo que escribir. El mejor piropo me lo dio Liliana Heker. Me dijo: “no podías no haber escrito esta novela”. Y yo me sentí conforme. Dice John Gardner: “en el constante leer lo que escribí, encontrar lo que quiero escribir”. Y yo le agregaría una pata moral: en el constante leer lo que quise escribir, encontrar lo que debo escribir. ¿Existe una moral del lenguaje? ¿Cuál es? ¿Puedo escribir como Alan Pauls? Un tipo como Guillermo Martínez, paseando con sus dos perritos… ¿Adónde vas? El ego te está matando. Donde van se llevan un espejo.
-Vos hablás del compromiso…
-Sí, pero conmigo. Mirá yo escribo en esa maquina de escribir. Un día puse una hoja en la maquina y arranqué, ahora ¿qué hago con eso? ¿Me jacto de un don que me fue dado? ¿Qué hice yo para poner una hoja en la máquina de escribir y que las cosas salgan? Carver lo dice: yo no estoy orgulloso de ser escritor. Estoy orgulloso de haber dejado de tomar. Entonces yo estoy orgulloso de lo que hago con eso que me fue dado. Eso solamente lo podés ver si tenés una visión trascendente de la vida. Yo busco a Dios, la eternidad. Todo cuando escribo. Los grandes temas. Lo que pasa es que una fórmula bien escrita me daría más prensa en Frankfurt. Pero esos no son artistas. Son operadores culturales.
Yo sé que soy una pequeña tempestad. Intenté en un momento relacionarme, pensando hasta que se iban a poner contentos de que escriba bien. Cuando alguien escribe bien salto en una pata. Pero ellos no sienten lo mismo. ¿Sabés qué pasa? En la música es distinto. Agarrás la viola, pelás y listo. En esto en cambio hay mucho chamuyo.
Por eso ya no miro más nada. Me rayé. Casi ni doy entrevistas. Porque mi sensibilidad es extrema. Porque me sostengo apenas. Mi vida es un desastre fuera de lo que hago. Fuera de tocar y escribir.
Me invitaron a un encuentro en Barcelona, una semana en Palma de Mallorca, yo era el invitado principal. Estoy por viajar, ya con el pasaje, me llaman y me dicen: Ahora te tenemos que mandar la carta original para que puedas entrar. – ¿Qué carta?, le digo –No, es que no están dejando entrar a los argentinos. –Pero yo soy argentino. –Bueno Pablo pero entendé… -No, no entiendo nada. Yo no voy. Yo soy escritor de este país. De este pueblo, de acá. Donde no puede entrar mi vieja yo no voy.
Ese es mi compromiso como hombre. Y de alguna manera eso se transpira en lo que yo escribo. Mi lector lo sabe y el amor de esa gente para mí no tiene precio.
*Pablo Ramos es autor de los libros: Lo pasado pisado, El origen de la tristeza, Cuando lo peor haya pasado, La Ley de la ferocidad, En cinco minutos levántate María y El camino de la luna. Grabó un disco con Gabo Ferro, El hambre y las ganas de comer y está tocando por todos lados junto a su banda Los Analfabetos

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